miércoles, 1 de abril de 2026

del perdón a la comprensión

 

Del perdón a la compresión.

A veces cuando somos presas de nuestros rencores que no entendemos o sabemos reflexionar sobre ellos. Algunas veces escuchamos <que para liberarnos del pasado tenemos que perdonar> que nos decimos ¿Cómo? ¿cómo aprendo a hacerlo? De niño nos decían pídele perdón y darle un abrazo y sigan la fiesta en paz. Esas eran broncas infantiles, ahora son cosas que me comprometen que me hieren mi orgullo

Y podemos entender que hay algo que no queda muy claro, que nos confunde. ¿cómo se da? ¿ como se sabe cuándo perdonar? ¿cómo sabré que perdone? ¿realmente merece mi perdón? Y si yo perdono lo que me hicieron, pero y si lo vuelven hacer? Le tendré que volver a perdonar?  Pero hasta que punto se deja de ser bueno para convertirse en el imbécil que se deja de todos? Y tendré que arrodillarme y exponerme ante todos cuando esa persona fue la que me lastimó.

A veces hemos escuchado decir “olvídalo, ya paso” pero el perdón consiste en olvidar? Esta bien, olvido lo que me hicieron, pero le tengo que suplicar de la manera más atenta que no me vuelvas a molestar, que no se vuelva a repetir, olvidemos el asunto, porque entonces si me vas a conocer, no respondo¡; eso suena absurdo¡ de cualquier manera esta forma seria muy tonta para perdonar. La opción seria que el otro pudiera hasta burlarse.

También se dice “perdono, pero no olvido”, y no olvidar es para que no caigamos otra vez en lo mismo.

Podríamos preguntarnos ¿qué es el perdón? ¿Quién se lo merece? ¿me lo merezco yo? ¿alguien tendría que perdonarme a mi? ¿tenemos que perdonar a quien nos ha hecho daño? A quien me robo mis ahorros, quien me la hace me la paga.

Al perdonar se liberan ambas partes del conflicto, tu porque te perdono y no tienes que sentirte culpable de nada y yo, porque perdonándote me libero del odio que sentiría si no te perdonara.

Así pues te perdono, te llames como te llames porque perdonándote, me perdono a mi mismo de algún daño que te haya hecho te perdono no porque necesites mi perdón, sino porque yo lo necesito, porque sólo así me liberaré por siempre del pasado, no me baste, me llena.

El perdón no existe, existe la comprensión. Si supiéramos comprender, seguramente no haría falta perdonar. Así que date la oportunidad de tratar de entender los motivos para comprender tus razones, para entender qué fue lo que lo que te llevó a hacer o que me hiciste, a provocarme este dolor; y sí encuentro una razón, válida o no, habrás dado una lección de vida.

Porque tal vez tu mismo sin hacerlo con alevosía, has herido a alguna persona querida, tal vez en algún momento de cólera.

 

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