lunes, 3 de octubre de 2022

La dichosa preocupación.


La preocupación es un estado de alerta, el cual propone a ocuparse con antelación de algo, es decir, es de carácter anticipatorio, nos avisa y nos ayuda a prevenir, eso le confiere un valor funcional importante, por que nuestro sistema nervioso se activa y facilita la capacidad de respuesta. Se puede considerar como un mecanismo de adaptación que permite la supervivencia y que tiene su base en algo que puede solucionarse o resolverse. Sin embargo, en la actualidad, este sentimiento esta mas vinculado a generar zozobra o nerviosismo.  Surge cuando sentimos dudas sobre el futuro, llegando a ser una cadena de pensamientos que no llegan a una conclusión, ya que a veces sobre una duda surge otra y otra.

 

Algunas preocupaciones se pueden considerar como menores, es decir, que pronto se quedan atrás. Como cuando nos inquietamos por llegar a un evento, cuando estamos esperando que gane nuestro equipo o competidor favorito.

Existen otras que requieren mayor desgaste de energía y atención, pero que pueden ayudar a generar una respuesta, por ejemplo: “me quede sin empleo y empiezo a buscar”, “acudo al médico porque me he sentido mal y empiezo a ocuparme de mi”.  

En cambio, hay otras que persisten en el tiempo y llegan a derivar  en trastornos como ansiedad o depresión. Es ésta donde está más asociada al miedo, parte de una idea  “irracional”, pero que nuestro cerebro se encarga de hacerlo pasar por muy racional, donde toda la información negativa que hemos escuchado, visto u oído se acomoda en nuestros pensamientos, y que suele degenerar la inquietud y la angustia, propiciando en algunas personas que se ocupen en cuestiones sin solución, estas preocupaciones son aquellas donde se dice que se piensa mucho y se hace poco. La persona imagina distintos escenarios creyendo que se prepara para lo peor, pero mientras deja de ocuparse en su presente y de tomar decisiones necesarias para afrontar la situación que si tiene en sus manos. Generalmente se preocupa por cosas que no están bajo su control, es decir,  que no dependen de uno, pero se bloquea y se vuelve inoperante.

 

En alguna van acompañadas con la idea de “y si”, y si llego tarde y no me atiende el medico”, “ahora me siento bien, y ¿si empeoro’” , “y si mi hija se embaraza”, y si me quedo sin casa”, y si “no soy una buena madre o padre”, “y si me asaltan”.

Vivimos con un perceptible nivel de incertidumbre, que cada vez menos podremos saber con el cien por ciento de seguridad que va a pasar en el futuro, o saber que piensan los otros de uno mismo. Simplemente en los últimos años han pasado cosas inimaginables.

 

Si hiciéramos una lista de preocupaciones, de seguro aparecerían las siguientes: mis hijos, mi familia, mi casa, mi salud, el trabajo, la muerte.  Todo el mundo se preocupa de sus hijos, no sería un buen padre o madre si no me preocupara por ellos, ¿seré una buena madre, esposa, hija? ¿estaré haciendo bien las cosas? Nos agobia lo que piensan los demás de mi o bien , de que no me quieran.

Detrás de la preocupación esta la inseguridad y el miedo, pero, como no sabemos aceptar lo que sentimos le ponemos un sin numero de nombres y eufemismos como, “estoy estresado”, “mi pareja no me comprende”, “estoy nervioso”, “qué van hacer mis hijos”, “no sé si mi cliente se interese en mi propuesta” entre muchos. Es mas alarmante cuando es pensada hacia otros,  como cuando vemos que nuestros hijos no estudian, se la pasan en la calle, que se fueron a un evento y simplemente no llegan a la hora esperada a casa, ¿ les habrá pasado algo?. Y es que la sociedad y el aislamiento promueve la preocupación y la culpa, bajo la falacia de equiparar a ambas con el amor, - Si quieres a alguien, debes preocuparte por él o ella-, Frases como: “por supuesto que estoy preocupado por el o ella; es natural cuando quieres a alguien” o “no puedo dejar de preocuparme porque te quiero”, ¿así pruebas tu amor preocupándote lo suficiente? Aunque en realidad no tiene nada que ver con el amor.

 

La culpabilidad y la preocupación son quizá las dos formas más comunes de angustia en nuestra cultura, éstas pueden ser consideradas como dos extremos en una línea, donde el presente se encuentra en medio, la culpa se sitúa en el pasado, mientras que la otra se plantea a futuro. Tanto la una como la otra pueden llegar a ser sentimientos inútiles, ya que pueden ser grandes despilfarros de energía y atención. Con la culpa desaprovechas tus momentos presentes al estar inmovilizado por causa de tu comportamiento pasado, mientras que la preocupación es el mecanismo que te mantiene inmovilizado por algo que esta en el futuro y que no sabes si pasará o no, además, es algo sobre lo que no se tiene ningún control, ambas tienen el mismo propósito inútil de mantenerte inquieto o inmóvil , sobre todo porque repites situaciones pasadas en tu mente para intentar cambiar o corregir lo sucedido, elucubrar en dónde estuvo la falla, imaginas eventos o situaciones futuras, por ejemplo: No puedes esperar a que te respondan un mensaje y llamas para que te den una respuesta. Antes de salir empiezas a cuestionar el plan y dudas en hacerlo, piensas en escenarios catastróficos o bien planificas todo al detalle para tratar de minimizar errores, al final quieres controlar todo y te sientes mal si los eventos no salen como tu quieres.

 

El mundo esta poblado por personas que se sienten pésimamente por algo que no deberían de haber hecho o se asumen asustados y consternados por cosas que pueden llegar a pasar. Todo esta relacionado con la importancia que le des a los problemas.

¡No hay de que preocuparse! ¡Absolutamente de nada! Puedes pasarte el resto de tu vida preocupado por el futuro y por mucho que te preocupes, no cambiarás nada. 

¿Cuántas cosas que te preocupaban la semana pasada, el año pasado, o hace 3 años, no han sucedido?  La preocupación nunca cura nada, pero te roba la vida.

No te obsesiones si algo tiene que pasar, sucederá. Si alguien te tiene que buscar, te encontrará, céntrate en estar en calma. Dedícale tiempo a tus sensaciones, cuanta más atención les des, más las entenderás y mejor sabrás cuestionarlas y gestionar las emociones y las reacciones que generan.

 

No confundas la preocupación con hacer planes para el futuro con falsas expectativas y la actividad del momento presente pues, puede contribuir a que ese futuro sea mejor. Piensa que no es buena señal cuando ésta sólo te inmoviliza o bien te orilla a pensar que tu problema no tiene solución, que no depende de lo que hagas, sino que la respuesta depende de otros. Recuerda que gran parte de tu preocupación se refiere a cosas sobre las que no tienes absolutamente ningún control.

 

Si te preocupa el cambio climático, la polución, la gente desaparecida, o cualquier otro problema social, infórmate de manera seria y sistemática, únete a algún grupo o genera alguna organización de la sociedad civil o genera una para apoyar y hacer algo por estas causas. Recuerda que hay muchas personas interesadas en búsqueda de soluciones de lo que a ti también te inquieta.  

todos hemos dicho mentiras

 

Todos hemos dicho mentiras; desde las piadosas, hasta las que nos pueden salvar el pellejo en determinadas circunstancias., y actualmente se han identificado dos tipos de mentiras, y las motivaciones detrás de ellos. De acuerdo con Psychology Today, estos dos tipos de mentiras son las egoístas y las mentiras de buen corazón, y cada una sirve a los propios fines de la persona que las dice. El primer caso tiene la intención de ayudar a una persona a salir bien librada de alguna situación, la segunda, por el contrario, Un artículo de la revista National Geographic que aparece en la edición de junio, informó la mentira por el bien personal es más común de lo que se piensa. La revista examinó un estudio realizado por Bella DePaulo, una psicóloga social de la Universidad de California, Santa Bárbara, quien le preguntó a 147 adultos las mentiras que han dicho a lo largo de una semana.

Los investigadores descubrieron que las personas mienten en en promedio una o dos veces al día. La mayoría de estas mentiras fueron pensadas para enmascarar deficiencias o para proteger los sentimientos de los demás; y algunas mentiras eran excusas.

Sin embargo, otras mentiras son utilizadas para reflejar una imagen falsa, mentiras que son consideradas graves, que incluso ya entran en el aspecto de convertirse en declaraciones falsas.  Los investigadores concluyeron que la mentira es tan antigua como la lengua, y se vio favorecida por la violencia física, así como por el hecho de obtener el control sobre los demás.

" La mentira es tan fácil en comparación con otras formas de obtener el poder,” dijo Sissela Bok, una especialista en ética de la Universidad de Harvard. “Es mucho más fácil mentir con el fin de obtener dinero algo más de alguien, que golpearlos".

En cuanto a las mentiras de buen corazón, básicamente existen para evitar lastimar a un tercero.

Mentiras de buen corazón son tan comunes que De Paulo escribió un libro sobre él, y cuando la verdad duele: La mentira de ser amable explora la navegación buenas intenciones, junto con el engaño.

¿Cómo saber si te mienten?

Todos somos expertos en la mentira, nos mentimos con facilidad, en pequeña o gran escala y sin importar a quien.  Nuestra necesidad de confiar en los demás, irónicamente nos hace más mentirosos y terribles para detectar cuando alguien nos la aplica, aquí algunos tips para detectar cuando alguien miente:

Cambios en el tono de la voz.

Parpadeo inusual o inquietud.

Utilizar menos palabras en primera persona.

Menor tendencia a utilizar palabras emocionales, tales como dolor o enojo.

Dificultad para hacer contacto visual al hablar (miradas furtivas).

El uso de técnicas para relajarse como tocar el cuello, taparse la boca o jalarse el oído.

La inconsistencia de los gestos / expresiones faciales en contraste con el contenido del mensaje.

 

 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Desmitificando el Sexo en la Primera Cita

 


A pesar del progreso de las mujeres en el arraigo de la culpa asociada a la libre expresión de su sexualidad, hay un mensaje que sigue sobrando y que muchas mujeres han recibido en algún momento de su vida, advirtiéndoles de no tener sexo en la primera cita “porque podría a arruinar sus posibilidades de una segunda cita.” Las señales consecuentes en áreas religiosas, biológicas, científicas y de autoestima relacionadas con este mensaje, van más allá del alcance de ésta publicación. Pero el hecho es que el discurso es muy gris y confuso para las mujeres en cuanto al tema de tener relaciones sexuales temprano en una relación. En lugar de explorar por qué hay diferencias entre las expectativas de los hombres y las mujeres en una primera cita, ésta reflexión está escrita para las personas que sienten el impulso de realizar una apología cuándo se expresan y responden libremente a su propia sexualidad. Es para las personas (mujeres y hombres) que no quieren sentirse culpables por perderse en la experiencia, sin importar el resultado. En su mayoría, cuando las mujeres están saliendo con alguien, tienen embebida en su conciencia la idea de que si ceden a sus deseos en la primera cita, algo se echará a perder a largo plazo. Por lo tanto, tener sexo en la primera cita puede dejar una sensación de vulnerabilidad e incluso vergüenza. Si bien, ésta dinámica puede suceder una y otra vez en el mundo de las citas o encuentros casuales, para muchas se contrapone directamente a la forma en que se comportan en sus carreras y en sus vidas cotidianas, donde se pueden sentir con mayor confianza en el rol que juegan y las funciones de poder que tienen definidas. Una mujer que sigue encontrando maneras de sentirse empoderada, puede a su vez ser más consciente de sus necesidades y deseos para sentirse más libre de actuar en consecuencia de ellos, independientemente de qué tan temprano emerjan en una relación potencial. La dificultad resulta cuando se han entregado a sus deseos, y ahora recuerdan, dolorosamente, a la luz del día que podría haber arruinado el futuro potencial de esa conexión, ya que se entregó a sus deseos “demasiado fácil”. Sí, fue mutuo y recíproco, pero en su mente, y en la mente de mucha gente de todo el mundo, es su responsabilidad si el hombre no las vuelve a buscar otra vez, porque a pesar de que él estuvo involucrado en la decisión, la expectativa sigue siendo que la mujer determine el cuándo y el dónde debe de suceder. La cantidad de culpa y vergüenza a la que potencialmente se exponen las mujeres por actuar sobre sus deseos “demasiado pronto” puede ser confusa y abrumadora, sin importar que tan agradable haya sido la experiencia en ese momento. Ir en contra de la “sabiduría convencional”, especialmente cuando la relación pierde fuerza en las repercusiones, puede contribuir a erosionar su autoestima. Lo que se sintió bien cuando estaba pasando, ahora se ha convertido en una infusión de dudas, inseguridad y la sensación de que algún tipo de auto-compromiso ha sido violado. Hay una fuerte tendencia en el cambio de perspectiva, cada vez más mujeres (y hombres) son capaces de verse a sí mismas bajo un ámbito positivo al correlacionar la decisión de la acción con lo que sintieron en ese momento. Al confrontar los atavismos y todas las señales mixtas de la sociedad, la familia, la historia, la religión, y el resto, resulta injustificable la culpa por expresarse libremente, incluso si más tarde hay emociones más complejas, respuestas y percepciones que lleguen a surgir en los desenlaces de una relación. Es importante ser congruentes en nuestra individualidad con el proceso de selección de pareja, ya sea atendiendo nuestros deseos sexuales en encuentros casuales o si buscamos establecer una conexión duradera en vía rápida  con alguien más. El discurso de perdurabilidad de una relación debe ser ajeno a las señales que enviemos a través de nuestra sexualidad y más atento a las reacciones químicas y provocativas que nos genera una persona (ya sea hombre o mujer). no tengo el nombre del autor

martes, 17 de mayo de 2022

¿Estrés o el que sigue del dos?

 

¿Estrés o el que sigue del dos?

 

Cuando nos referimos al estrés generalmente lo asociamos con aquello que nos preocupa, que nos pone en una situación de angustia y desesperación, donde como se dice “solo le estamos dando vueltas al problema”, sin embargo, esto se puede decir que es ansiedad,  pues esta tiene que ver con el miedo y la preocupación.  En cambio, el estrés es un vocablo que procede de la física, sirve para explicar los efectos que se producen sobre un cuerpo cuando este es sometido a presión. Por lo cual,  este término está considerado como una limitación de recursos,  cobra el significado “de tener prisa e impaciencia”,  por ejemplo, esto tiene que ver cuando una persona trabaja sobre presión, sobre una urgencia, sobre sentirse vigilado entre otros.

Existen muchos mitos alrededor de este, generalmente relacionados con algo negativo, malo para la salud, sin embargo, este no es una enfermedad, ni una disfunción, ni un trastorno, y aunque no se considera una emoción esta ligado a ellas. Se puede decir, que este es un proceso vital de adaptación y como mecanismo nos permite crecer como personas.

El estrés es lo que experimentamos cada vez que tenemos que llevar a cabo una actividad de cuyo resultado dependen importantes consecuencias para nosotros. Es por ello que se le ha considerado como sinónimo de escasez de tiempo. Es presión, demanda o exigencia de respuesta, digamos que es todo ello que en una situación en la que nuestro futuro y nuestro bienestar pueden depender de la eficacia con la que realicemos nuestra conducta; es decir, lo que puedo ganar o perder a consecuencia de mi actuar.

 El estrés dependerá de la situación que se presente o bien cuando no tenemos nada que perder,  por ejemplo, nos piden que caminemos por unas vías del tren a nivel tierra, seguramente lo haremos sin dificultad y no habría problema ya que  en caso de pisar mal podemos tocar el piso y sentirnos a salvo, pero si nos pidieran esa misma tarea a  cien metros de altura, la cosa cambiaria, ya no seria una tarea fácil, aquí, un desliz tiene un coste importante,  esta en juego nuestra propia vida, mientras que en el primero podríamos considerarlo como un juego.

Se podría definir al estrés como a la presión que experimentamos cuando sabemos que tenemos que realizar algo y, dependiendo de la eficacia con que realicemos esa actividad, habrá consecuencias positivas, a este se le conoce como eustrés, o negativas o demoledoras para las personas, es llamado distrés.  

En algunos casos, a algunas personas realizan mejor su actividad bajo condiciones de presión que cuando pueden tener mucho tiempo para realizarla.

En el humano es posible enfrentarse al agente estresante, puede tener acciones como el huiro derrotarlo, y cuando no puede hacer alguna de estas dos, este se mantiene y se  protege al máximo para que los efectos del agente sean mínimos, para ello cuenta con la posibilidad de comunicar lo que piensa, lo que siente y lo que quiere hacer, pero también el hombre puede suponer o imaginar cosas  terribles que le puedan suceder.

Existen dos formas de estrés, el agudo y el crónico. Cada vez que ocurre algún acontecimiento importante que nos exige una respuesta inmediata, no importa que esta respuesta sea buena o mala,  hablamos de estrés agudo. Pero cuando no tenemos una respuesta apropiada, pues no habrá mas remedio que resistir hasta que se encuentre una respuesta apropiada, a esto se le llama estrés crónico. Donde el individuo se encuentra en una situación duradera en la que se tiene que estar dando respuestas de manera continua.

 

Se puede decir que existe una especie de barrera protectora  que mientras mas solida y alta sea es mas difícil que la atraviesen los estímulos potencialmente nocivos para el individuo, pero aquellos que si la llegan a superar son capaces de hacernos sufrir.  Se puede apreciar que el estrés entendido como presión o exigencia que tenemos que superar, aparecerán pensamientos positivos o negativos dependiendo de si controlamos o no esa situación. De esta forma, nuestro estado de animo influye considerablemente en nuestra fortaleza, una postura negativa nos debilita, ya que nos vemos incapaces de conseguir cualquier objetivo.

La respuesta del estrés siempre depende del significado que el estimulo en cuestión tiene para mi. Durante este tiempo el individuo puede resistir hasta encontrar una respuesta apropiada, pero llegara un momento en el que nuestras energías  comiencen a debilitarse y es posible que ocurra una especie de colapso, generar un desequilibrio, ya que una persona que no pueda soportar más presión que la que le permite su capacidad de resistencia, al menos que se presente descansos durante breves periodos de tiempo. Tengamos presente que en el ser humano la presión es física, psicológica y social.  De cada uno de estos ámbitos recibe exigencias de conducta que el individuo debe cumplir. En cuanto a la psicológica la presión suele ser externa e interna, en donde la mayor de las veces pesa más lo que el individuo puede autoimponerse el canon de conducta mas exigente que lo que sociedad le propone.

 

Los masajes o las relajaciones son una forma de reducir el estrés, también se recomienda comer bien, hacer ejercicio, hacer amistades pero lo mas recomendable es hacer una reestructuración cognitiva y enfrentar nuestros problemas

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

dia del hombre

 

¿Es difícil ser hombre? ¿O ser un hombre de verdad?

Este 19 de noviembre fue el Día del Hombre, ¿también tienen su día?, en efecto, y tiene el mismo sentido que el Día de la Mujer, si bien su origen fue para concientizar sobre los problemas de salud de ellos, actualmente esta sirviendo de marco para reflexionar sobre la masculinidad moderna, sobre los nuevos modelos positivos, camino en el cual las mujeres nos llevan una gran ventaja.

En este sentido, ser un hombre de verdad, tal vez sea una pregunta que pocos hombres se hacen, o tal vez sea una pregunta que se siguen formulando los adolescentes.  “Se un hombre”, “responde como hombre”, “Compórtate como un verdadero hombre” son frases que se pueden escuchar a diario, pero no se logra entender bien su significado. A este respecto, Elizabeth Badinter, menciona “Implica que no se es algo que se dé por sentado y que la virilidad puede no ser tan natural como pretende”. Se dice que, para el hombre, la búsqueda de su identidad es más compleja que para las mujeres, pues para él se requiere aceptar y asumir un papel cultural que tradicionalmente se le exige ser, y eso puede ser hasta arbitrario y discrecional por parte de quien detenta algún poder.

 El problema es que no basta con nacer hombre, aunque ya mostrarse como tal, es recibir una crianza basada en un privilegio, pero a diario un macho tendrá que demostrar a la sociedad que realmente lo es. Freud hablaba que las mujeres tenían el complejo de la envidia del pene, y según algunos de sus seguidores, él se refería a que ellas lo que verdad envidiaban es la serie de privilegios que él tiene solo por ser varón, pero también existe en el imaginario social el miedo a ser catalogado como homosexual o afeminado como si eso fuera lo peor.

 A veces se dice que las mujeres prefieren a los hombres “verdaderos” con clara connotación sexual y genital, l busqueda de un macho, un real macho que me domine y para la idea opuesta se acuñó el clásico “pareces nena”, también figuran el “quiero encontrar en mi vida un verdadero hombre”, “un hombre en amplio sentido de la palabra”, algo difícil de entender, pues cabría preguntarse a qué se refiere “verdadero” y en qué contextos es válido.

 En nuestra sociedad mexicana, el modelo tradicional masculino es el que define cómo deben sentir, pensar los varones y dicta las normas de lo que les está permitido o prohibido hacer. Aunque dichas normas no son muy rigurosas y fundamentadas. Sin embargo, la masculinidad es un conjunto de características, valores y comportamientos que una sociedad impone como el "deber ser". Entre algunos de los atributos que se deben poseer para considerarse como un “verdadero hombre” están ser poderoso, fuerte, rudo, ocultar su miedo y su dolor, se fomenta la competencia entre ellos, en todos los ámbitos, incluido el sexual, y se expresa en poseer más mujeres, ser dominante, triunfador, seguro de sí mismo, decidido, agresivo, fuerte, arriesgado, poco emotivo.

 La práctica de lo masculino suele identificarse con experiencias extremas, como el ganar batallas, seducir a mujeres o ejercer el mando, demostrar que eres más capaz que otros congéneres, ¡La pura adrenalina! Todo eso significará que serán más hombres y que tienen un material genético superior que merece ser trasmitido de manera prioritaria, se convierten en un “buen partido”.

 Debe ser el proveedor de la familia, lo cual es una gran responsabilidad para él y que ciertamente lo libera de las tareas domésticas y cuidados. El hombre es el que sabe hacer casi de todo, ser mecánico, plomero, electricista, etc., saber resolver cualquier tipo de problema que se presente, estar siempre presto a las relaciones sexuales. Además, como lo masculino debe ser lo contrario de lo que se considera femenino, tiene prohibido manifestar emociones como la ternura y la delicadeza, o sentimientos de debilidad como el llanto, el miedo y la inseguridad. Habrá que tener mucho cuidado de no caer para no perder la hombría.

 Se impone una manera rígida de comportarse, basada en aspectos de poder y de violencia, características que él debe mostrar y reafirmar constantemente, es decir, siempre debe estar demostrando lo macho que es, aunque se equivoque, se contradiga y haga el ridículo en el intento.

 Aunque en nuestra sociedad se espera que un hombre llegue a pensar, sentir y actuar conforme a un modelo de lo masculino, es difícil que algún hombre llegue a cumplir con todas estas exigencias. Lo mismo ocurre con las mujeres, toda vez que tienen que demostrar día a día que son femeninas y cualquier comportamiento fuera de este pueden ser catalogadas como marimachas.

 Sin embargo, bajo estas premisas, los machistas no toleran ser contrariados y en muchas ocasiones se niegan a escuchar opiniones distintas, esto suele manifestarse como necedad; “no me importa lo que piense la gente”, como una forma autoritaria; “yo soy el que manda aquí”, incluso llegan a considerar poco varonil el tener que pedir perdón y rectificar. Cómo los conceptos de cómo ser hombre no son claros y específicos, se generan tantas ideas falsas en torno de cómo comportarse y no parecer mujer, que pueden entrar ideas que se nos pueden parecer inverosímiles, por ejemplo, para algunos el baile está considerado como un afeminamiento, en especial si piensan estudiar danza. Algunos no desean ir al médico, pues rompe con su concepto de macho, de soportar dolores y de verse avergonzados. Otros no quieren usar alguna crema en su piel, pues es algo femenino tener las manos limpias y cuidadas, incluso comer verduras y ensaladas, y así se podrá hacer una gran lista. Esto comprueba que no todos asumen el rol masculino en forma hegemónica y automática, pero estas preconcepciones se dan en una amplitud en el imaginario social.

 Esto parecería ser propio de generaciones del pasado, pero aún hoy los chavos se burlan entre ellos, al decir “qué señora eres” o “siéntese ñora” si alguien se atreve a hacerse cargo del lavado de su ropa, de prepararse sus alimentos o no excederse en el consumo de alcohol y sustancias.

 Grayson Perry, ha escrito un manifiesto para hombres titulado “La Caída del Hombre”, en el año 2018, donde analiza con humor fenómenos tan masculinos como la violencia, el exhibicionismo físico y la competitividad. Menciona que todo hombre simplemente por nacer con pene recibirá una educación diferente y siempre será a partir de un privilegio, más aún cuando este es blanco, rico y heterosexual. Su mirada del mundo será a partir de ese privilegio.

 La contraparte de esta supremacía es que hoy por hoy son hombres quienes mayoritariamente incrementan las estadísticas de violencia, ya sea muertes o lesiones, son perpetradores de crímenes de alto impacto y más propensos al fraude y la corrupción, también son más proclives a las adicciones, los desórdenes mentales y las enfermedades, principalmente las crónico degenerativas. Bajo esta óptica algunos expertos empiezan a poner en duda de alguna manera al patriarcado como sistema de opresión, porque resulta que los opresores pagan un altísimo costo, aun así, confirman que el machismo campea y seguirá muy presente como fenómeno medible y demostrable.

 Una de las propuestas que propone Grayson Perry, es renunciar a la voluntad de poder y asumir las emociones como parte esencial de nuestra felicidad.

 ¿Qué pasaría si redefiniésemos la vieja, machista y anticuada versión de la masculinidad para abrazar una nueva manera de “ser hombre” ?, hasta ahora han sido las mujeres las que han encabezado el debate sobre el género, al fin y al cabo, han sido ellas las que se han visto más oprimidas por sus restricciones, en el sentido de que se le adjudica un rol pasivo al respecto.

 Sin embargo, como ya dijimos, también el hombre ha sido víctima de sus propios entuertos, aun y cuando éste ha estado privilegiado, porque recibe beneficios y no quiera arreglar algo que supone que está bien. Por lo mismo, retomando a Grayson, la masculinidad podría ser una camisa de fuerza que está impidiendo ser ellos mismos y en su afán de dominio se están descuidando aspectos esenciales de su propia humanidad. En esa lucha por querer ser masculinos, podrían estar impidiendo que su Yo sea más feliz y menos atormentado. Sin embargo, cada hombre tiene la capacidad de decidir si está de acuerdo con los patrones de conducta impuestos, o bien, prefiere vivir su masculinidad de manera diferente, a modo de que no exista una, sino muchas masculinidades.

 Afortunadamente existen hombres que fueron educados fuera del machismo tradicional y otros que desde pequeños se han estado cuestionando acerca del “deber ser un hombre”, y han optado por un cambio, situación que no es fácil, ya que tanto hombres como mujeres no lo ven con buenos ojos, así que muchos de ellos tendrán que afrontar en sus culturas todo tipo de burlas, hostilidad y cuestionamientos acerca de su hombría. Saben que, al actuar con valentía, cuestionar las normas, alzar la voz y hacer públicas sus creencias y emociones se arriesgan a ser marginados y atacados por ser considerados raros y trasgresores.

 Es de vital importancia que sepan que existen grupos de hombres que están apoyando a otros y en búsqueda de nuevas masculinidades, donde se reconoce que no es suficiente con ser buenos o sensibles con las mujeres, que no es suficiente con combatir el sexismo y la violencia masculina y su poder autodestructivo, sino que su lucha debe encaminarse en acciones proactivas, estratégicas, positivas, concretas y asumirlas con determinación y compromiso para erradicar las pautas de opresión, y junto con ello también sumar causas como el caso de la lucha contra el clasismo, el racismo y la homofobia.

 

 

 

 

 

lunes, 6 de septiembre de 2021

¿pinches necios o aprendi a vergonzarme?

 

No recuerdo en que momento de mi vida leí el soneto de Sor Juana Inés de la Cruz: Hombres necios que acusáis a la mujer y durante años me estuvo dando vueltas en mi cabeza, no sé si esta monja Jerónima fue una de las primeras feministas, sin embargo, escribió este soneto en 1690, un clásico del barroco novohispano, donde plantea que los hombres ocasionan el comportamiento sexual femenino y ellos mismos lo censuran. Es una crítica a la postura del hombre ante su actitud hipócrita, egoísta e impulsiva, donde deja claro su desacuerdo, de la desigualdad y la injusticia hacia la discriminación de la mujer.

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

 

 

Hace una defensa a la mujer en el mundo patriarcal e injusto, muestra los defectos de los hombres, los mismos para calumniarlas. Hace mención a dos figuras de la mitología grecolatina, Lucrecia y Thais, la segunda una cortesana ateniense la alude como símbolo de deshora y falta de moral, y Lucrecia una mujer romana bella y honrada, quien acabo con su propia vida tras ser violada, la coloca como un signo de pureza honestidad. Thais es la mujer que los hombres pretenden como mujer, pero como esposa esta la honestidad de Lucrecia, son de cualidades opuestas, pero reiteran la contradicción permanente de los hombres.

Siento que el soneto resume perfectamente este acontecer histórico dónde las mujeres se sienten culpables, preguntándose si ellas hicieron o no algo para provocar un ataque. Tanto las mujeres que han sido violadas u hostigadas llegan a preguntarse si hicieron o no algo para provocar el ataque, así como también, cuando una mujer sufre un aborto espontaneo, cuando algún chico se masturba frente a ella en el transporte público, cuando es acusada de darle pecho a su crio en la calle, cuando se pone ropa ajustada, mujeres que ocultan sus senos ante la mirada de otros.

Y es que las mujeres desde niñas se les va fomentando un sentimiento de culpa, por lo que hacen, por lo que no hacen, por lo que piensan, sienten o dejan de sentir, por gozar de su sexualidad. Reclamando el derecho de poder vestirse como quieran y no sentirse culpables de ello, si se arregla mucho, se interpretará como que busca seducir, si no se maquilla, es que no cuida su apariencia. Si usa falda corta o larga de cualquier modo tendrá connotaciones sexuales.  De sentirse culpables por ser las provocadoras, cuando en realidad, ellas no lo hacen con dolo.  Existe una doble moral que siempre pone en desventaja a las mujeres, donde se establecen valores antagónicos para ambos sexos, en ellos se valoriza la “promiscuidad” y en ellas la castidad, esta diferencia al contraponer intereses conduce a un conflicto. Un hombre que acumula “conquistas” es admirado, mientras que si una mujer hace los mismo afectará su reputación.

 En la historia de la humanidad se crearon una jerarquía de leyes y normas de conducta con el fin de establecer una convivencia entre las personas, pero cuando estas normas no se cumplen el remedio es culpar y/o castigar, por lo que “el origen de la culpa es social, aunque la experiencia de la culpa sea personal”, Carlos castilla

El sentimiento de culpa esta determinado por factores familiares, sociales, culturales, religiosos y personales, sentimos culpa ante muy diversas situaciones y hay infinitas razones por las que a veces nos sentimos culpables.

 Actualmente, este concepto es una problemática central del sujeto, ya que la culpa no solo tiene que ver con las acciones del sujeto, sino también con los pensamientos, es decir con las fantasías de realizarlas. Es aquí lo interesante, porque todo análisis se basa no en la exoneración de la culpa de lo cometido, sino en la posibilidad de la verbalización de lo inconfesable.

 La culpa llega a robarnos el sosiego y la felicidad, es un sentimiento agrio y punzante que nos produce una intensa sensación de malestar, se dice que es un arma de dos filos, como un sentimiento positivo, es para darnos cuenta de que alguna acción que hicimos no fue de acuerdo a nuestra ética moral y poder enmendarla, en este sentido, es como un barómetro que nos ayuda a controlar nuestros impulsos, a ser más delicados con los demás y nos induce a subsanar los daños producidos por otros. Sin embargo, como un sentimiento negativo a veces nos zarandea y domina por completo el pensamiento, hasta destruir cualquier resquicio de tranquilidad interior o hasta hacernos sentir que perdemos la cordura, ya que este sentimiento no sólo es capaz de manipular y controlar nuestras acciones y pensamientos, sino que puede lograr que uno vaya en contra de su voluntad, metafóricamente hablando, puede ser como una costra que tiene varias capas que necesitan ser sanadas para seguir con nuestra vida, pues nos puede conducir al autocastigo. Y es que su base es el sentimiento de la vergüenza, nos sentimos apenados por algo que hemos dicho o hecho. cuando no podemos controlar nuestra conducta y reaccionamos de forma agresiva y sentimos ira, o cuando actuamos de forma perversa o con dolo.

 

El concepto de culpa, en el ámbito jurídico, se define como la omisión de la conducta debida para prever o evitar el daño; se manifiesta por la imprudencia: que es la inexcusable negligencia con olvido de las precauciones que la prudencia vulgar aconseja. Ante estas ideas, nos aparece la culpa, al sentir que no fuimos lo “suficientemente precavidos” ante una situación, dejar de cumplir un acto que el deber funcional exige o bien por la falta de pericia, sabiduría, practica, experiencia y habilidad en una tarea específica. Situaciones que por el simple hecho de desconocer o no tener una habilidad, no deberíamos sentirnos culpables.   

  Dentro del Derecho se menciona otro termino llamado “dolo”, el cual es la voluntad deliberada de cometer un delito a sabiendas de su ilicitud, es decir, que implica la voluntad maliciosa de engañar a alguien o de incumplir una obligación contraída. En este sentido, la culpa debe surgir cuando hacemos daño a alguien y estamos conscientes de ello, puesto que muchas veces llegamos a decir algo y eso puede ofender al otro, pero no se tuvo la intención de hacer daño.

  A veces se siente la culpa por algo que no hicimos, pero creemos que tuvo que ver con nuestro comportamiento o nuestro pensamiento, es una culpa que tiene que ver mas con un carácter social e histórico, con una culpa históricamente asociada a la mujer que tiene que ver con el sentimiento de vergüenza,

 Desde hace cientos de años, la mujer ha sido vista en varias culturas como un ser culpable, es especial, el judaísmo, cristianismo y el islam, en ellas se ha tenido un fuerte rechazo a las mujeres por considerarlas criaturas impuras y pecadoras, que han sido enviadas por demonios para extraviar a los hombres, ser la tentadora, la que destapo todos los males, con el concepto de que son ellas los impedimentos de la virtud y quienes conducen hacia todos los vicios, la impiedad y la ruina y que en el fondo les produce un profundo sentimiento de vergüenza y pudor, (prueba de ello, ha sido que fueron obligadas  a cubrir su rostro y/o cuerpo).

 En el génesis a la mujer se le pone como aquel ser que incita a Adán a desobedecer a Dios. En las cartas del apóstol San Pablo se dieron a entender las características de la buena esposa. En ellas se recomienda que sea sumisa, porque el marido es la cabeza de la mujer, como Cristo lo es de la iglesia. (Ef5:239. En la Epístola a Timoteo establece que las mujeres deben vestirse decorosamente, con pudor y modestia, recomienda que la mujer no domine al hombre y se mantenga en silencio, puesto que se le debe obediencia y respeto a este, ya que Adán fue formado primero y la mujer fue quien incurrió en el pecado (1tim 2:15). Se puede apreciar como de aquí se desprendieron una serie de consecuencias para la imagen de la mujer, como la de ser culpable, débil, frívola y más tarde, emparentada al mal, asociada con los demonios y la brujería.

Muchos mitos sobre mujeres fantásticas como las sirenas son seres mitad animal y mitad mujer, por ejemplo; en el rey Lear de Shakespeare las describe: “De cintura para abajo son centauros, aunque sean mujeres por arriba. Hasta el talle gobiernan los dioses; hacia abajo, los demonios. Ahí está el infierno, las tinieblas, el pozo sulfúreo, ardiendo, quemando; peste, podredumbre.

En la actualidad sabemos que las brujas fueron mujeres que planteaban un desafío a la estructura de poder y eran conocedoras de herbolaria. Sin embargo, en la historia de la psiquiatría de F.G. Alexander cita que “las brujas acusadas aliviaban su culpa confesando sus fantasías sexuales en la audiencia pública; al mismo tiempo, alcanzaba cierta gratificación erótica al detenerse en todos los detalles ante sus acusadores masculinos”.

Hasta hace poco las leyes seguían culpando a la mujer violada o con hostigamiento, también lo podemos apreciar que hasta otras mujeres las juzgan como provocadoras, ya sea por como se visten, por su caminar, por andar solas en las calles, por no tener un hombre que las proteja, sin pensar que ellas mismas podrían ser parte de ello.

 

Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo, de mis actos, de mis pensamientos, que lo que pienso es absurdo, aprendí a preguntarle a la vergüenza cómo vestirme, sí ponerme faldas, de ir a la playa, de comer o llorar en la calle, de ir sin sujetador, de salir con o sin maquillaje, no vaya a ser que alguien pensara que voy buscando gustar, destacar. Anónimo.

¿doble cara o moral ?

Seguramente te has encontrado con personas que juzgan y hasta condenan a otros lo mismo que ellos realizan tratando de no ser vistos y lo peor es que si los atrapas ellos lo niegan o tienen la justificación perfecta.

A ese tipo de personas, es a lo que comúnmente llamamos “doble moral”, generalmente lo usamos cuando a una persona o institución se le acusa de ejercer un criterio distinto o usan una doble norma a diferentes personas o grupos, es decir que injustamente se le da más libertad de comportamiento a uno que a otro. Y se nos hace injusta porque viola el principio de justicia llamado imparcialidad, nos puede llegar a enojar porque no aplican los mismos criterios a todas las personas permitiendo así un favoritismo donde entran sus propios criterios.

El siglo de la Reina Victoria representó más que el nombre de una reina inglesa, en este mundo burgués los valores cambiaron de sentido y se acrecentó un mundo de valores rígidos. Para los victorianos el hogar era santo, es decir que la familia burguesa idealizó una nueva familia que se distinguió por su aspecto espiritual remoto, etéreo e irreal, una lugar sagrado y donde se convirtió a la sexualidad en sinónimo de matrimonio y procreación, lo que generó una doble moral inevitable y aumentando con esto la capacidad en la población de vigilar  y a la vez de emitir juicios en la contra de otros, convirtiéndose en una práctica común en la vida cotidiana, aunque esta sea condenable. quien la sufre termina indignado, molesto, con rabia por la injusticia, pero quien la ejerce siempre negara que se está aplicando o bien dará una razón no muy convincente pero lo que buscara es dar por terminada la conversación, un ejemplo de ello, un hombre que condena el adulterio mientras mantiene a una amante y, además, juzga negativamente que su esposa llegue a tener también uno, incluso hasta le prohíbe tener amigos, es decir, socialmente, el adulterio es aceptado para un esposo y negado a una esposa. Del mismo modo, un hombre que tiene relaciones sexuales con muchas mujeres puede ser llamado "galán" o "don juan" y ser calificado positivamente, mientras que para ella que tiene sexo con muchos hombres puede ser llamada “prostituta", "perra", "puta", “zorra” “mujerzuela” entre otras, siendo calificada negativamente.

En la mayoría de los casos, esta doble moral va de la mano de un machismo o de un privilegio de poder, porque la idea es trasmitir que “yo puedo hacerlo, pero tú no”. También puede presentarse en mujeres, donde ellas critican a sus congéneres sobre su comportamiento cuando ellas, si lo pueden hacer, como usar un tipo de vestimenta, de frecuentar amigos, de llegar tarde a casa, incluso de tener varios compañeros sexuales. Claro esta que cuando son descubiertas suelen ser mas señaladas, pero en el caso del sexo contrario, ellos se comportan de una manera más solapada, como quien dice, son los que lanzan la piedra, pero esconden la mano, ellos se colocan en el lugar que consideran que lo que hacen es lo correcto, y por consiguiente los demás están equivocados y son más tolerados socialmente. Y los vemos en todos lados, hay quienes critican la corrupción y sin el más mínimo descaro hacen sus propios ‘torcidos’; conocemos a ‘defensores’ de derechos humanos que, en cada acto de sus vidas, atropellan a la gente; Cuántos aparentan tener un matrimonio modelo y en la intimidad de sus hogares ‘sobresalen’ por el maltrato familiar. Por lo tanto, ante la acusación de un trato desigual, lo que se da es una justificación "adecuada" para el tratamiento diferente y no un empeño en eliminar el trato desigual propiamente dicho. Este mecanismo es muy común en los centros de poder, como las religiones y los gobiernos.  Y aunque esa es una práctica que se condena, muchos se han convertido en ‘especialistas’ en esta forma de ser.

Se podría decir que la gente que vive en esta doble moral, son unos grandes mentirosos y generan una gran red de mentiras que al final dañaran las relaciones familiares, con los amigos y hasta profesionalmente, Cuando nos encontramos con gente así se crea un clima de desconfianza, que nos hace daño y a ellos los obliga a vivir en un mundo irreal y falso. Lo más grave del machismo, en el caso de los hombres, es que se apropien de él y lo manifiestan como un derecho exclusivo mientras lo niegan para las mujeres o para otros.

Debemos poner los pies sobre la tierra y de entablar un diálogo sincero con nosotros mismos y aceptar que no somos perfectos.