- El verdadero terror colectivo ocurrió en la Edad Media cuando se desató la trilogía mortal: peste, hambre yguerras.Durante cuatro siglos entre 1348-1720 las epidemias diezmaron Europa, tan solo en este periodo se calculaque murió la tercera parte de la población. El terror era tal en las calles y ciudades que estabancompletamente vacías. Había una especie de sentimiento que advertía el fin del mundo, el arte comenzó aevocar lo macabro de la situación y se registraron cambios en el equilibrio emocional de Europa. Por loanterior, las conductas sociales se modificaron, por ejemplo, con la peste la gente empezó a encerrarse ensus casas para evitar la proximidad y el contagio y se inventó el mostrador que pone distancia higiénica entreel vendedor y el cliente.Como la gente no sabía el origen de la peste, los viajeros, marginales, extranjeros o todos los que no“cumplían” en detalle con las creencias y costumbres de la mayoría, se volvieron blanco de persecución,ataque o muerte.No menor huella dejaron las hambrunas, debidas a que se generaron cambios climáticos y cosechas malas,que ocasionaron de inmediato asaltos en los caminos y las cóleras colectivas eran descargadas muchasveces con los molineros o comerciantes. Pero tal vez el terror más grande era al otro y el extraño, al serconsiderado “agente de satán”, lo que desencadenó guerras y persecuciones por doquier, la discriminación eintolerancia creció. Los líderes políticos y religiosos estaban más imbuidos en proyectos de conquistaterritorial y expansión colonial que en atender al pueblo.Pero no han sido solo esas pandemias ancestrales las que han asolado, a la viruela, en épocas másrecientes, se le sumó el VIH, el cólera, la gripe española, entre otras y el mundo ha tenido que evolucionar yreaccionar ante estos recordatorios de que no podemos sustraernos del poder de la naturaleza.Si bien en cierto que el miedo es un sentimiento que nos ayuda generar precauciones, este puede salirse decontrol y pasar a neurosis, pánico y terror, como sucedió en la Edad Media, ya que el miedo tiende a generarcada vez más pensamientos negativos y como se actúa tanto ante un peligro real como ante uno imaginario,entonces damos rienda suelta a nuestra imaginación e impulsos.El miedo puede convertirse en un estado constante, en una inquietud enfermiza casi permanente, en unaangustia que te paraliza, como consecuencia aumentas tus niveles de ansiedad.La mayoría de nuestros miedos son infundados y están condicionados por nuestra cultura, y se transmitenprincipalmente por las personas que están a nuestro alrededor inmediato, pero también de manera masiva. Elmiedo a sufrir es en definitiva el mayor mecanismo de protección que se pone en marcha frente al miedo demorir. Una persona con miedo genera casi de forma espontánea excusas, resistencias, justificaciones yteorías infundadas, aun y cuando se le den explicaciones lógicas, porque el miedo tiende a producir por símismo aún más miedo e inseguridad. Es importante que la persona tenga un momento de introspección, decalma para que pueda empezar a analizar su situación, ya que estamos expuestos a recibir información que aveces es confiable, pero en su mayoría se trata de mensajes llenos de noticias falsas, verdades a medias,versiones incompletas, así como datos sesgados, desactualizados y puestos fuera de contexto.Se puede hacer el siguiente ejercicio. De detenernos a inspirar por la nariz mientras que la fuerza y la pazpenetran lentamente llenando los pulmones de aire. En ese punto, se contiene la respiración unos instantes ydespués, se expira permitiendo que el cuerpo recupere la calma y serenidad interior.Así con la respiración se puede dar una pausa de unos 5 minutos de silencio, de escuchar los ruidos denuestro alrededor e incorporarlos a nuestra respiración reduciéndolos a un ruido blanco o neutro. Cualquierpersona puede influir sobre el estado de ansiedad que surge cuando se experimenta miedo, mediante la
- respiración, porque cuando esta es lenta y profunda oxigena al cerebro, tranquiliza el corazón y actúa sobre elcentro emocional.Toda vez que se recupera la capacidad de actuar, se puede pensar en la causa que ha originado ese estadode ansiedad, esa angustia, porque mantener un pensamiento de miedo puede engendrar una forma obsesivade pensar.Ya con más calma y ecuanimidad es útil contrastar la información, confirmar fuentes y bloquear lo másinmediatamente posible a los canales y personas que propagan los mensajes de pánico, desacreditación yodio, la mayoría de las veces no vale la pena discutir porque se trata de personas con una estabilidad mentaly emocional precaria, o bien sus intenciones son abiertamente nefastas y violentas, al final de cuentas es supobre patrimonio intelectual y sentimental, aunque sea información basura y muestra de su inmensaignorancia, irresponsabilidad y mala voluntad.A veces el uso de las palabras pueden ser generadoras de pensamientos positivos porque los signoslingüísticos son representaciones para articular nuestros propios relatos y narrativas. Se pueden cambiar laspalabras miedo, terror, pánico por temor o precaución, estas últimas suavizan el efecto en nuestropensamiento y visión del mundo.Hay que hacer una toma de conciencia. El miedo está ligado desde el sano escepticismo y la duda, hasta laincertidumbre y el sufrimiento. Conocer nuestros temores nos ayuda a observarlos desde un ángulo diferentea partir del cual podemos desarticularlos y arrebatarles el control. Una manera de saber a qué le tenemosmiedo es escribir en una hoja en blanco todo lo que pase por nuestra cabeza y que comience con la frase “Noquisiera”. De esta manera se acepta el miedo y se llega a entender que tenemos derecho a sentirlo. Alconvivir con las verdades más duras de uno mismo, sentiremos ganas de llorar o enojarnos, y se vale hacerlo,pues solo así la estabilidad emocional comenzara a reanimarse, lo peor que puede pasar es darnos cuentasque fuimos engañados o nos engañamos nosotros solitos y que reaccionamos de forma desproporcionada.La aceptación nos permite comprender la razón de nuestra actitud y estar en condición de superarla. Elsimple hecho de tener que hablarlo ante un grupo de personas nos reconforta.No utilizar frases como “no hay que tener miedo”, “no es para tanto”, pues estas tienen el efecto contrariopues nos culpabilizan o ridiculizan. En realidad, hay que aceptarla con un “Sí tengo miedo” y preguntarse¿Qué es lo peor que pude ocurrir en una situación como esta? No pasa nada. Habrá veces que no podamossuperar todos los miedos. El aceptarlos y analizarlos y conocer sus causas, darnos cuenta que susconsecuencias no serían en realidad tan terribles o incluso darnos cuenta de que esos miedos no tienensentido y conseguir que desaparezcan.Después de la toma de conciencia la acción. Como el miedo nos paraliza, el mejor antídoto para éste es laconfianza y la fe y tratar de volver a la normalidad. En esta fase hay que aproximarse al objeto causante delmiedo, poco a poco, hasta tener la confianza que no pasará nada. Otro es mentalizar la situación óptima orecrear situaciones pasadas con el fin de añadirles una solución deseada.Lo importante es que realicemos algo, alguna acción concreta debidamente alineada con atacar la causa delmiedo, como en este caso del COVID-19 tomar las precauciones de lavar nuestras manos más seguido, dehigienizar las superficies y respetar el confinamiento social, esa es una acción, y no permitamos a laincertidumbre entrar, recordemos que el miedo genera inseguridad y nos come la cabeza con especulaciones.A veces lo mejor es enfrentarnos a la situación tal como viene. La vida es un juego, a veces tenemos elresultado esperado y a veces no, pero el mundo actual dejó de ser un lugar seguro y predecible, hace mucho,
- mucho tiempo, la única salida es adaptarnos, mejorar nuestra capacidad de respuesta, nuestras habilidadesemocionales y cognitivas, se llama resiliencia.Otra técnica es la “Esquivar”, que consiste en motivar exposiciones opuestas. No es evadir, sino son unaalternativa para aminorar el impacto o hacer un control de daños. Es decir, si me da miedo subirme en unavión, es no pensar en que me subo y recuerdo algo placentero. Podemos compartir ideas positivas, el miedocomo emoción, no es buena ni mala, es un medio de sobrevivencia por lo cual reflexionemos sobre lo positivode ella, en qué nos puede ayudar en nuestra vida, eso si, poner un término, no podemos vivir eternamente ental estado.No te dejes atrapar por el miedo, siempre hay otra realidad más amorosa y pacífica, busca ese refugioamoroso dentro de ti y conéctate con tu yo interior o con tu ser superior y así podrás encontrar solucionespara tu día a día. En la actualidad contamos con mayor información y mejores niveles de organización quetiempos atrás, cuando azolaron otras pestes.Piensa en la frase, “esto también pasará”.
viernes, 3 de abril de 2020
jueves, 19 de marzo de 2020
QUE SIENTO? TEMOR O MIEDO
No es
posible imaginar un mundo sin miedo, pero si es posible imaginar un mundo sin
ansiedad, y debemos imaginarlo. Agnes Heller, filosofa.
Nuestras
respuestas emocionales son sin lugar a dudas un instrumento eficaz de
supervivencia y una de ellas es el temor.
Todos
somos vulnerables al miedo, aunque no nos guste admitirlo. Porque socialmente
no es bien visto demostrarlo, sin embargo, este es tan natural como la
tristeza, la alegría, la ternura, la rabia o el desagrado. Es un estado emocional donde el cerebro se
activa y nos alerta para evitarnos la pena, el ridículo, el dolor o incluso de un
peligro, pero como nos avergüenza decir que tenemos miedo, lo disfrazamos con
frases como: “estoy nervioso por que no
encuentro trabajo”, “estoy estresada”, “que va ser de mis hijos”, “no se si las
cosas vayan a salir como yo quiero”, “mi pareja no me comprende”, entre otras.
El miedo
es una reacción adaptativa que nos prepara para actuar ante un posible peligro.
Cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo reacciona produciendo una secuencia de
efectos, tanto físicos como psicológicos. Algunos estudios afirman que el miedo
es la emoción que más consecuencias produce en nuestro interior.
En primer lugar, algunas personas
se quedan paralizadas y bloqueadas ante el miedo, experimentan sudoración,
taquicardia. Nuestro corazón bombea más sangre, los músculos se tensan, los
pulmones se encargan de dar más oxígeno al cuerpo y el estómago se cierra.
El sistema nervioso simpático
prepara nuestro cuerpo para una huida o para un enfrentamiento físico, por tal
motivo, hay personas que actúan de manera más heroica, y se debe al aumento de
adrenalina en la sangre. Es cierto que, en algunos casos, el miedo nos paraliza
y somos incapaces de actuar durante unos instantes. Esta respuesta es debida a
que el sistema se bloquea y la respuesta psicológica impide que se gestionen
bien los efectos físicos del miedo.
Se encarga
de la supervivencia, así de sencillo y así de complejo. Decidir cuál es el
límite entre lo seguro y el peligro. Sin embargo, se actúa tanto ante un
peligro real como ante uno imaginario. Si no lo sintiéramos no sobreviviríamos.
Por otro lado, a nivel psicológico,
el miedo también produce una serie de consecuencias. El proceso mental se
inicia sintiendo agobio y malestar, eso nos indica que algo no va bien.
Posteriormente, como nuestro cuerpo ha activado partes del cerebro implicadas
en este proceso, nos ponemos en estado de alerta y, en algunos casos,
actuamos rápido y con una supuesta valentía. Esta reacción es similar al
estrés, ya que enfoca nuestra atención a unos pocos estímulos y pone en
funcionamiento máximo a nuestra mente.
Este estado de
alerta es el causante de los trastornos del sueño, como el insomnio, en las
personas con fobias o ansiedad generalizada. Cuando los procesos mentales dejan
de ser adaptativos, es el momento de actuar y de iniciar una terapia
psicológica que tenga por objetivo relajar nuestros miedos y calmar la mente.
El miedo puede convertirse en un
estado constante, en una inquietud enfermiza casi permanente, en una angustia
que te paraliza, como consecuencia aumentas tus niveles de ansiedad, de
sudoración y experimentas taquicardia, disminuyes tu concentración y la memoria
te traiciona. Pero debes de considerar que, si el peligro es real, entonces tu
respuesta ha sido útil, dándote la opción de que huyas y te salves. Sin
embargo, hay veces que el miedo es “irracional” se dice que son invenciones o
creados por nuestra imaginación o ignorancia. A este respecto, Sigmund Freud
señalo dos tipos de miedos, el real y el neurótico. El primero es cuando el
peligro es “evidente”, cuando en la persona esta en riesgo su integridad. (un
auto nos va a atropellar, nos resbalamos en un precipicio, alguien nos apunta
con un arma). El otro es cuando no hay un peligro que pueda suponer una amenaza
para la vida, pero que se siente ante algo que no existe, se dice que es un
temor que nace de nuestra imaginación pero que siempre se traducen en
sensaciones y sentimientos que llegan a paralizar o impiden tomar acciones
concretas. La mayoría de nuestros miedos son infundados por nuestra cultura, tanto
por las personas que están a nuestro alrededor inmediato, como la familia, como
la sociedad en general. La madre que
tiene miedo a las arañas, aterroriza a sus hijos, porque en realidad nadie nace
con miedo, ya que este se forma a raíz de la educación que vamos recibiendo.
Es un hecho que los padres no lo
hacen con intención de infundir miedos o emociones negativas en sus hijos, pues
no están plenamente conscientes del efecto. El problema surge cuando no se nos
motiva para lo dejemos a un lado y nos sirva de limitante.
Y entre más ofuscadas estén
nuestras relaciones sociales, nuestro ambiente viviendo en inseguridad y que el
individuo se sienta amenazado por las fuerzas sociales que funcionan
independientemente de su selección y decisión, más frecuente y general viene a
ser la ansiedad, porque entonces mayor es el número de estímulos que pueden
resultar peligrosos y pueden provocar en nosotros este sentimiento.
De esta forma la ansiedad es una
variedad del miedo, aunque se dice que es un miedo sin objeto o a la nada, pero
en realidad es un miedo a todo, y esto puede ser comprensible ya que todo el
mundo se encuentra ansioso con un entorno completamente desconocido, porque no
comprende, no sabe, qué es peligroso y qué no lo es.
De esta ansiedad se generan una
gran variedad de miedos, como al fracaso; los celos; a uno mismo; a la soledad;
hablar en público; a la obscuridad; al compromiso; a perder nuestro trabajo; a
perder a nuestros seres queridos y a muchos más.
El miedo a sufrir es en
definitiva el mayor mecanismo de protección que se pone en marcha frente al
miedo a morir. Nos da miedo amar, porque se piensa que al hacerlo vamos a
sufrir.
El miedo
puede ser también una forma de control, pues lo disfrazamos como una excusa
para proteger y cuidar, como al hijo para que no le suceda nada, para esto, se
usan ideas repetidas como “ten cuidado”, “no hagas esto porque podría sucederte
aquello”, aquí, más que proteger van creando sensaciones de inseguridad, que
derivan luego en miedos irracionales.
También
nuestra ignorancia hacia ciertos temas nos genera miedos, como no saber como
cuidar una herida, estar aterrados ante nuestra muerte, que si nos van a comer
los gusanos, que si nos entierran vivos, entre otras, y muchas veces tiene que
ver con la escaza o excesiva información que se obtenga. Actualmente con el
virus COVID-19 del cual hemos recibido tanta información entre verdadera y
falsa que no sabemos bien a bien como actuar.
Asimismo,
el miedo está vertido en todas las instituciones: Familia, Sistema Educativo,
Estado y Religión, estas dos últimas funcionan y sobreviven gracias al temor
que infunden. Se nos enseña a tener “respeto” a nuestros superiores, y éste es
sólo otra manera de nombrar al miedo.
Todo
miedo neurótico es como un fantasma que vive en la mente y es alimentado por
los pensamientos, cuanto más se piensa más miedo se experimenta y al hacerlo
quedamos plenamente desarmados, paralizados. Por lo cual, lo que se puede hacer
cuando te sobreviene algún pensamiento negativo, piensa en las cosas positivas
que están por venir o detén tu pensamiento y recurre a cosas agradables que has
vivido.
Se podrá
pensar que lo del COVID-19, es una mentira global y que detrás de ello existe
una conspiración, por que al final supongo que existe o al menos tendrá sus
repercusiones políticas, económicas y sociales. Y de esta forma, hemos sido
bombardeados con tanta información que no sabemos discernir. Por lo cual
debemos hacer una pequeña introspección apartarnos del ruido social por unos
minutos, respirar profundamente por la nariz y sacar el aire lentamente por la
boca, y empezar a escuchar, primero nuestra respiración, después nuestros
latidos y por ultimo los sonidos del silencio, para encontrar un momento de
tranquilidad y preguntarnos que debemos hacer.
Al final
de cuentas, debemos considerar que el miedo no permite que amemos y que
disfrutemos de la vida.
Si
nuestro temor es a la muerte pensemos que ellas es
una ilusión del ego individual. El universo del que yo formo parte es eterno e
infinito. De una forma u otra, existiré siempre.
miércoles, 27 de noviembre de 2019
EL MIEDO Y SUS ETAPAS
“El miedo
es un dragón que tiene en la espalda un escudo blindado impenetrable. Al miedo
se le vence de frente” “El miedo es lo opuesto a la acción: cuando aparece no
nos deja actuar, nos paraliza”
Jorge Bucay.
Sin duda alguna, nuestras
emociones han sido muy importantes para la sobrevivencia, pues nos llevan a
reaccionar y a conectarnos con el mundo, lo que nos permite hacer frente a los
retos y a las dificultades de la vida y una de ellas es el miedo.
Todo ser humano siente temor
en situaciones de riesgo, ya que el temor se encarga de la supervivencia, así
de sencillo y de complejo. Decidir cuál es el límite entre lo seguro y el
peligro. Ante un estímulo en forma automática se provoca la secreción de
adrenalina y de otras hormonas que preparan al organismo para el combate o la
huida, al mandar la sangre a los músculos grandes como las piernas. Esta
sensación nos sucede ante un peligro real o imaginario. Todos lo experimentamos
y si no lo sintiéramos no sobrevivíamos, aunque todos lo percibimos de manera
tan diversa.
Se podría pensar que
muchos hombres machistas niegan sentir miedo, sin embargo, suele haber mujeres
que también lo hacen por las mismas razones que los primeros, el no querer
parecer cobardes o sentirse avergonzados, incluso a veces se llegan a severas
disputas donde pueden llegar a ser lastimados. El miedo es una reacción
adaptativa que nos ayuda a enfrentar cualquier emergencia, pero si este proceso
natural es frenado por “los verdaderos hombres que no le temen a nada”, puede
suceder que la persona tenga alguna
reacción inadecuada, como por ejemplo; algunos hombres expresan enojo cuando en
realidad tienen miedo.
Para intentar superar
nuestros miedos o no dejar que ellos controlen o condicionen nuestra vida, es
importante conocer que le sucede a nuestro organismo cuando este se presenta.
El primer impacto que sentimos es el susto, sobresalto o sorpresa. Estamos
tranquilos y/o implicados en algo, y de repente se presenta un estímulo inesperado. Como pudiese ser un
ruido muy fuerte, nuestro cuerpo se pone en estado de alerta y se encarga de
activar el sistema nervioso simpático, en caso de ser algo desagradable lo
llamamos susto, en caso contrario lo conocemos como sorpresa.
En este momento, nuestro
cerebro se encarga de activar las respuestas físicas de huida o bien para un
enfrentamiento físico, pues nuestro corazón bombea más sangre, los músculos se
tensan, los pulmones se encargan de dar más oxígeno al cuerpo y el estómago se
cierra. Como hay un aumento de adrenalina posibilita que algunas personas
actúen de manera más heroica, pero en algunos casos, el miedo nos paraliza y
somos incapaces de actuar durante algunos minutos, esta sensación es debida a que el sistema se bloquea y
respuesta psicológica impide que se gestione bien los efectos físicos del
miedo. Algunos animales se quedan paralizados para parecer muertos y no ser
parte de la cadena alimenticia.
Una vez que cesa el
estímulo que nos provoca el miedo, nuestro cuerpo se encarga de activar el
sistema nervioso parasimpático, que se encarga de devolver a su estado de
reposo todo lo que se había activado anteriormente, es decir, relaja nuestros
músculos, baja las pulsaciones, hace que el estómago vuelva a funcionar y calma
la respiración.
Estamos pasando hacia el temor
que es una preventiva para el organismo que nos alerta que algo malo puede
pasar. Es cuando estamos frente a un precipicio que nos dice asómate con
cuidado. Pero el miedo entra cuando la mente empieza a asociarlo con algún
evento pasado, a suponer lo que puede pasar, a relucir nuestra ignorancia, lo
que hemos oído o visto, en fin, a producir una sucesión encadenada de
pensamientos negativos que pueden llegar a ser altamente dañinos, pues
generalmente, tienden a ser expectativas exageradas, es decir, estamos creando
en nuestra mente una situación peor de la que existe, nos adelantamos a los
acontecimientos, para algunos esto les ayuda a tener una visión más amplia de
posibilidades para poder enfrentarlas, pues esta emoción cambia nuestra esfera cognitiva, percibimos
el mundo de un modo distinto y experimentamos las sensaciones con mayor
intensidad.
Muchas veces el miedo nos
impide razonar o actuar, es decir, nos quedamos paralizados y el pensamiento se
bloquea y esto nos hace sentir impotentes, sin saber cómo salir de esta
emoción. A veces nuestro cuerpo reacciona con taparnos o cerrar los ojos, sabemos que es ridículo, pero
es algo que es difícil evitar, pero en algunos casos, esta acción nos protege
de ver eventos que se nos queden gravados en la memoria y después nos estén
atormentando.
El miedo produce una serie de
consecuencias. El proceso mental se inicia sintiendo agobio y malestar, eso nos
indica que algo no va bien. Posteriormente, como nuestro cuerpo ha activado
partes del cerebro implicadas en este proceso, nos ponemos en estado de alerta
y, en algunos casos, actuamos rápido y con una supuesta valentía. Esta reacción
es similar al estrés, ya que enfoca
nuestra atención a unos pocos estímulos y pone en funcionamiento máximo a
nuestra mente. En casos graves puede llegar a inducir una parálisis completa
del cuerpo, sudoración fría o regresión a pensamientos de la infancia. Y en
casos peores producirse incluso la muerte por paro cardiaco.
Este estado de
alerta es el causante de los trastornos del sueño, como el insomnio, en las
personas con fobias o ansiedad generalizada. Cuando los procesos mentales dejan
de ser adaptativos, es el momento de actuar y de iniciar una terapia
psicológica que tenga por objetivo relajar nuestros miedos y calmar la mente.
Cuando el miedo se vuelve
una situación incontrolable, se convierte en ansiedad y podemos sufrir una
pérdida de autoestima en tanto que nos sentimos incapaces de controlar la
situación y, por lo consiguiente, nos sentimos vulnerables. Si vemos que la
manera de responder ante un peligro no es eficaz, nos sentiremos mal, e incluso
culpables, por no tener una conducta adecuada a la situación, es por eso que
muchas personas, en especial, las mujeres que sufren de violencia, no les es
fácil salir de su situación.
Además el miedo va aliado con otro de nuestros sentimientos, que
es la vergüenza y lo vemos claramente cuando tenemos que hablar en público,
donde se asume que se van a cometer errores y que se van a reír de uno. Estas
dos emociones puede dan pie a ser un generador de excusas. Estas están en nuestra
mente y solo nosotros mismos podremos superarlo, sin embargo, no es fácil, pues
esto nos provoca una retroalimentación que evita que nos deshagamos de esta,
fruto muchas veces de nuestras inseguridades.
Se han clasificado un sin número de miedos, como a la soledad, a
la enfermedad, a la muerte, al envejecimiento, al fracaso, al sufrimiento,
entre otros, muchas mujeres tienen miedo de rol de género, es decir, a dejar de
servir como madres o como amas de casa. A considerarse inútiles, puesto que se
les ha educado para vivir para los demás. En la actualidad, muchas madres que
no pueden dejar a sus hijos ni por unos momentos solos por miedo, entre no
poder ser una buena madre, que cuidan y protege tanto a sus hijos que cae en
una sobreprotección que es una forma de violencia hacia ellos.
Debemos recordar que el
miedo es un sentimiento totalmente natural, ya que hasta los animales lo
sienten, y lógico en algunas circunstancias, sentirse culpable ante esta
emoción es algo contraproducente e innecesario. En caso de querer mejorar
nuestras estrategias de afrontamiento, podemos utilizar la relajación para
manejar mejor las situaciones de miedo y ansiedad.
Al final no podemos
permitir que los miedos condicionen nuestras vidas, debemos superar algunos y entender que podemos
aprender de ellos. No debemos convertir el miedo en nuestro enemigo, pues tan
solo nos indica de la existencia de un problema y la posibilidad de resolverlo.
Para tratar correctamente esta emoción, es importante prestar atención a
nuestro cuerpo y manejar nuestros pensamientos, de este modo evitaremos que se
nos desborden y terminen por aparecer efectos físicos y psicológicos
incontrolables, como la ansiedad o las fobias.
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