Del perdón a la compresión.
A veces cuando somos presas de nuestros
rencores que no entendemos o sabemos reflexionar sobre ellos. Algunas veces
escuchamos <que para liberarnos del pasado tenemos que perdonar> que nos
decimos ¿Cómo? ¿cómo aprendo a hacerlo? De niño nos decían pídele perdón y
darle un abrazo y sigan la fiesta en paz. Esas eran broncas infantiles, ahora
son cosas que me comprometen que me hieren mi orgullo
Y podemos entender que hay algo que no
queda muy claro, que nos confunde. ¿cómo se da? ¿ como se sabe cuándo perdonar?
¿cómo sabré que perdone? ¿realmente merece mi perdón? Y si yo perdono lo que me
hicieron, pero y si lo vuelven hacer? Le tendré que volver a perdonar? Pero hasta que punto se deja de ser bueno
para convertirse en el imbécil que se deja de todos? Y tendré que arrodillarme
y exponerme ante todos cuando esa persona fue la que me lastimó.
A veces hemos escuchado decir “olvídalo,
ya paso” pero el perdón consiste en olvidar? Esta bien, olvido lo que me
hicieron, pero le tengo que suplicar de la manera más atenta que no me vuelvas
a molestar, que no se vuelva a repetir, olvidemos el asunto, porque entonces si
me vas a conocer, no respondo¡; eso suena absurdo¡ de cualquier manera esta
forma seria muy tonta para perdonar. La opción seria que el otro pudiera hasta
burlarse.
También se dice “perdono, pero no
olvido”, y no olvidar es para que no caigamos otra vez en lo mismo.
Podríamos preguntarnos ¿qué es el perdón?
¿Quién se lo merece? ¿me lo merezco yo? ¿alguien tendría que perdonarme a mi?
¿tenemos que perdonar a quien nos ha hecho daño? A quien me robo mis ahorros, quien
me la hace me la paga.
Al perdonar se liberan ambas partes del
conflicto, tu porque te perdono y no tienes que sentirte culpable de nada y yo,
porque perdonándote me libero del odio que sentiría si no te perdonara.
Así pues te perdono, te llames como te
llames porque perdonándote, me perdono a mi mismo de algún daño que te haya
hecho te perdono no porque necesites mi perdón, sino porque yo lo necesito,
porque sólo así me liberaré por siempre del pasado, no me baste, me llena.
El perdón no existe, existe la
comprensión. Si supiéramos comprender, seguramente no haría falta perdonar. Así
que date la oportunidad de tratar de entender los motivos para comprender tus
razones, para entender qué fue lo que lo que te llevó a hacer o que me hiciste,
a provocarme este dolor; y sí encuentro una razón, válida o no, habrás dado una
lección de vida.
Porque tal vez tu mismo sin hacerlo con
alevosía, has herido a alguna persona querida, tal vez en algún momento de
cólera.
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