viernes, 27 de mayo de 2016

AMANTE COMO SER AMADO

Que hermosa palabra, “amante”, que corresponde a la persona amada. Con la que se siente una intensa atracción emocional y sexual, además se desea compartir una vida en común con una persona o bien que se tiene una afición apasionada hacia determinada cosa, como un deporte, la música, actuación, hacia los animales, etcétera.
Así se le debería de llamar a la pareja, pero el término fue utilizado para referirse a una mujer cuyos gastos solventa un hombre en posición acomodada  y ella debe estar a su disposición para brindarle placeres sexuales.  Hoy por hoy, la palabra amante es sinónimo de adulterio y hace referencia a una cariñosa femenina de un hombre que se encuentra casado con otra mujer. Históricamente el hombre ha "mantenido" a su amante aunque bien podría ser al revés.
Los matrimonios eran concertados por los padres para unir fortunas y poderío, por lo cual las  uniones nunca fueron por amor. Ya que el noviazgo no existía, pues la boda la decidían los padres. De esta forma la novia, casi una niña,  no conocía al hombre que sería su amo o administrador.
En los tiempos de los griegos los enamorados eran objeto de burla, pues se pensaba que era una pasión indeseable ya que el hombre perdía el juicio y la autonomía.
Con la llegada de la Edad Media, no cambio mucho este tipo de uniones, seguían siendo los Reyes quienes concertaban las bodas de sus hijos aun antes de que estos nacieran. Las uniones nunca fueron por amor, y solo eran para dar herederos al reino. Por lo cual un rey podía tener numerosas amantes pero tenía una única "amante favorita" o "amante oficial". En las cortes de Europa, especialmente en Versailles y Whitehall durante los siglos XVII y XVIII, una amante tenía mucho poder e influencia, como por ejemplo Luis XV y Madame de Pompadour. Y entre las amantes se hacían intrigas palaciegas y el chisme erótico.
En 1736, cuando Jorge II acababa de ascender al trono, Henry Fielding (en Pasquin) coloca en boca de Lord Place las siguientes palabras, "…pero, señorita, hoy todos mantienen y se es mantenido; actualmente no existe tal cosa como un casamiento, solo contratos de forma, y estos solo para mantener a las familias; pero luego el esposo y la esposa en un santiamén pronto tienen sus mantenidos."
Durante el siglo XIX, una época en que la moral se tornó más puritana, el tener una amante se hizo más prudente, pero por otra parte este recrudecer de la moralidad también producía un mayor deseo en un hombre por conseguirse una amante. Cuando un hombre de una clase superior se casaba con una mujer de igual rango, como era la costumbre, era probable que ella hubiera sido educada en la creencia de que el acto sexual era para la procreación en vez de para la recreación. Algunos hombres por lo tanto recurrían a una amante si querían una compañera femenina que fuera menos recatada.
Durante este sigloXIX, surge el Romanticismo, quienes establecen que el enamoramiento era un requisito esencial para acostarse con una mujer. Que el erotismo sin amor era carente de sentido. Y también aparecen los victorianos que para ellos el hogar es un lugar sagrado, pero la elección de la pareja es de conveniencia. El coito debía ser rápido y la satisfacción de la mujer no tenía importancia. Posibilitando con esto, más la necesidad de buscar una amante.

Actualmente las mujeres casadas, al enterarse que su esposo tiene una amante, van y agreden a la otra mujer, culpabilizándola de destrozar matrimonios; como si fuera una competencia por el dinero y por el macho. Asumen que el hombre no tiene la culpa, sino que es la otra la oportunista en la triada. No contemplan que el marido participo activamente para enamorar a la otra mujer. Como lo plantea Emilio Carballido en la obra dramática “Rosa de dos aromas”, donde 2 mujeres engañadas perpetúan el machismo fomentado, defendido y heredado por la misma mujer y colocando como el peor enemigo de la propia mujer, que difícilmente podría ser su aliada en la defensa de sus derechos como mujeres y no la esperanza de concebir la construcción de la solidaridad ante el reconocimiento de la igualdad. Dos mujeres trabajando juntas por su mutua felicidad y progreso.

miércoles, 11 de mayo de 2016

DEJARSE LLEVAR POR LOS ESTEREOTIPOS

Parecería increíble pensar que en pleno 2015 todavía algunas personas sigan pensando que los colores para vestir a un bebe le puedan influir en su personalidad, pero como se ha consolidado en nuestro país que el color azul es para los niños y el rosa para la niñas. Se teme que sus hijos cambien de preferencia sexual tan solo con vestirlos de colores contrarios.  Pero incluso esto no solo se aplica en los bebes, sino que algunos adultos, en especial los hombres,  evitan vestirse de ciertos colores como el  rosa, comentando: “no vaya siendo que me vuelva homosexual”,  pero es curioso ver que si a las niñas las visten de azul esto no represente ningún “peligro”.  Pero cuando se trata de regalar ropa a un bebe  se suele escoger el color amarillo, para no complicarse.
Y pensar que hasta principios de 1900 estudios indican que el rosa tenía la misma probabilidad de estar asociado con bebés tanto varones como mujeres. Prácticamente fue hasta la Segunda Guerra Mundial que el color rosa fue designado para las niñas y azul para los varones. Anteriormente la vestidura más usada era el blanco, pero mientras que para algunas culturas como la francesa se utiliza el azul para niños y el rosa para las niñas, para otras culturas como la alemana y la belga Católica se  utilizan en forma contraria.
Así mismo se planteó el uso de aretes para las niñas, cuando en la antigüedad muchos pueblos, como los egipcios, asirios, fenicios, etruscos, celtas e iberos usaban los que conocemos con el nombre de arracadas y eran usados indistintamente por hombres o mujeres, aunque se acostumbraba que los varones los llevaran puestos  en una de las orejas.
Cuando se trata de darle juguetes a los niños, a los varones se les brinda los  más agresivos o con mayor libertad de movimiento  como pelotas, carros, bicicletas, pistolas y a las mujeres aquellos que están relacionados  al hogar, (planchas, trastos), muñecas, bebes, maquillajes que incluyen  todo para ser “femeninas o buenas madres”.  No es fácil ver que niños jueguen con muñecas, pues en tal caso, estaría en juego su hombría.
Ninguna de estas actividades hará que los niños o los adultos cambien su preferencia sexual como por arte de magia. Lo que si podemos decir es que son elementos que van separando día con día la convivencia entre los sexos. Remarcando una lucha entre los estos


LA ESPERANZA DEL REGRESO DEL HIJO "DESAPARECIDO"

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Hace tiempo, alguien me pregunto: ¿por qué una madre no acepta la muerte de un hijo cuando éste desaparece y su cuerpo no es encontrado?
Vivir la muerte de un ser querido es un evento doloroso. Significa dejar de convivir con esa persona y es para nosotros una pérdida irrecuperable e irremplazable. Nos llena de tristeza y nos embargan sentimientos de soledad y desamparo.
Aunque sabemos que la muerte es un hecho cotidiano, es un tema que eludimos con frecuencia, a pesar de las festividades anuales el Día de Muertos cada Noviembre mexicano.
Cuando sufrimos la pérdida de un ser querido, que ha estado durante un tiempo considerable hospitalizado, sufriendo alguna enfermedad terminal o bien de una persona anciana; en algunos casos, no resulta tan doloroso, pues para muchos se comenta que “ya era de esperarse” o bien “ya dejo de sufrir”. Sin embargo, en el caso del fallecimiento de una persona que es víctima de un  accidente o catástrofe natural, resulta más doloroso, pues se considera que todavía “tenía vida por delante”.
Cuando nos anuncian la muerte inesperada de un ser querido, comúnmente nos suele pasar que negamos el hecho, no podemos dar crédito a tal aseveración, entramos en un estado de embotamiento de sensibilidad y de negación. Uno se siente aturdido e incapaz de aceptar la realidad. Queremos una explicación y buscamos a los posibles culpables de la muerte.
Los rituales que le siguen a una muerte son básicos para que la elaboración del duelo siga su curso, como pueden ser: el certificado de defunción, el funeral y el entierro. Esto ayuda a que uno tome conciencia de la muerte del ser querido.
Cualquier persona quiere contar con las pruebas palpables de la muerte de un ser querido, pues la noticia en sí misma causa una sensación de incredulidad. Tan importante es ver el cuerpo de la persona amada e identificar su rostro, para poder aceptar su muerte. Es como cuando a una persona le amputan algún miembro de su cuerpo o cuando una mujer sufre un aborto, es necesario ver aquello que se ha perdido, para poder dar crédito del suceso e incluso continuar con los rituales de entierro. Para muchas personas, puede ser un duro golpe seguir en  esa sensación de incredulidad de aquello que estuvo con nosotros y que ya no veremos más. En el caso de un aborto, la madre pensara que su hijo le fue robado.
 Se dice que para una madre la muerte de su hij@ es lo más doloroso e irreparable, pues generalmente ella espera ser sepultada por sus hijos, por ser más anciana que ellos. Consideran que es mucho el dolor del parto, como para que un hij@ se le sea arrebatad@.

En el caso de un@ hij@ “desaparecido”, como no hay un elemento tangible que dé fe de su muerte, los padres de familia se quedan con la esperanza de que siga vivo. En estos casos ni siquiera puede haber un certificado de defunción. Se cuenta que en muchos de los casos de hijos desaparecidos, los padres guardan sus pertenencias y no disponen de ellas, esperando su regreso.

miércoles, 27 de abril de 2016

Cuidado de los ancianos y de los enfermos


Esas situaciones han existido desde hace mucho, tanto que los sesgos y estereotipos de género nos parecen ya casi cosa natural, es decir que las mujeres asuman el rol de cuidadora de niños, enfermos, discapacitados y adultos mayores, como si estuvieran genéticamente destinadas para ello y en consecuencia que los hombres no debieran participar, más al contrario, en su momento los hombres se hacen merecedores de recibir todo tipo de cuidados, como si ellos mismos no pudieran desarrollar conductas compasivas o por lo menos empáticas con sus más cercanos, al mismo tiempo, muchos de ellos se volvieron totalmente inútiles y dependientes por no saber resolver sus más básicas necesidades y cuidados, incluyendo los que tienen que ver con mantener una buena salud, como son alimentación, limpieza, ministración de medicamentos, etc.
No obstante, las nuevas realidades nos obligan a replantear cómo se llevan a cabo estas conductas altruistas y de autocuidado de la salud, queramos o no, nuestra formación y nuestros dogmas nos lo permita o no, a riesgo de vernos rebasados por situaciones que no podamos manejar o que bien podamos manejar mejor y con menos penalidades, desgaste, injusticias y pleitos familiares si asumimos conductas más solidarias y racionales.
La población está envejeciendo y con el aumento de la esperanza de vida también se incrementa la probabilidad de desarrollar padecimientos crónico degenerativos, como la diabetes y la hipertensión, las cuales sin embargo también afectan a la población infantil, pero si bien en el caso de los niños el cuidado es un asunto relativamente resuelto, en el caso de los adultos mayores además de suceder las dinámicas familiares y de género que ya mencionamos estas se agravan porque en ellos los padecimientos adquieren una evolución incierta y se multiplica el riesgo de sus complicaciones.
A ello se debe sumar la creciente saturación e incompetencia del sistema de salud, público y muchas veces también el privado, asimismo las tendencias clínicas recientes que subrayan la importancia de los procedimientos médicos ambulatorios y el auto cuidado a cargo de los pacientes y de sus propios núcleos familiares, todo ello con el fin de aliviar la sobrecarga de los hospitales, donde además los adultos mayores se exponen a contraer infecciones llamadas nosocomiales y sufrir aislamiento, malos tratos y abandono, entre otros.
Es muy sabido que los adultos mayores imploran “déjame morir en mi casa, no me lleves al hospital”. Aun en países desarrollados, donde existen unidades médicas especializadas en cuidados paliativos o últimos cuidados que apoyan a los núcleos familiares cuando se tiene un paciente crónico o terminal, es decir que aquel al que hay que asistir en las secuelas de sus crisis de salud, o bien que ya no se va a curar, la mayoría de los adultos mayores siguen pidiendo eso. Si nos ponemos a pensar quisiéramos pasar nuestros últimos días en donde tenemos nuestros afectos, trato cálido, nuestros libros, nuestra música, todo aquello que forma parte de nuestro propio universo sicosocial, lo que nos da identidad y un lugar en el mundo, así se llega a expresar y no es raro que ello reconforte un poco.
Ahora bien, ¿Qué implica hacerse cargo de un paciente adulto mayor en casa?, bueno aparte de lo obvio que resulta acondicionar, garantizar su adecuada alimentación, aprender a bañarlos, darles o vigilar que tomen sus medicamentos, tomarles la presión y la temperatura, aprender a hacer la diálisis si es un paciente de insuficiencia renal, limpiar su cuarto, valorar sus síntomas, acudir con ellos a sus citas médicas de forma oportuna, etc.
Pues, empezar por el principio, reconocerse a sí mismo y hacer visible al cuidador que se va a encargar de esas tareas, remarcar su papel social y familiar, ser sensible respecto de sus necesidades a partir del rol que decidió asumir, reforzar su decisión con apoyo por lo menos moral, facilitarle la vida pues para que lleve a cabo esa responsabilidad, y si se puede compensar y premiar ese mérito.
Socialmente no está reconocido ese rol, mejor se le da mérito a los futbolistas, artistas, políticos, a los que comparten cosas chistosas o visitas a lugares exóticos y restoranes en el WhatsApp y en el Facebook, por lo mismo cuando el cuidador se tiene que excusar en el trabajo o en sus relaciones sociales por tener que entregarse al cuidado de un paciente, pues no se le entiende, no se le apoya, no se le da permiso, no se le toma en cuenta para que pueda programar su participación en eventos sociales o familiares, se le dice “pues eso te tocó y resuélvelo tu” o de plano se considera que eso no es “cool”.
En consecuencia es importante fomentar la conformación de redes de apoyo, en las que si bien sus miembros no participen activamente, por lo menos si se vuelvan sensibles, “todos vamos para allá” se suele decir, pero en realidad no se toma conciencia para prepararnos a cuidar de nuestros adultos mayores y a nosotros mismos cuando nos toqué esa realidad, a veces hasta ahí llega la “buenaondez” de nuestros amigos, familiares y vecinos, casi a nadie le llama la atención “cuidar a un anciano” ni se quiere enterar de qué se trata, ni siquiera para aprender de ello y usar dicho conocimiento a su favor cuando lo necesiten con sus adultos mayores o consigo mismos.
Otro paso igual de importante es hacer que la figura del cuidador sea neutral al género, si, no importa que seas hombre o mujer, y entonces hay que visibilizar esta parte de la vida privada y cómo se reparten los costos tanto en tiempo, esfuerzo y dinero. No hay de otra, por igual se debe participar en estos cuidados, y si no se sabe cómo pues se debe tener disposición para aprender, no se puede anteponer esa limitación de antemano, sobre todo porque no tiene una base real, está en nuestro imaginario colectivo e individual, en ello hay que pensar que además de ser un deber moral es algo que nos conviene a todos, si aprendemos a que todos dependemos de todos pues tarde que temprano se nos regresará algo del sacrificio que hagamos, por lo menos tendremos la solvencia para pedir ayuda cuando la necesitemos y que se nos ubique como alguien merecedor de ser ayudado, y se pueden sumar apoyos cuando se tiene un antecedente de cooperación y solidaridad cuando hubo un objetivo común, en este caso cuidar al padre o la madre, eso no se paga con ningún dinero ni se compra en la tienda de la esquina ni se improvisa de un día para otro.
Como seres humanos podemos actuar por convicción y hasta por imitación y para ello no es impedimento que seamos hombres o mujeres. Como se verá a continuación, sólo de una forma compartida se puede sobrellevar la carga que representa en tiempo y recursos el cuidado de un paciente adulto mayor y asumir de forma rotativa o alternada el rol de cuidador, pero bien vale la pena cuando se extiende la sobrevida, incluso en contra de cualquier pronóstico y sin “morir en el intento”. Al final nos liberaremos de la cultura ancestral de las culpas si actuamos acorde a nuestros reales sentimientos y afectos, evitamos que luego nos venga confusión y remordimientos como la señora que afuera de urgencias de un hospital llorosa y desesperada decía “ahora si, ahora si, le voy a dar todo, todo, lo que ella quiera”, refiriéndose a su paciente en estado crítico y probablemente desatendida por los familiares.
Ahora bien, siguiendo las pautas de prevención y control médico de los padecimientos en realidad tampoco es tan difícil el cuidado de los adultos mayores, por eso debemos ir a sus consultas con ellos y entender su situación, esto a fin de reducir las visitas a urgencias y escenarios inesperados, comúnmente se dice “los viejitos se mueren de una caída, de una gripa o de una diarrea”, pues así de fácil, se debe procurar no tener ese tipo de descuidos o percances que agraven el curso natural de los padecimientos pre adquiridos que ya tengan, en el extremo opuesto, se debe evitar la sobre protección y hacer que los adultos mayores se hagan dependientes cuando aún no requieren ayuda para vestirse, bañarse, tomar sus medicinas o bien hipocondriacos o hipersensibles.
Lo anterior nos lleva al tema de la relación cuidador-paciente, tampoco se ha estudiado mucho al respecto, y menos se nos ha educado en ello, por lo mismo, por lo pronto cada quien debe encontrar su camino para compaginar los roles de familiar con los de cuidador, nunca olvidar que el adulto mayor aunque esté bajo nuestro cuidado y es circunstancialmente nuestro “paciente”, no deja de ser nuestra madre o nuestro padre.
Ello es difícil, ya que por un lado SI se requiere total disciplina para seguir los tratamientos e instrucciones médicos y que en ello no interfiera el posible deterioro cognoscitivo o emocional de los pacientes sobre todo cuando se trata de enfermedades crónicas y degenerativas o que inflijan dolor y malestar generalizado en ellos y minen su fortaleza y entereza al punto de que se conviertan en personas irreconocibles. En este caso se debe aprender a controlar nuestra propias emociones, desde el enojo o la decepción que nos genera una falta de apego por parte del paciente, su mal estado de ánimo o conductas de chantaje o incluso recibir su violencia física, verbal o sicológica.
Pero por otro lado, es importante no tratar de asumir un comportamiento ajeno o frio o incluso de resentimiento por la “mala suerte del paquete que nos tocó”, en realidad no nos convertimos en personal médico o de enfermería y mucho menos a sueldo, seguimos siendo hijos e hijas, y una buena parte de la recuperación y mantener un estado de buena salud depende de que los pacientes se sientan en su hogar, respetados, apreciados, queridos y a veces hasta corregidos en sus conductas cuando así sea necesario. Todo ello según las reglas de nuestra convivencia familiar y que son parte de la propia identidad, en este sentido, algo que ayuda mucho es hacerles saber y entender a los adultos mayores que por estar en el núcleo familiar deben sentirse protegidos, sin embargo que ello también les genera responsabilidad para dejar que todos los otros integrantes se sigan desarrollando y viviendo sus vidas y proyectos y en la medida de lo posible hacerse cargo de sus propias necesidades, físicas y emocionales. La palabra clave siempre será GRACIAS, gracias por lo que ellos aportaron pero también por lo que están recibiendo y recibirán, hasta el fin de sus días, no verlos como personas achacosas, quejumbrosas, sino anteponer siempre las cosas que le han dado sentido a estar juntos.
Claro que no hay escuela para aprender esto, pero también es cierto que conviene más darse cuenta de que algún día surgirán esas situaciones y no tratar de imponer pautas de la noche a la mañana con las fricciones o apatía del caso, hay que iniciar esta reflexión, detectar nuestras fisuras y debilidades tanto en la construcción de nuestras estructuras familiares como personales y pensar cómo las vamos a remediar, y si no tienen remedio pues tomar decisiones y aunque suene radical, buscarse una familia ampliada o hasta adoptiva con quien SI esté dispuesto a ello, formar redes de apoyo, aprender a envejecer y a cuidarnos mutuamente.

En la presentación del artículo se puede poner:
“Alejandro León, colaborador de este artículo, cuidó por diez años, junto con su hermano Francisco, a su madre Edelmira quien sufrió insuficiencia renal, si bien enfrentaron muchas vicisitudes contaron con el apoyo solidario de muchas personas en diferentes momentos y se logró para Edelmira una sobrevida de diez años, cuando el promedio es de tres para este tipo de pacientes. Durante estos años y a la fecha, Alejandro pudo  una gran familia extendida, asimismo Francisco formó su propia familia gracias a lo cual Edelmira realizó el sueño de conocer a su primera nieta.”



CUIDADO DE LOS ENFERMOS Y ANCIANOS 1


Algunas personas de la tercera edad les molesta que las hagan sentir inútiles, aunque ellas empiezan a sentir que hay algunas perdidas de sus capacidades intelectuales y motoras, como la perdida dela visión, la audición o disminuir su fuerza física y que sus articulaciones no son como las de antes pues les es doloroso moverse con rapidez, incluso sentarse, esto las hace sentir avergonzadas y desvalorizadas. Por ejemplo, cuando se llegan a caer, los hijos y los profesionales de la salud, les restringen las salidas por miedo a que puedan tener otra caída y esta ser más grave, si bien es cierto, que esto les pueda suceder, ya que algunas sufren de  osteoporosis, eso no significa que tengan más accidentes que un niño, pues a partir de ahí  tratan de hacer las cosas con más calma para no tener accidentes. Sienten que ya no les toman en cuenta para las decisiones familiares, ni incluso en sus deseos o necesidades.
Les molesta que los médicos les resten importancia a sus malestares, incluso la manera en que son atendidas. Plantean que por ser “viejas” no existe algún remedio que les aminore el dolor, o bien  les piden ir acompañados de un familiar cuando ellas todavía se sienten bien para hacer su vida cotidiana.
Consideran que los ancianos deben ser cuidados por la familia, así como ellas fueron cuidadas por sus padres, piensan que es una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que les dieron de niñas. Y así como adaptaron la casa para cuidar de sus bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora tal vez sea necesario  cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres, como poner barras en el cuarto de baño y en la regadera, pues han oído mencionar que a los ancianos les da miedo bañarse y creen que es porque tienen miedo de resbalarse o enfermarse.
Consideran que es injusto que los demás hermanos no quieran cooperar con los cuidados de los padres. Aunque socialmente se considera que es una actividad que le corresponde a las mujeres, pues a veces tienen que cuidar a la suegra. Los hermanos ponen de pretexto que ellos se hacen cargo de su propia familia o que viven muy retirados. En algunos casos, si bien les va, solo aportan dinero, suponen que con eso es suficiente su ayuda. En el peor de los casos, los hijos se aprovechan de los recursos económicos de los padres. También se quejan que las madres prefieran ser cuidadas por sus hijos varones, aun y cuando estos realmente ni se preocupan por ellas. Esto para ellas es un motivo de discusiones y enojos y las hacen sentir devaluadas.

De esta forma, los demás hermanos no ponen en peligro su nivel de bienestar social y así eluden  lidiar con el carácter de los padres, que en algunos casos al estar encerrados o encamados, se  sienten  un estorbo se tornan huraños y hasta groseros.

QUIERO QUE ME OIGAS

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías, que mas te disgustan, que las aceptes y que no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas hoy, por lo menos hoy, tu puedes contar conmigo sin condiciones.

Jorge Bucay


MI MADRE TENÍA MUCHOS PROBLEMAS.


Había estado adelgazando peligrosamente y estaba deprimiéndose.
Era irritable, gruñona y amargada.
Hasta que un día, de pronto, ella cambió. La situación estaba igual, pero ella era distinta.
"Viejita -dijo mi padre- llevo tres meses buscando trabajo y no he encontrado nada, voy a echarme unas chelas con los amigos."
-Ah, okey.-Contestaba mi madre. -Ya encontrarás.
"Mamá -dijo mi hermano- reprobe todas las materias en la facultad."
-Ah, okey. -Respondió mi madre. -Ya te recuperarás y si no pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú.
"Mamá- dijo mi hermana- Choqué el carro."
-Ah, okey. -Suspiró mi madre. -llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto muévete en combi.
"Nuera -llegó diciendo su suegra, que siempre la fustigaba y encaraba-, vengo a pasar unos meses con ustedes."
-Ah, okey. -dijo mi madre. -Acomódese en el sillón y agarre unas cobijas del clóset.
Todos se reunieron preocupados al ver estas "no reacciones" de mi madre. Sospechaban que hubiera ido al médico para que le recetara unas pastillas de Alpinchimadrina de 1000 mgs.
Seguramente estaría ingiriendo una sobredosis.
Propusimos hacer una "intervención" a mi madre para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-encabritamiento.
Pero cual fue nuestra sorpresa que, cuando nos reunimos en torno a ella, explicó:
-"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida. Me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi enojo, mi insomnio y mi estrés, no sólo NO resolvían sus problemas sino que AGRAVABAN los míos.
YO NO SOY RESPONSABLE DE LAS ACCIONES DE LOS DEMÁS, PERO SÍ SOY RESPONSABLE DE LAS REACCIONES QUE EXPRESE ANTE ESO.
Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde. He tomado cursos de yoga, de meditación, de Milagros, de Desarrollo Humano, de Higiene Mental y de Programación Neurolingüística... y hay un común denominador: QUE YO SÓLO PUEDO TENER INJERENCIA SOBRE MÍ MISMA, USTEDES TIENEN TODOS LOS RECURSOS NECESARIOS PARA RESOLVER SU PROPIA VIDA.
Yo sólo podré darles mi consejo si acaso me lo pidieran y de ustedes depende seguirlo o no. Así que de hoy en adelante, yo dejo de ser el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, la depositaria sus deberes o su llanta de refacción para cumplir sus responsabilidades.
Los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes."
Todos se quedaron mudos.
Ese día la familia comenzó a funcionar mejor...

Porque cuando mamá está bien, todos en la casa sabrán lo que les toca hacer...
anonimo