lunes, 18 de mayo de 2026

las pasiones

 

Su raíz, griega, proviene de padecimiento, sufrimiento, martirio. Las pasiones son negativas. Contra la frase haz lo que te apasiona.

¿Qué son los trastornos emocionales?

Es una etiqueta que se refiere a problemas asociados habitualmente con el miedo, ansiedad o temor) a la tristeza o melancolía depresión. Las emociones están relacionadas a un amplio número de trastornos sociales, así, la vergüenza puede estar relacionada con problemas de relacionarse o sociales. La ira con asuntos destructivos o de control de impulsos.

Cuando se trata de huir del malestar se va del lado adictivo o de abuso de drogas. Las emociones que sentimos desagradables son un poderoso motivo para que hagamos todo lo posible para reducir el malestar. En realidad, sentir todas las emociones o sentimientos es parte de lo que somos, no son trastornos al menos que estas empiecen a interferir en nuestras actividades cotidianas, en nuestros proyectos y no podemos llevar la rienda de nuestras vidas. La película TOC TOC es un claro ejemplo de este tipo de trastornos.

 

 

AVARICIA

Representa el exceso de ambición, implica una insatisfacción con lo que uno ya tiene, un avaro le es imposible compartir y cae en la tacañería, la traición, el engaño, la manipulación y la deslealtad, ya que solo busca el bien personal. Se desboca en la ansiedad de acumular hasta tal punto de conceder mayor importancia a los bienes materiales que a la conexión con uno mismo, a la pareja, a los hijos,

 

 

ENVIDIA.

Del latín invidia, es el deseo de obtener algo que posee otra persona y que uno carece. Se trata, por tanto, del pesar, la tristeza o el malestar por el bien ajeno. En este sentido, la envidia constituye el resentimiento (el sujeto no quiere mejorar su posición, sino que desea que al otro le vaya peor).

A lo largo de la historia, la envidia ha estado muy presente en diversas culturas. Una muestra de ello es en la cultura griega y romana, que apostaron incluso por hacer muy presente en sus diversas obras artísticas, llegando a representar como una anguila o bien como la cabeza de una mujer llena de serpientes. Tan mal la consideraban los griegos que utilizaban la expresión “mal ojo” para poder definirla, y tan poderosa la consideraban que intentaban proteger a sus hijos de aquella y lo hacían aplicándoles en la frente el lodo que se encontraba en el fondo de los baños. Actualmente todavía sigue siendo una preocupación el que una persona pueda hacerle daño a otra, que se hacen amuletos para espantarla.

El catolicismo considera la envidia como uno de los siete pecados, ya que supone la fuente de otros pecados, pues el envidioso desea tener algo a costa de privar a otra persona de dicha posesión. La envidia puede surgir cuando hay una escasez de objetos materiales o cuando dichos son muy difíciles de obtener. Por lo tanto, quienes los poseen son envidiados por los demás.

Por ejemplo: “Tengo un coche de lujo y una mansión en la playa, ya sé que soy la envidia de mucha gente”“Me mata la envidia de saber que Jorge se pudo comprar una casa nueva y yo todavía tengo que alquilar”.

Esta doble condición de desear algo que no se tiene y pretender obtenerlo a partir de lo que otro tiene hace que la envidia cause infelicidad y dolor a aquel que experimenta en sentimiento. El envidioso no se conforma con obtener algo, sino que quieres producir el mal a la persona que él le tiene envidia.

En un terreno disfuncional, deseamos ser mejores que la otra persona o deseamos arruinar la posición de ventaja del otro.  “Querido Santa: No me hagas bajar de peso, pero has que mis amigas se vuelvan gordas”.

Cuando experimentamos envidia nuestro cuerpo genera: resentimiento, rabia, rencor, represión de pensamientos y resistencia a cambiar nuestros paradigmas, con ello en el torrente sanguíneo circula una hormona corrosiva, conocida como cortisol, la hormona del estrés.

Porque al compararnos socialmente con otros surgen nuestras deficiencias o carencias pues siempre hay alguien mejor que nosotros. Así, socialmente la llamada envidia “de la buena”, sería lo mismo que la “envidia de la mala”, pues en esencia se trata de una conducta negativa. ¿Podría ser la envidia una generadora de superación?

Se podría decir, que sería importante identificar qué tipo de sentimiento se tiene, por ejemplo, si tú ves que alguien se saca un premio, tú dices ojalá y yo me sacara "también" uno, estas deseando tenerlo también, pero sin quitarle a la otra persona. Cuando una persona envidia a otra es porque quiere lo que el otro tiene, pero no desea el mal a esa persona. Envidiar es solo querer tener lo mismo que tiene el otro y no necesariamente desearle el mal por ser el poseedor de nuestro deseo, en ese caso podría ser peor la avaricia o codicia. 

Según Parrot (1991) durante un episodio de envidia se presentan las siguientes características:

1.      Deseo por lo que la otra persona tiene, deseo frustrado,

2.      Inferioridad: tristeza de las propias carencias o de la inferioridad en relación con la persona envidiada; angustia por el estatus propio; desesperación ante la posibilidad de no tener lo que la persona envidiada tiene,

3.      Resentimiento enfocado sobre el agente: resentimiento hacia una persona o un grupo específico; desagrado por su superioridad; enojo y odio hacia los que se suponen responsables;

4.      Resentimiento global ante la injusticia de las circunstancias o el destino;

5.      Culpa por sentir mala voluntad hacia el envidiado; creer que sentir rencores es incorrecto, y

6.      Admiración, emulación del envidiado o identificación con el envidiado.

Sugerencias para el cambio

Si yo siento ENVIDIA, podré ser consciente que estoy TRISTE porque no tengo algo que DESEO y que me produce DOLOR.

Aprende a vivir y disfrutar lo que quieres y tienes.

Reconoce que los logros de los demás generalmente son producto de su esfuerzo, aunque existan personas que obtienen más fácilmente sus satisfacciones y sus metas, cada uno de nosotros es distinto y necesitas trabajar por las tuyas.

Aprende de los otros cuando nos muestran sus aspectos negativos, pues es probable que en el fondo nos sirvan de espejo y también tengamos esos rasgos.

La intolerancia.

Pereza

Soberbia.

CELOS.

Sospecha, inquietud, recelo, desconfianza, aprensión, pasión.

El amor fatuo es una atracción sexual y un compromiso con el otro, sin una cercanía emocional significativa. Es un amor puramente sexual, físico. Esto no quiere decir que este amor sea “inferior”; es meramente una manifestación diferente del amor.

Exploramos el eros como un concepto ‘evolutivo’ del amor. Inicialmente capturado por la belleza física de un individuo, el eros luego se convierte en un anhelo de comprender la verdadera naturaleza de la belleza, de explorar el amor del individuo independientemente de su belleza física. Sin embargo, La infatuación define un estado emocional caracterizado por el dejarse llevar por una pasión irracional, especialmente por un amor adictivo hacia alguien y está caracterizada por: urgencia, intensidad, deseo sexual y/o ansiedad, donde hay una extrema absorción del uno con el otro. Estos tienen que ver con un fuerte sentido de propiedad, el sentir que las otras personas nos pertenecen, en especial la pareja y los hijos. Tienen un componente machista donde los celos son un medio de control

En algunos casos se menciona que si no hay celos en una relación no hay verdadero amor.

Por ejemplo, el hombre que no finge por lo menos sentirlos, y no se comporta lastimosamente como si en verdad los sintiese, es desdeñado e insultado. Muchos hombres han asesinado, escandalizado destruido sus hogares porque la sociedad conspiro para conducirlos a esa conducta tan desdichada. La moral celosa no es considerada igual entre las clases sociales, por ejemplo, en la parte elegante, un marido celoso es considerado un patán, en otras el marido que no es celoso y que no ataca a su rival con los puños es considerado un cornudo ridículo, despreciable y cobarde.

Dentro de esa posesividad, el hombre machista tiende a hacer prohibiciones a su pareja, que, por miedo a perderla, no le permite ver a sus amistades. Bajo el supuesto, tengo que cuidarte por que te amo. Tiende a controlar todos sus movimientos, saber dónde está, con quien bajo la idea de brindar un cuidado por si algo le pudiera pasar.

en ciertos casos, el hombre machista a través de los celos es un hombre controlador, en caso contrario, la mujer puede sentir celos al sentir que pierde su sustento económico. 

Puede asociarse con angustia y a menudo desembocar en enojo expresado o contenido. 

Los celos suelen afectar la relación con la otra persona y poco a poco van alterando la autoestima. Si logramos controlarlos, pueden motivar el mejoramiento de las relaciones.

Suelen presentarse cuando sentimos amenazada nuestra relación con otra persona, la cual puede ser de amistad, de amor, de pareja, familiar, laboral o de cualquier otro tipo; percibimos que puede quebrantarse o incluso acabar.  Estos tienen que ver con un fuerte sentido de propiedad, sentir que nos pertenecen las otras personas, en especial, los hijos y la pareja.

Las pasiones nacen a partir de los primeros vínculos del bebé con la madre o cuidador primario, con el padre y, luego, con los hermanos. En la teoría psicoanalítica, Freud consideró como central en la estructuración del funcionamiento psíquico y la orientación del deseo humano algo que denominó complejo de Edipo. Se trata del conjunto de los deseos sexuales, amorosos y hostiles del niño y de la niña hacia ambos padres; es una de las manifestaciones de la noción de bisexualidad psíquica. Anhelan, por ejemplo, poseer a mamá de manera exclusiva mientras papá está ocupado en otra parte, o bien, reemplazar a mamá al lado de papá. Construyen fantasías en las que, algún día, se casarán con uno de sus progenitores, mientras que el otro no estará en escena. Asimismo, nacen sentimientos de amor y rivalidad entre hermanos para capturar la atención y el cariño de los padres. En el mismo periodo, los infantes tienen mucha curiosidad acerca de qué hacen los padres juntos en el dormitorio y de cómo nacen los bebés. El complejo de Edipo culmina entre los tres y los cinco años. Sin embargo, la satisfacción de los deseos incestuosos está siendo prohibida. Debido a la amenaza de un castigo (castración o pérdida de amor), el niño y la niña renuncian a sus deseos sexuales hacia los padres alrededor del sexto año de vida, a cambio de una identificación con ellos: es la famosa represión de la sexualidad infantil.

La situación edípica es, entonces, la matriz en la que se originan el deseo sexual, los celos, la rivalidad, el deseo de poseer de manera exclusiva, la desconfianza, la culpa, así como la pasión por investigar y conocer. Además, la relación triangular edípica en la que dos están juntos y un tercero excluido se repetirá a lo largo de la vida: niño-madre-hermano, niño-madre-trabajo, dos colegas de trabajo y su jefe, esposo-esposa-amante, etcétera.

Después de Freud se amplió la importancia atribuida al vínculo temprano entre la madre y el bebé. Se trata de un vínculo diádico —a diferencia de la estructura triangular propia del complejo de Edipo— muy intenso, porque madre y bebé son todo uno para el otro. La madre introduce al bebé al mundo de las pasiones a través de su propia pasión maternal. A partir de allí nace en el niño pequeño el amor de sí mismo, llamado narcisismo. Es una experiencia fundamental porque permite la separación y diferenciación primarias con el objeto mamá. Las vicisitudes de esa etapa temprana de la vida constituyen la cuna de otras pasiones, como los avatares del amor narcisista, la vergüenza, la rabia, el odio y la destructividad, tanto del otro como de sí mismo. Hablaremos más de ellas en el próximo artículo.

En el Diplomado Psicología de las pasiones humanas: celos, rivalidad, posesividad, amores edípicos describiremos las pasiones centrales del ser humano con ilustraciones clínicas, novelescas y cinematográficas. Además, trataremos de entender cómo y cuándo surgen, cómo se desarrollan y manifiestan, por qué se desbordan, cuándo llegan a ser fuentes de dolor mental, qué pasa cuando no están presentes y cómo pueden elaborarse.

 

Desde el pensamiento psicoanalítico, es posible ampliar y dar profundidad a estas ideas. Sigmund Freud (2013/1905) propuso que todos enfrentamos un conflicto, al cual lo llamó “conflicto neurótico”, y en éste las pasiones son centrales. Freud descubrió que los deseos y las exigencias infantiles nunca se van, sino que se mantienen a lo largo de nuestra vida, buscando la manera de ser saciadas.

Cuando se trata de huir del malestar se va del lado adictivo o de abuso de drogas. Las emociones que sentimos desagradables son un poderoso motivo para que hagamos todo lo posible para reducir el malestar. En realidad, sentir todas las emociones o sentimientos es parte de lo que somos, no son trastornos al menos que estas empiecen a interferir en nuestras actividades cotidianas, en nuestros proyectos y no podemos llevar la rienda de nuestras vidas. La película TOC TOC es un claro ejemplo de este tipo de trastornos.

 

Son aquellos sentimientos negativos que dominan al ser humano.

Puede asociarse con angustia y a menudo desembocar en enojo expresado o contenido. 

Los celos suelen afectar la relación con la otra persona y poco a poco van alterando la autoestima. Si logramos controlarlos, pueden motivar el mejoramiento de las relaciones. 

 

 

ORGULLO- SOBERBIA- HUMILDAD.

 La palabra orgullo puede tener una connotación positiva o negativa en función del contexto y del sentimiento que representa. Es un término despectivo cuando se refiere a un sentimiento excesivo de satisfacción que una persona tiene de sí mismo, de acuerdo con sus características, cualidades y acciones. Una persona orgullosa muestra soberbia, altivez, vanidad, arrogancia, e incluso puede mostrar un desprecio hacia otras personas. En este caso, el antónimo del orgullo es la humildad. Las manifestaciones del orgullo son típicas como la rebeldía, el autoritarismo, la envidia, la crítica, el malhumor, el enfado, la arrogancia, etc.

Cuando el orgullo se refiere a la dignidad de una persona, o a la estima apropiada de sí mismo, o al sentimiento positivo hacia otra persona, el orgullo es un sentimiento positivo.

Cuando alguien experimenta algún tipo de fracaso o es humillado, es normal decir que el orgullo de esta persona está herido.

El orgullo también puede entenderse como la autoafirmación y reivindicación de lo que uno es y del grupo o colectivo al que se pertenece. En este sentido, se puede hablar de orgullo nacional, orgullo racial orgullo LGBT (de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales).

 

Exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás.

"los hijos, a los que entregó su vida, ahora la pagan con ingratitud, desatención y orgullo"

Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio.

"el hasta ayer director se despidió en un sencillo acto en el que expresó su orgullo por haber presidido el hospital"

 

 LA CULPA.

 

El sentimiento de culpa: es una emoción un poco comprendida. Su lado positivo es que nos lleva a corregir nuestros actos. Nos sentimos mal por algo que hicimos y quisiéramos no volver a repetirlo.

El lado negativo es que puede paralizar con sentimientos tan abrumadores de vergüenza y falta de aceptación que se deja de funcionar como un ser humano adaptado.

La culpa positiva conduce al cambio, es como una medicina, te cura para que puedas seguir viviendo con mayor consciencia y autocontrol la negativa provoca el odio personal y hacia los que se encuentran en nuestro entorno. Es bueno sentir un poco de culpa si se hace algo que dañe o lastime a alguien, es una forma de tener autocritica y tal vez de enmendar ciertos comportamientos. Es incorrecto sentirse culpable por el resto de la vida cuando se genera una desaprobación. A veces se siente la culpa por algo que no hicimos directamente, pero creemos que fue por algo que hicimos, como ejemplo, cuando presentamos a una persona con alguien de confianza y esta abusa de los otros.

 

Expresar mejor tus emociones

Algunas personas no saben cómo expresar sus emociones correctamente o tienen problemas para expresarlas por algunos de los motivos mencionados antes. Un error bastante común consiste en pesar que solo tienes dos opciones: o expresas tus emociones totalmente o las reprimes. Sin embargo, tienes varias opciones entre las que elegir, tanto en el modo de expresarlas como en su intensidad.

Puedes expresar una emoción mediante palabras, como decirle a alguien que le amas, pero también mediante conductas (como dejarle una nota adhesiva con un corazón dibujado) y también puedes expresarlas mediante el arte, el baile, etc. Por ejemplo, puedes hacer un dibujo que represente lo que sientes en tu relación de pareja. Si alguien te ha hecho un favor, puedes mostrarle tu agradecimiento con palabras, pero también con un obsequio o devolviéndole el favor.

Para algunas personas resulta especialmente difícil expresar sus emociones mediante palabras. Si este es tu caso, puedes pensar en modos de expresarlas que te resulten más fáciles, como una conducta. No obstante, también es importante tener en cuenta que a veces hay modos de expresión más adecuados que otros. Por ejemplo, si sientes malestar porque crees que un compañero de trabajo se está aprovechando de ti y quieres que deje de hacerlo, el modo más apropiado es hablar directamente con esa persona del problema para intentar resolverlo. Eso no impide que, al mismo tiempo, puedas recurrir a otras estrategias, como poner por escrito lo que sientes, aunque nadie lea lo que has escrito, como un modo de sentirte mejor al expresarte y aclarar tus ideas.

Casi todas las cosas o situaciones pueden hacer que surja la emoción, según la asociación o significado que cada persona tenga respecto a los estímulos que aparecen, de acuerdo a su propia historia. te recuerdo que somos únicos.

Un ejemplo:

Entra de repente un perro corriendo y ladrando a un salón donde está tu hijo y su primo.

Tu hijo piensa “que lindo perrito, se parece al mío”, su primo recuerda cuando un perro lo intento morder o le ladro y se espantó mucho, además, sabía que si un perro lo muerde con rabia lo tendrían que inyectar.

Sensaciones corporales, tu hijo siente calor en las manos, su primo siente un nudo en el estómago. Significado, tu hijo está contento, su primo está asustado.

Acción o expresión: tu hijo se acerca a jugar con él. Su primo sale huyendo, en cuanto puede.

Esta historia no sólo están las experiencias que vamos teniendo o cómo las vamos procesando, sino la forma en que nos van enseñando a sentir ya que este también es un proceso aprendido.

Retomando la definición de emoción, energía en movimiento, es muy importante dejar que salga, permitiendo, llorar, reír, enojarnos, porque esto nos permitirá regresar al equilibrio. Por desgracia, desde tempranas edades aprendemos a

·         Bloquear la emoción.

·         Desconectarnos de las sensaciones corporales.

·         Negar los sentimientos.

·         Reprimir la acción o expresión de estos, para ser amados o aceptados.

 

De las siguientes frases de seguro que las hemos escuchado en repetidas ocasiones a lo largo de nuestra vida o incluso las hemos dicho.

  • “No llores”. ¿Por qué nos piden que no lloremos? ¿Por qué alguien más trata de decirnos cómo o no expresarnos? Yo sólo encuentro una explicación a esta frase. La persona que la enuncia es incapaz de saber qué hacer con las emociones. Ver llorar al otro asusta, recuerda a la propia angustia que no ha sido elaborada; y al no trabajar con aquello de la vida personal que duele, tampoco se sabrá qué hacer con lo que al otro le lastima.
  • “No vale la pena llorar por eso”. La pregunta que surge de esta frase es similar a la anterior. ¿Cómo sabes que no vale la pena llorar por eso, tú, ajeno a mí, que no vive y percibe las cosas de la misma forma que lo hago yo? Recuerda que lo que a ti te duele no necesariamente le duela a los demás y viceversa. Al decir esta frase estamos devaluando el sentimiento y el significado que una persona le da a ciertos sucesos de su vida. Una persona que se siente triste o con miedo, lo menos que necesita en esos momentos es ser devaluada. Decir esta frase no ayudará a resolver el problema ni tampoco a que la persona se sienta mejor, lo único que se logrará es ponerlo en una postura inferior y de inseguridad ante el conflicto.
  • “¿Por qué chillas?”. Si lo que se quiere es hacer devaluar la situación que lastima o el llanto, no hay mejor palabra para usar que “chillar”. Al igual que el punto anterior, ocupar esta palabra lejos de ser benéfico para el ser que llora, es perjudicial porque se minimiza tanto la situación como el sentimiento de tristeza, enojo o miedo.
  • “Llorar no va a solucionar nada”. Sí, tal vez llorar no me regrese aquello perdido, tampoco va a hacer que resuelva los problemas económicos (o cualquier otro que me esté angustiando, doliendo o preocupando); sin embargo, no llorar tampoco soluciona nada. Y si bien, derramar las lágrimas no soluciona el problema per se, sí tiene la función de descargar la tensión emocional. Recordemos que somos como una olla exprés: si mantenemos por mucho tiempo la carga emocional, habrá algún momento en que “explotemos” y nuestro cuerpo, nuestras relaciones o nuestra mente saldrán dañados; sin embargo, si tenemos una válvula de escape como sería llorar, podremos manejar de mejor forma dicha tensión emocional.
  • “Los hombres no lloran”. Probablemente (no sé) la peor de todas las frases mencionadas por varias razones: promueve la desigualdad entre géneros; ensalza estereotipos que no son ciertos; la intención con la que se utiliza esta frase es decir que los hombres no deben ser débiles, por lo que se utiliza la palabra “llanto” como sinónimo de debilidad, incapacidad y feminidad (todo con connotación negativa). En la clínica tengo el mismo porcentaje de pacientes hombres que mujeres y en la mayor parte de las veces, a quienes más trabajo les cuesta llorar es a los hombres; sin embargo, son estos mismos hombres los que llegan por crisis de angustias severas, somatizaciones importantes sin causa orgánica, o comportamientos agresivos o autolesivos. No digo que llorar solucione el conflicto angustiante, pero actuaría como la válvula de escape que alivie su cuerpo dañado, por ejemplo.

 

Las frases anteriores no son más que una forma de tratar acallar la expresión del sentimiento que tenemos (llámese tristeza, enojo, miedo, alegría, etc. porque efectivamente, no sólo se llora de tristeza) y casi siempre son utilizadas por personas a las que se les dificulta lidiar con las propias emociones.

Llorar no es malo, todo lo contrario. Si no lloras cuando lo sientes, enfermas. Cierto, llorar no te va a devolver al ser amado, pero te va ayudar a sentir y elaborar esa pérdida, y a estar sano física y mentalmente. Llorar no es sinónimo de depresión.

En general las emociones son un sistema de alarma con respecto a cómo nos encontramos, lo que nos gusta o lo que funciona mal a nuestro alrededor, con la finalidad de realizar cambios en nuestras vidas. 

Una buena percepción implica saber “leer” nuestros sentimientos y emociones, etiquetarlos y experimentarlos. Con un buen dominio para reconocer cómo nos sentimos, establecemos la base para posteriormente aprender a controlarnos, moderar nuestras reacciones y no dejarnos arrastrar por impulsos o pasiones exaltadas. 

Ahora bien, ser conscientes de las emociones implica ser hábil en múltiples facetas afectivas. A la percepción de nuestros estados afectivos se suma la experiencia previa asociada a la emoción, lo que permite expresarlas a través de palabras o gestos que se manifiestan en el rostro y el cuerpo, incluso distinguir el valor o el contenido emocional de un evento o situación social. 

La única forma de evaluar nuestro grado de conciencia emocional está siempre unida a la capacidad para describir lo que sentimos, expresarlo con palabras y darle una etiqueta verbal correcta. 

¿Cómo reconocer nuestras emociones? 

Reconocer las emociones es poder integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y considerar su complejidad. 

Las emociones y los pensamientos se encuentran entrelazados, si sabemos utilizarlas en beneficio del pensamiento, ayudan a razonar de forma más inteligente y tomar mejores decisiones. 

Tras su reconocimiento, empezamos a descubrir que dominar nuestras emociones y hacerlas partícipes de nuestros pensamientos favorece una adaptación adecuada a nuestro entorno. 

Gracias a la conexión entre las emociones y nuestra forma de pensar logramos focalizar la atención en los problemas verdaderamente importantes, facilita recordar eventos emotivos, formarnos juicios sobre cómo nos sentimos y, en función de nuestros sentimientos, respondemos de manera diferente ante un mismo problema. 

El “cómo nos sentimos” determinará nuestros pensamientos subsecuentes, podrá influir en la creatividad y los logros en el trabajo, delineará nuestra forma de razonar y afectará nuestra capacidad diaria de deducción lógica, es decir, que las personas estén felices o tristes, enojados o eufóricos, o bien que establezcan un uso adecuado del reconocimiento, la comprensión y la regulación de sus emociones. 

Así, la regulación emocional consiste en dirigir y manejar las emociones de forma eficaz. 

Sin embargo, existen personas con una gran capacidad de percepción emocional pero que requieren de habilidades para su comprensión y regulación. 

Los aspectos personal e interpersonal también son independientes y no tienen que darse de forma entrelazada. Se puede encontrar a personas muy hábiles en la comprensión y la regulación de sus emociones y equilibradas emocionalmente, pero con pocos recursos para relacionarse con los demás. Lo contrario también ocurre, pues hay individuos con una gran capacidad empática para comprender a los demás, pero son poco eficaces para el reconocimiento y la comprensión de sus propias emociones, y de la misma manera les resulta difícil la regulación emocional.

Técnicas para superar el miedo.

·         La toma de conciencia. El miedo está ligado con la duda, la incertidumbre y el sufrimiento. Conocer nuestros temores nos ayuda a observarlos desde un ángulo diferente al que podemos arrebatarle el control. Una manera de saber a qué le tenemos miedo es escribir en una hoja en blanco todo lo que pase por nuestra cabeza y que comience con la frase “No quisiera”

Para así aceptarlo y sentir que tenemos derecho a sentirlo.

·         La aceptación: nos permite comprender la razón de nuestra actitud y estar en condición de superarlo. El simple hecho de tener que hablar ante un grupo de personas. No utilizar frases como “no hay que tener miedo” “no es para tanto” pues estas tienen el efecto contrario pues nos culpabilizan o ridiculizan. En realidad, hay que aceptarla con un “Sí tengo miedo” y preguntarse ¿Qué es lo peor que pude ocurrir en una situación como esta? No pasa nada. Habrá veces que no podamos superar todos los miedos. El aceptarlos y observarlos y conocer sus causas, darnos cuenta de sus consecuencias no serían tan terribles o incluso darnos cuenta de que esos miedos no tienen sentido y conseguir que desaparezcan.

·         La acción. El mejor antídoto para el miedo es la confianza, la fe

Aproximarse al objeto causante del miedo poco a poco hasta tener la confianza que no pasara nada. Otro es mentalizar la situación o recrear situaciones pasadas con el fin de añadirles una solución deseada.

A veces es enfrentarnos a la situación tal como viene.

La vida es un juego, a veces tenemos el resultado esperado y a veces no.

Otra técnica es la evitación, que consiste en motivar exposiciones opuestas. No es evadir, sino son una alternativa para aminorar el impacto. Es decir, si me da miedo subirme en un avión, es no pensar en que me subo y recuerdo algo placentero.

Cualquier persona puede influir sobre el estado de ansiedad que surge cuando se experimenta miedo, mediante la respiración, porque cuando esta es lenta y profunda oxigena al cerebro, tranquiliza el corazón y actúa sobre el centro emocional.

Detenernos inspirar por la nariz mientras que la fuerza y la paz penetran lentamente llenando los pulmones de aire. En ese punto, se contiene la respiración unos instantes y después, se expira permitiendo que el cuerpo recupere la calma y serenidad interior.  Toda vez que se recupera la capacidad de actuar, se puede pensar en la causa que ha originado ese estado de ansiedad, esa angustia, mantener un pensamiento de miedo puede engendrar una forma obsesiva de pensamiento.

Técnicas para rabia.

Una de las técnicas más eficaces es la respiración, una respiración profunda acompañada de la pregunta: ¿para qué me sirve la rabia en estos momentos?

También es recomendable de alguna manera exteriorizar el sentimiento, pedir a las personas que están alrededor unos minutos para calmarme y recuperar la armonía. Así las personas no se sorprenderán si manifiesto un arranque súbito. “vengo enojado, por favor denme unos minutos para relajarme”

Analiza que es lo que te hace enojar, la situación, la persona, el que la cosas no salieron como tu querías.  Después de hacer este ejercicio regresa con la persona quien te hizo enojar y si es buen momento y la otra esta calmada formula un mensaje claro al decir la incomodidad generada por su conducta, para hacerle saber cómo te sientes.

Ejemplo;” ¡nunca me haces caso¡, siempre debo gritarte para que recojas tus juguetes”

Mensaje claro; “temo caerme cuando dejas tus juguetes en la escalera y no me gustaría ir al hospital, si me lastimo.

Gritar es hacer fluir una emoción.

Golpear una almohada

No es lo mismo expresar tu enfado gritando y amenazando que expresarlo hablando de un modo algo severo, pero con calma y una intensidad apropiada. Si crees que al expresar una determinada emoción no vas a poder controlarte, puedes hacer varias cosas: una consiste en ensayar primero estando a solas, y otra consiste en buscar un modo alternativo de expresarla. Por ejemplo, si piensas que vas sentir una ira exagerada al hablar con alguien de algo que te ha molestado, puedes optar por expresarlo por escrito primero. Esa carta puedes usarla para dársela a esa persona o solo para ti, como un modo de controlar la intensidad de la ira y prepararte para poder expresar directamente lo que sientes sin tener un estallido.

Alguna vez, leí que hay que quitar ciertas palabras de nuestro vocabulario como: siempre, nunca, todas las veces

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