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jueves, 29 de julio de 2021

ese miedo a la homosexualidad o parecer femenino.

 El artista ingles Grayson Perry, icono cultural en su país, ha hecho mención de que existe entre el imaginario social un terrible miedo a que los hombres demuestren conductas femeninas, asi como tambien que el hijo “salga” “homosexual”, se asume que el ser hombre se da de una manera “natural” pero ¿qué pasa con los niños cuya conducta no es naturalmeante masculina? ¿Qué sucede sin son tímidos o no les gustan los juegos “viriles”? Muchas veces los niños viven en una presión extremadamente agresiva, viven con gran dolor, en medio de burlas, imposiciones y castigos que fueron sometidos por sus padres, hermanos y compañeros para evitar que parezcan afeminados.

Hace mención de que existe entre los hombres un miedo hacia la homosexualidad donde cualquier hombre debe estar cuidándose para no parecerlo, de despreciar lo femenino como algo inferior a lo masculino, y se puede apreciar en frases como “pareces niña”, habla o grita como hombre” no usar ciertos colores o prendas de vestir llamativas, lo difícil de que un hombre reconozca que otro sea guapo, (cuidado, “a poco te gustan los hombres”).

Los padres evitan dar muestras físicas o verbales de amor a sus hijos por este mismo temor de que crezcan “afeminados”, de esta forma recibir o prodigar ternura es acercarse a un terreno peligroso llamado homosexualidad.  También es mal visto que los hijos pasen su tiempo en compañía de mujeres en lugar de estar con hombres. La idea de que los niños podrían “contaminarse” e incluso volverse homosexuales, si juegan con las niñas deriva más de la homofobia que desde cualquier sustento real, al igual la idea de que las niñas deben mantenerse lejos de los niños para conservar su feminidad y su inocencia es igual de absurda.

Los padres al ver que sus hijos varones prefieren juegos “poco masculinos” o por el contrario en el caso de las niñas que prefieren algo mas “rudo”, les invade un terror y hasta se sienten convencidos que se volverán maricones o marimachas. Consideran prohibirles juegos, sin embargo, Al igual que muchas mujeres  que de niñas disfrutaban de juegos como futbol, andar en bicicleta, burro castigado, coleadas, burro tamalado, cebollitas, bote pateado, subirse a los árboles, en fin, jugar aquellos juegos rudos, no fue motivo para volverlas lesbianas, al parecer las hicieron ser empoderadas. Un ser homofobico puede ser una persona con un miedo terrible de ser descubierto.

Dice la Psicóloga Marina Castañeda que “no existe manera alguna de pronosticar cuál va a ser la orientacion sexual de un niño, no hay evidencia alguna de que demuestre que los niños afeminados o las niñas marimachas vayan a ser homosexuales.” se ha demostrado que no existe un ambiente especifico, ni la ausencia del padre, ni el apego a la madre, ni el autoritarismo, ni el niño violado, o seducido por un adulto, Tampoco si falto el padre, que si era alcoholico, si la madre fue muy cariñosa, si el ambiente familiar era machista, sean elementos que definan si un hijo sera lesbiana u homosexual o cualquier otro, al contrario, es mas facil suponer que por presion social muchos miembros del lgbtt tiendan aparentar una doble vida, algunos se casan para que no sospechen de su homosexualidad,  en lugar de vivir plenamente su sexualidad. Mucha gente a tratado de negar o cancelar su homosexualidad durante décadas enteras, sin lograr apagar jamás su deseo físico y la necesidad emocional de estar con alguien de su mismo sexo.

Freud, siempre hizo hincapié en la bisexualidad psíquica de hombres y mujeres, declarando “todos los individuos humanos en virtud de su disposición bisexual combinan en sí características tanto femeninas como masculinas, de modo que la masculinidad y feminidad puras no pasan de ser construcciones teóricas de contenido incierto, tenemos gestos de ambos padres.

Freud no creia en un solo tipo de homosexualidad, ni en una causa unica; su pensamiento es demasiado complejo para encerrarse a una teoria absoluta y mas bien formulo diferentes acercamientos al tema. No hay ni una sola causa ni una forma unica de la homosexualidad. Y quiza tampoco la haya de la heterosexualidad. Si pensamos en la infinidad de formas que adoptan las relaciones entre hombres y mujeres, y cómo cambian según el lugar y la época historica, parece dificil imaginar una sola teoria de la heterosexualidad. Es importante dejar en claro que, si algunos niños viven su sexualidad sin prejuicios, para otros es un largo caminar, donde tendrán dudas constantemente sobre su persona, a veces pensando que sí estarán en el lado correcto, es decir, para muchos puede ser un proceso que tarde años en definir su propia sexualidad.

La orientación sexual no es algo que uno puedo elegir libremente, aunque haya estado de moda, en cierto momento, hablar de “opción” o de “preferencia” sexual, si esto fuera posible muchos homosexuales o heterosexuales dejarían de serlo, como suelen decir muchas mujeres decepcionadas de los hombres que preferirían ser lesbianas, como si eso fuera a solucionar sus problemas. Pero se sabe que las probabilidades de cambiar de orientación sexual son nulas aun y cuando cualquier persona se someta por su propia voluntad a tratamientos médicos, psiquiátricos o psicológicos con ese fin. Buscar causas de la homosexualidad es buscar las causas de la heterosexualidad o bisexualidad, en última instancia de la propia sexualidad.  

En todas las sociedades existen homosexuales, que, sin dejar de ser hombres biológicamente idénticos a los heterosexuales, presentan maneras diferentes de vivir la masculinidad. Hasta hace algunos años, los medios de comunicación apostaron por un estereotipo, planteando que los homosexuales eran seres extraños o seres “afeminados”, que se visten con colores delicados, su mente es pasiva y su apariencia física es frágil, generando una idea de que no aportan ninguna contribución a la sociedad. A su vez generaron la idea de personas que se dedican a der decoradores, meseros, peluqueros de señoras, maquillistas, actividades relacionadas con el arte.  con preferencia de vestir prendas femeninas, en fin, algunos dirían como una especie de Patiño. Hoy en día se sabe que muchos homosexuales tienen un comportamiento tan “heterosexual “y se les encuentra en todas las profesiones imaginables, incluso el cuerpo médico, clero y ejercito. política, deportes,.Grandes artistas, cientificos, pensadores, lideres, en la historia fueron homosexuales o lesbianas a quienes se les debe una contribución significativa a la sociedad, por ejemplo, escritores como Óscar Wilde, Federico García Lorca,………………. , tchaikovsky, rimbaud,

Marina Castañeda menciona que en su experiencia como psicóloga ha constatado que en general los hombres gais están mucho más conscientes de sus emociones, tiene un rango mayor de sentimientos permitidos y están mucha más dispuestos a expresar y a trabajar en su vida afectiva, pero que son tan discriminadores, como cualquier heterosexual

Concluye no existe manera de saber si un niño va a ser homosexual, bisexual, asexual, monje benedictino, abogado, travesti, no hay forma de “prevenir” ni de cambiar uno u otra forma de la sexualidad humana. Lo único que está al alcance de los padres de cualquier niño es darle amor y apoyo incondicional. Sea lo que fuera el futuro adulto en términos de su orientación sexual, siempre será mejor para él haber tenido unos padres cariñosos y solidarios, que unos padres críticos y represivos.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Mujeres y hombres, distintos, pero desiguales por el privilegio


Engels escribió que la familia monogámica surgió como una necesidad para la acumulación del capital en una esfera pequeña dentro de un régimen social, en la cual no importaba el amor o las relaciones personales, puesto que eran los padres quienes concertaban las bodas de sus hijos. Lo importante era concentrar el capital y asegurarse de que este no saliera del grupo familiar, para lo cual se le exigió a la mujer obediencia, castidad y la más estricta fidelidad conyugal para asegurar que los hijos fuesen herederos directos de la fortuna del padre. Por lo tanto, la relación familiar se fundó en el poder del hombre, siendo él el único que podía romper el vínculo conyugal.
A partir de entonces el varón ha estado en una posición de privilegio ya que es celebrada la llegada de un niño a la familia y más si este es el primogénito. Como será el futuro heredero se le se le da un trato prioritario y contará con predominio sobre la mujer. Se le consiente, se le cuida, se le da más atención, se le anticipa a sus más mínimos deseos y necesidades ya sean reales o imaginarias. Su vida es más permisiva, se le alienta a participar en eventos donde pruebe su valor e independencia, se valora más su opinión, se le da mejor de comer, entre otras ventajas.
Desde pequeños, a los varones se les da medios para ser seguros de sí mismos y ejercer el poder, y aunque los padres tengan el discurso de que a hijos e hijas “se les trata igual”, muchas veces no es cierto, el resultado es que suele haber distingos entre los hermanos, conforme a su sexo. Esto no solo repercute en que en el momento presente se les otorguen desiguales oportunidades, sino que, una vez que estén fuera del ámbito estrictamente familiar, las hijas tendrán que hacer frente a desigualdades históricas que sufren las mujeres, con menos herramientas que las que sus pares varones tienen a su alcance.
Asimismo, los padres podrán decir a las hijas “nunca te has quedado sin comer”, si se atreven a reclamar, aunque aun hay niñas que no tienen una cama donde dormir, y los hijos varones sí. Pero más aun, cuando se trata de las niñas, todavía se les concibe como si no merecieran una visión de futuro, su propia visión de futuro, es decir, es posible que se cubran sus necesidades básicas pero no las estratégicas, para transformar su realidad. En las familias más acomodadas era común la expresión de las chavas universitarias de los setentas y ochentas “estudio MMC”, que significa “mientras me caso”, quizá ya no se use tanto, pero el razonamiento y el contexto que entraña sí sigue imperando. En el otro extremo del espectro, la entonces niña pakistaní Malala Yousafzai, quien ha llegado a ser estudiante universitaria en Inglaterra, hace algunos años puso en evidencia esta tremenda injusticia en el acceso a la educación.
Simone de Beauvoir, en un estudio histórico sobre la mujer, señala que “el triunfo del patriarcado no fue ni un azar ni el resultado de una evolución violenta. Desde el origen de la humanidad, su privilegio ha permitido a los machos afirmarse solo como sujetos soberanos, y no han abdicado nunca este privilegio; han enajenado en parte su existencia en la naturaleza y en la mujer, pero la han reconquistado inmediatamente”.
Cuando Jean-Jacques Rousseau, en 1762, escribió su libro “Emilio” planteo el tipo de educación que deberían recibir tanto el hombre como la mujer. Estuvo perfilando la postura actual del hombre fuerte, activo, dando el privilegio y que su mundo sea el de la política, el mundo externo, mientras el de la mujer, el interno, la casa y los sentimientos. Y uno de los motivos principales para alejarlas de las nuevas factorías fue porque ellas siguieron trabajando y recibían sueldos más bajos que los hombres, las preferían porque se aprovechaban de la necesidad y del hambre de las mujeres.
A este respecto Beauvoir apunta “Se comprende que los trabajadores machos hayan empezado por ver en esa competencia barata una amenaza temible y que se hayan mostrado hostiles”. De esta forma, se buscó la manera de confinarlas al hogar.
Milenios de poder masculino han conseguido construir una sociedad donde todos crecemos aceptando como algo natural y sensato un sistema manifiestamente sesgado a favor del hombre. Donde muchos suponen que están siendo razonables cuando en realidad se actúa de acuerdo a una  forma de pensar inconsciente, el hombre por consiguiente cree ser el paradigma según el cual se juzgan valores y culturas.
Y es que desde la mirada del hombre es con la que se interpreta la realidad. A partir de las referencias del patriarcado quedan las mujeres expuestas a esa interpretación y a las críticas que derivan de ellas y todo dependiendo del contexto y de lo que decida el hombre interprete, pueden ser esposas o amantes, santas o pecadoras, compañeras o prostitutas, madres o malas madres y cada una de esas posibilidades puede ser verdad o mentira según decida ese hombre que interpreta la realidad, además lo será, pues es “palabra de hombre “ y esa no se cuestiona. Es decir, el debate y juicio están ceñido a linderos muy delimitados, fuera de los cuales no vale nada más.
Cuando se trata de comparar a un hombre y a una mujer en su desempeño laboral, al hombre se le justifica con “es un poco exigente” pero si se habla de una mujer en búsqueda de la perfección esta “histérica” no hay modo de complacerla. Y es que hemos aprendido a justificar al hombre en su comportamiento “es un poco brusco”, “exigente”, “tiene el carácter muy fuerte”, “tuvo un padre muy difícil”, “su madre fue demasiado dura con él por eso desconfía de las mujeres”.
El machismo se puede definir según Marina Castañeda, “como un conjunto de creencias, actitudes y conductas que descansan sobre dos ideas básicas: por un lado, la polarización de los sexos, es decir, una contraposición de lo masculino y lo femenino según la cual no sólo son diferentes sino mutuamente excluyentes; por otra, la superioridad de los masculino en las áreas consideradas importantes para los hombres. De aquí que el machismo involucre una serie de definiciones acerca de lo que significa ser hombre y ser mujer, así como toda una forma de vida basada en ello”.
Pero, el machismo no significa necesariamente que el hombre golpee a la mujer, ni que la encierre en la casa. Tiene que ver con una cuestión de poder sobre los otros, de una actitud más o menos automática hacia los demás; no sólo hacia las mujeres, sino también hacia los demás hombres, niños, subordinados, pobres, adultos mayores, personas con discapacidad, minorías raciales y sexuales, es decir todo aquello que se aleje del ideal de varón hegemónico. Puede manifestarse con tan solo una mirada, la falta de atención o los gestos y en lenguaje no incluyente. Pero que el que está situado del otro lado lo percibe con toda claridad, si es una mujer, se siente claramente disminuida, retada o ignorada. No hubo violencia, regaño o disputa, pero se estableció una relación desigual en la que uno esta abajo y el otro arriba, y que sanciona duramente cualquier intento por subvertir dicho régimen.
A veces se cree, sobre todo en grandes ciudades que el machismo ha desaparecido, pero el problema de este es que ha evolucionado para transformarse en una amenaza cada vez más difícil de identificar, ya no es el machismo en que nuestros abuelos y padres fueron educados. Pero, aun  disfrazado, lastima las relaciones humanas de manera lenta, invisible y muchas veces irreversible, afectando a hombres y mujeres por igual, perpetuando las conductas sembradas desde la infancia que se convierten en un modo de vida,
Muchos hombres se dicen ser no machistas, pues están totalmente de acuerdo que ellas deben estudiar y trabajar, “a mi esposa la dejo hacer todo lo que ella quiera. Y después de una pausa, añaden bueno, siempre y cuando no descuide la casa o me falte al respeto”.
“Yo le ayudo a mi mujer con la limpieza de la casa, cuando puedo o cuando ella me lo pide”. Cuando por default la tarea del hogar es una tarea que debe realizarse entre todos los miembros de la familia, pues todos habitan la casa y la ensucian.
Ahora con las manifestaciones que hubo antes del día de la mujer, por la ola de feminicidios, se escuchó decir a los hombres, “es que nadie entiende a las mujeres y hasta entre ellas se contradicen”. Sin dejar del lado el inmediato afán supremacista del dicho, a partir de estos pensamientos se cree que estamos en lo correcto, cuestionando ¿Por qué ellas no ven las cosas del mismo modo?, devengar el privilegio machista ha conducido a una total falta de entendimiento y miopía. Ese es un falso debate, porque de suyo mujeres y hombres son distintos, tienen necesidades, expectativas e intereses que los diferencian y no se puede suponer uniformidad aunque nos parezca más cómodo. Mucho menos eso justifica que mujeres y hombres tengan que ser desiguales y que con el trato y los rezagos históricos se haga eterna tal desigualdad.
Dice Grayson Perry,  que desde chico le gusto vestirse de mujer, que muchas veces le preguntan que si por tal motivo estaría más identificado con las mujeres, a lo que respondió que no tendría porque estarlo si el nació siendo hombre y ha estado del lado del privilegio.
Sera difícil erradicar de nuestra cultura el código del hombre por defecto, tan arraigado ya que ha  estado durante muchos siglos rigiéndose por sus normas, sin embargo, paso a paso se va cambiando de ideología gracias a las discusiones acerca de la cuestión de género que las feministas han impulsado.  Indudablemente la búsqueda de soluciones implica necesariamente un cambio cultural y educativo y la urgencia de que el hombre reconozca y renuncie a sus privilegios.

miércoles, 15 de abril de 2020

Los hombres deben vivir la ternura


 El machismo es una palabra difícil de definir, pero si le preguntamos a cualquier mujer, esta lo habrá experimentado. Muchas mujeres justifican a los que tienen ideas y conductas machistas, “tiene el carácter fuerte”, “es brusco”, “ha tenido una infancia difícil” o bien “es muy exigente”.
El machismo es una forma de relacionarnos, por lo cual, en una sociedad subordinada a sus pautas, todos tendemos a reproducirlo y también todos somos víctimas de este.  De este modo, los hombres día con día deben demostrar que lo son, según las ideas preconcebidas al respecto, no solo en casa, sino también en la calle, en el trabajo, en lo público y en lo político.
Desde tempranas edades a los varones se les comienzan a reprimir sus emociones, con frases que seguramente habrás repetido simplemente porque las has escuchado, tales como, “los niños no lloran” “las niñas son las lloronas, ¿eres niña?” “estas haciendo a un niño faldero”, y en numerosas acciones se percibe que entre hombres no se abrazan, ni se tocan, existe un miedo terrible a volver a los hijos maricones, que no permiten que demuestren ternura, ese ámbito es reservado para las mujeres. Se permite expresar el amor a través de las vínculos económicos o monetarios, pero no con caricias, ni palabras de amor, ya que pueden ser cursis, incluso algunos hombres les cuesta trabajo besar, se llega al absurdo de aleccionar “no hay de dar ni todo el amor, ni todo el dinero”, se forjan así temperamentos díscolos, pichicatos, mezquinos, condicionantes y chantajistas. 
A cierta edad los niños empiezan a alejarse de los abrazos o gestos tiernos de la madre o mujeres, ya que eso es todavía sentirse bebés. Por otro lado, los padres van retirando los apapachos a los hijos, pero no a las hijas ya que para ellas eso parece ser apropiado. Sin embargo, continua en el imaginario, el temor a que sus hijos sean afeminados, si su padre les da muestras de cariño. Es por eso que los hombres tienen ese rechazo a la ternura, por homofobia. Recibir y prodigar ternura es acercarse peligrosamente a la homosexualidad, considerada equivocadamente como una feminización del hombre.
Es típico ver a los chicos adolescentes mostrarse violentos entre ellos, cada vez que pasan cerca de un camarada, lo tocan o le pegan, o tenderlos agredir de diferentes modos, bajarle los pantalones, por ejemplo. Siempre deben de mostrar un toque de agresividad para no verse vulnerables o ser avergonzados ante sus compañeros. La sociedad otorga un especial valor a la agresión arbitaria y cobarde, muchas veces anónima y fundida en la masa del grito “eeeeeh p….”, en los partidos de fútbol o reuniones familiares.
El amor debe ser viril, genital, fuerte, pasional, puede ser violento, posesivo y celoso, pero nunca sentimental o tierno para los hombres. Mientras que a la mujer se le educa en el amor romántico. La forma de expresar el deseo sexual en el hombre es abierto y directo, en cambio en la mujer lo expresa a través de sentimientos y fantasías románticas, adoptando una actitud infantiloide. Ellos lo expresan de manera explícita y gráfica, con exceso de detalles agresivos, mientras que ellas suelen hacerlo con pudor, demostrando su ternura de tipo maternal. 
Esto afecta la relación de pareja, pues al no saber cómo expresar la ternura en la interacción sexual o no quererlo hacer, eso se traduce en el ejercicio del poder y dominio, terminando en maltrato, en ser un acto violento. En varias ocasiones la educación sexual no la otorgan la familia u otras instituciones como la escuela, por lo que los hombres recurren a la pornografía y grupos de amigos, los cuales diseminan estereotipos que validan el abuso, recrean experiencias que no son ni éticas ni consensuadas y mucho menos dignificantes o placenteras en condiciones igualitarias, ya que se cosifica y devalúa a las mujeres.
En la pareja, cuando encontramos un hombre con capacidad de expresar sus afectos, se presenta a una mujer que se lo puede llegar a impedir o le reprueba a que lo haga. Es decir, estamos tan inmersos en un concepto de hombre que cuando éste no está cumpliendo esa condición se le recrimina.  
Intrínseco a la ternura es el respeto. Aparece cuando existe un reconocimiento de la libertad, voluntad y capacidad de decidir de la otra parte. No hay necesidad de posesión, sino una aceptación total de la otra persona y su circunstancia viéndola más allá de las etiquetas profesionales, culturales, económicas, raciales y religiosas.
Un ligero roce de la yema de los dedos en la mejilla, un beso suave, una mirada, unos dedos entrelazados…pueden quedarse en una escurridiza sensación que se diluye en la inmensidad del tiempo, a la vez que se convierte en un consuelo de por vida con tan solo evocar de nuevo ese encuentro de almas, esa caricia que desde la piel ha impregnado todo nuestro interior.
A veces uno toma conciencia de la falta de intimidad y ternura y de la ausencia de una persona con la que podemos contactar a ese nivel, cuando uno se reencuentra con su calidez y se da cuenta de lo mucho que necesitaba un abrazo o muestra de afecto.
Es un alto precio que se tiene que pagar no permitirse manifestar la ternura, entender que es un afecto positivo y hasta necesario que enriquece las relaciones interpersonales y les da un sentido sólido.
Se puede empezar con algunas de estas ideas para cultivar la ternura, como el acariciar, que es una de las grandes formas de expresarla, con un lenguaje no verbal, utilizamos el tacto, el suave contacto con la piel del otro, por encima de los prejuicios y de la intención inmediatamente carnal.
El mirar a los ojos en silencio, con la intención de percibir al otro más allá de lo aparente. Dejar aflorar ese niño que hemos ocultado para sobrevivir en un mundo de adultos. Abrazar la vulnerabilidad de los enfermos o ancianos reconociendo en ellos la propia fragilidad. Emocionarse con la belleza del arte, en todas sus expresiones, como la música, el cine, teatro, danza, poesía.
Los hombres debemos de darnos el permiso de vivir la ternura, lo que implicaría que habrá que sembrarla y cultivarla. 
Cada hombre tiene la capacidad de decidir si está de acuerdo con los patrones de conducta impuestos, o bien, prefiere vivir su masculinidad de manera diferente, de tal manera que no hay una, sino muchas masculinidades.


LA TRISTEZA Y DOLOR EN EL MUNDO MASCULINO


“Los hombres no lloran”, frase tan gastada pero que todavía la seguimos reproduciendo sin entenderla o porque nuestra inteligencia emocional no nos facilita otra reacción cuando vemos a un niño llorar.
Desde niños nos enseñan a minimizar nuestro dolor o llanto con el supuesto de que es algo privativo para las mujeres, los hombres vamos aprendiendo a que se debe contener el lamento ante una caída o golpe aunque produzcan mucho sufrimiento, el “aguántese, qué no es hombre?” amedrenta para no mostrar cobardía y para soportar estoicamente cualquier tormento. Cuántas veces no se ven en los juegos deportivos cuando un varón es lastimado y la sociedad lo critica, lo ridiculiza con que “se hace el chillón, si no fue para tanto!”, muchas veces hasta genera risa y burla.
De esta forma, la tristeza y el dolor son catalogados como emociones femeninas, formulando la postura que un “hombre nunca llora”, como si los sentimientos de las mujeres fuesen de menor valor. Frases como “a mi no me afectan esas tonterías”, “a mi nada me quiebra”, entre otras, son ideas que reprimen en el hombre adulto, el dolor y la tristeza.
Seguramente te has topado con algún hombre que al ver una película “romántica”, o en alguna otra situación, queda conmovido, pero no puede llorar, aunque veas en él esa emoción a punto de estallar, sencillamente se contiene y se disuelve en segundos. Sin embargo, solo existirán  momentos en que sí lo podrá demostrar, en situaciones fuertes y excepcionales, como podría ser la pérdida de un ser querido, casi siempre la madre, o cuando su corazón ha sido roto, y entre bebidas embriagantes y canciones de dolor, traición y amor tóxico, los varones podrán demostrar sus sentimientos sin ser criticados, aunque en realidad se muestra la peor cara, las bajas pasiones, despecho, posesividad, celos, violencia y machismo.
La tristeza tiene una función adaptativa, al volver más lento nuestro funcionamiento metabólico, nos quita la energía para distraernos y nos obliga a reflexionar sobre nuestro estado y a procesar lo que nos haya sucedido. Es un pilar fundamental en el crecimiento personal porque nos permite sostener un diálogo interno y escucharnos con calma. Se encarga de generar un ánimo para el recogimiento y para dedicarnos tiempo a nosotros mismos, para pensar y meditar en los cambios para cerrar etapas y visualizar el futuro con convicción. Es necesaria para reintegrarnos como personas después de habernos “hecho trizas” por cualquier causa: una ruptura, un despido, una pérdida entre otros, el desapego en general.
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Cuando te sientes decaído, los circuitos cerebrales del dolor físico y emocional se enmascaran, esto no solo ocurre en las áreas cerebrales relacionadas con el componente puramente afectivo del dolor, sino también en las zonas relacionadas con la percepción somática del mismo. En consecuencia, genera un impacto negativo sobre tu cuerpo, sobre todo el sistema inmunitario, lo cual aumentará potencialmente el riesgo de sufrir una enfermedad, sobre todo inflamatoria. Se ha comprobado que aumenta la sensibilidad al frio, afecta al apetito, incrementando la predisposición de que subas de peso, o bien de que puedas sentir que la comida no tenga sabor e incluso que no genera bienestar alguno. También puede haber cambios en la presión arterial y trastornos en el sueño y la concentración.

Las personas que no quieren demostrar tristeza suelen presentar conductas evasivas como el abuso de drogas o el alcohol, ya que su ego resulta ser mas fuerte que su dignidad y responsabilidad, y eso es algo muy peligroso porque retrasa una solución de fondo y agrava los problemas. Asumir que nos aqueja la tristeza y demostrarlo también implica, sin embargo, entereza y honestidad, actualmente el machismo se ha trasmutado en masculinidades frágiles y de cristal, que no toleran la crítica y reaccionan de manera desproporcionada e hipersensible ante un mundo que ha cambiado y que ha arrebatado en varios espacios y momentos el predominio a los hombres, ese escenario tampoco es muy deseable.

Quizás el costo más alto de rechazar que uno este triste, es el privarse del consuelo y la empatía de los demás, ya que compartir esos momentos crea vínculos más profundos y nos acerca a sentirnos más humanos y al entrañar un comportamiento recíproco hace que nos apoyemos unos a otros en los momentos en los que mas nos necesitamos.

Cuando tengamos una igualdad de genero será posible que al hombre se le permita expresar mas libre y auténticamente sus sentimientos, pues, cuando ellos sufran por cualquier motivo, podrán liberar el dolor y no serán tachados de débiles o poco hombres, también lo harán sin que ello se vuelva una nueva forma de chantaje, asimilada a un machismo encubierto.

viernes, 1 de marzo de 2019

¿todos somos perversos?


A partir de la época victoriana el comportamiento sexual que no tenía que ver con la procreación fue mal visto. Desde ese momento, muchos psiquiatras, médicos, psicólogos, pensadores y algunas mentes oscurantistas estaban empeñados en considerar como “anormal”, aberrante y hasta delictuosa toda aquella conducta sexual que se escapaba de un canon religioso, patriarcal, machista y hetero centristas, y fue gracias a ellos que hoy en día hay quienes todavía consideran una enfermedad o una perversión cuando se habla de transexualidad, voyerismo, exhibicionismo, satiriasis, ninfomanía, masoquismo, sadismo, fetichismo, homosexualidad, lesbianismo, travestismo y cualquier variante que se salga de la “norma” , inclusive cada día aparecen nuevas filias para seguir discriminando.
Algunas de estas sentencias son tan amplias que dan pie a que cualquiera pueda tener alguna desviación, por ejemplo; el exhibicionismo que es el gozo al mostrarse desnudo ante otros, y podrían abarcar los modelos y los actores. El fetichismo, que es la satisfacción al obtener objetos o ropa representativos de otras personas, donde puede englobar el tener alguna prenda de algún artista favorito. La zoofilia que es el gusto por los animales, que estarían aquellos que besan a sus mascotas.  Otras que parecerían ser un tanto discriminatorias como la gerontofilia, que es la atracción por personas mayores. Otras que tienen que ver con cuestiones culturales como el intercambio de pareja, como el compartir a la esposa que entre algunos pobladores de Alaska es una muestra de amabilidad. Así como para otros que disfrutan de su castidad. Algunos otros que disfrutan usar el cuerpo de su pareja como un gran plato donde colocan frutas, miel, chocolate, vino, helado, entre otros alimentos, para irlas saboreando poco a poco de manera delicada y sensual. O como dice la canción de Pedro Infante, del beso mordelón, o el gusto por sentirse atraído por olores, que le llaman rinofilia, en fin, que las paralifias están a la orden del día, hasta por gustos comunes como el hablar, leer, ver, escuchar, escribir o dibujar con relación al sexo, ¿Son estos comportamientos aberrantes? Como se puede apreciar, todos tenemos algunas de esas expresiones comportamentales de la sexualidad, tanto a nivel erótico como no erótico. Así que para los que gustan de estigmatizar, bien vale recordarles que todo ser humano tiene algo de “perverso” o “desviado”.
Y es que los comportamientos  sexuales difieren de una cultura a otra y no por ello se puede hablar de desequibrio mental, por ejemplo, en México, tener relaciones sexuales con un cadáver es mal visto, incluso es un delito, pero hay grupos como los bellakoola, (pueblo indígena asentado cerca de Alaska) que considera que si una mujer muere virgen alguien debe tener relaciones con ella para salvar su alma” e aquí una diferencia importante en la valoración de la necrofilia. También está el ejemplo citado arriba del intercambio de parejas que ha sido mal visto.
El sexólogo Magnus Hirschfeld considera que la atracción sexual siempre se desarrolla con base en diferentes estímulos individuales del medio. En este sentido todo ser humano tiene parafilias o fetiches “normales” y saludables como sería un hombre heterosexual que siente preferencia hacia las mujeres morenas sobre las rubias, a las robustas sobre las delgadas, así como la preferencia por personas de la tercera edad sobre las jovencitas, pues le apetecen con experiencia. Estos patrones sexuales pueden incluir no solamente aspectos físicos sino objetos, como la lencería, los uniformes, etcétera, para Hirschfeld el fetiche se torna patológico cuando se sobrevalora uno de estos objetos individuales, como podrían ser los tacones o las botas.

“gran cantidad de esos comportamientos sexuales no son aceptados en la sociedad, por ejemplo, el sadomasoquismo. Hay personas que un día a la semana tienen una reunión, se disfrazan con sus atuendos de cuero y juegan a que se someten y golpean durante 2 o 3 horas; otros intercambian parejas. Al terminar la fiesta, se retiran a sus casas y al día siguiente pasean en bicicleta; no es gente enferma”, indica el director del Instituto Mexicano de Sexología A.C., Álvarez-Gayou.
Sin embargo, existen personas para las que algunas expresiones adquieren un carácter exclusivo, esto quiere decir, que es la única forma mediante la cual logran tener excitación y orgasmo; incluso puede transgredir las normas sociales, “pero esto es relativo y depende de cada sociedad” señala Álvarez-Gayou.
Pero podemos decir que ¿todo es válido en las relaciones sexuales? Algunos sexólogos consideran que puede serlo siempre y cuando no traspasen los limites sociales o que se tornen problemáticas, como en el caso de la pedofilia o paidofilia, que es cuando la persona experimenta excitación sexual o erótica a través de actividades o fantasías con niños y que desgraciadamente se encuentra entre las más comunes afectando a niños entre los 8 y 12 años, incluso menores, que en muchos países es castigada y perseguida. Ya que afectan a la vida, la salud, la integridad física, la dignidad, el desarrollo de la persona, el respeto de sus derechos y su estabilidad emocional de otros.
O bien en el caso que provoquen en el individuo algún malestar o incomodidad, algún tipo de dificultad para disfrutar de la actividad erótica, e interferir en sus relaciones sociales, pues suelen presentar aislamiento o cambios bruscos de ánimo, o bien que se tornen compulsivas y ya no sea posible controlarlas o incluso que requiera la participación de otros en contra de su voluntad, como lo es la violación o la paidofilia.
Sin embargo, algo que nos ha definido a los seres humanos respecto a la sexualidad ha sido la enorme diversidad por explorar, por sus gustos, aficiones e imaginación y esto se puede apreciar por las pinturas rupestres que existen en el norte de África donde hay imágenes de hombres que copulan con jirafas, elefantes y rinocerontes. En las pinturas de las cavernas de Les Trois Fréres en Francia, realizadas entre 5,000 A.C., figuran un hombre con mascara de conejo y un enorme falo, una figura entre hombre y lobo que sostiene relaciones sexuales con una mujer. Han descubierto juguetes sexuales con 28 mil años de antigüedad cerca de Ulm, Alemania. Y si mencionamos los afrodisiacos, son tan antiguos como la sociedad patriarcal, ya que en estas se tienen verdaderas obsesiones por la virilidad y superioridad masculina. Según Isabel Allende “en toda falocracia los afrodisiacos son muy importantes, dadas las limitaciones del caprichoso apéndice masculino, que suele desmayarse no solo por debilidad del propietario, sino también por hastío. Desde que los hombres tuvieron la curiosa idea de basar en ese órgano de su anatomía su superioridad y dominación sobre las mujeres, comenzaron a tener problemas, ya que “todos los afrodisiacos funcionan más por insinuación que por otro motivo”, otros son los aromas o relajantes que son para incitar al deseo. En la india existe un tratado sobre los amoríos, el afamado libro del Kama Sutra, el primer tratado sexual en el mundo que fue escrito en la antigua India (entre el siglo IV A.C. y el siglo II) ya que el sexo se enseñaba como una materia en la educación.
Desde la antigüedad el hombre ha tenido curiosidad y la ha explorado en lo referente a su sexualidad y esta con el paso del tiempo ha ampliado su abanico de posibilidades para el disfrute, que en la actualidad esta debe ser consensuada, desprejuiciada, respetuosa y amorosa.
Las categorizaciones que hubo en el pasado siguen estigmatizando aun hoy en día y suponemos que son conductas que hace la gente “rara” cuando en sí alguna vez hemos tenido la fantasía o se ha llevado a cabo algo de “perverso” en nuestra vivencia. En realidad, es mejor entender que se trata de una faceta más en nuestra persona, que sirve para tener un crecimiento en el bienestar y la aceptación de nosotros mismos. Que no es un motivo de juzgar, justificar, agraviar o ultrajarse por los que otros hacen o dejan de practicar y que sea una decisión libre y autentica, nunca impuesta o que sea como una moda a seguir.

jueves, 15 de noviembre de 2018

¿Los hombres son de marte y las mujeres son de venus?



Los cerebros humanos, aunque se dice que biológicamente son diferentes nos han hecho creer que somos tan diferentes que nunca podremos coincidir. En el caso, de que si fuesen tan distintos tenemos una gran facultad de adaptarnos uno con respecto al otro, y además tenemos una capacidad de complementarnos.  Nuestro cerebro permite una mejor adaptación cuando más diferencias se presenten y una mayor capacidad para entender.  Además, nos han hecho creer que las féminas tienen un tipo de sentimientos tan diferentes a los hombres, por ejemplo; ellas son sentimentales, pacificas, débiles, falta de iniciativa, toda su energía se vuelca hacia el interés de los suyos y en especial ser agradable al hombre. A él, se le ha colocado en el lado opuesto, ser activo, valiente, agresivo, aunque generalmente él tenga la necesidad de demostrar su ternura y muchas veces no sea capaz de resolver todo tipo de problemas, más bien estas diferencias son de tipo cultural.
¿Creen ustedes que hay sentimientos o actitudes exclusivas de un sexo o de otro? 
Los recién nacidos expresan de igual forma sus emociones, su llanto, su risa, algunos muestran parte de su temperamento, sin embargo, la expresión de los sentimientos son aprendidas a través de la socialización, es decir, son condicionadas por nuestra sociedad, actualmente al varón se le niega expresar su llanto con la típica frase “los hombres no lloran”, cuando en la antigua Grecia las demostraciones de pena eran desgarradoras, tanto los hombres como las mujeres  podían manifestarse sin ningún límite hasta el punto del desmayo. Todavía en la Edad Media el llanto era permitido entre los caballeros de la mesa redonda, mientras ellos aceptaban su destino como algo natural, en paz y con tranquilidad, sus compañeros podían estallar en lágrimas y protagonizar escenas violentas y llenas de desesperación.

 ¿Qué sucede cuando una persona expresa un sentimiento que normalmente se le atribuye al sexo opuesto?
VIVIERON FELICES Y COMIERON PERDICES.
El cuento nos dice que fueron felices, pero nunca nos habla acerca de lo que ocurría cuando esas jovencitas pasaban a constituirse en mujeres de más edad, ni de las labores de limpieza, cierto eran princesas y contaban con servidumbre, hasta para vestirlas. Tampoco narraron que se comprometían a tener relaciones sexuales por imposición del macho.
Si creemos que esas emociones y sentimientos que se viven al inicio de la relación son los que siempre mandarán en la pareja, estamos muy equivocados. El enamoramiento es una fase del amor. Este se va transformando y hay que adaptarse a eso: si no, estamos perdidos.
Al principio de la relación se pudieron haber generado ciertos ideales, objetivos comunes, a veces no declarados, incluso a veces ya casados comienzan a trazar cada quien sus propias metas y que dejan de tener elementos en común. Por ejemplo, ambos quieren tener hijos, uno lo decide a la brevedad y el otro pasando unos años. En fin, cada integrante de la pareja viene de una familia con costumbres diferentes que pueden meter en conflicto al otro, pero con buena comunicación y disposición puedan comer perdices después de solventar algunas diferencias.

SOMOS UNO, PERO NO LO MISMO. U2.



En México hemos tenido grandes avances en temas de educación sexual y familia, sin embargo, todavía nos hemos quedado muy cortos en torno a ello. Si bien es cierto que actualmente en las escuelas a nivel primaria y secundaria ya se les brinda mayor información sobre la sexualidad que a nuestros abuelos o padres, sigue habiendo una autocensura al hablar de ese tema.
 Todavía a muchos padres se oponen a que sus hijos reciban educación sexual en las escuelas, por el falso temor de despertar en ellos la curiosidad y quitarles la llamada “inocencia”. Inocencia que en nuestros abuelos suponían que por un beso podían embarazarse, que la cigüeña traía a los hijos de Paris, que la mujer no tenía derecho a gozar su sexualidad, que el orgasmo femenino es algo inalcanzable, que al tocar a un homosexual uno se tornaría de igual forma atraído por el mismo sexo, como por conjuro.  Parece ridículo, sin embargo, muchos de estos prejuicios y mentiras se siguen transmitiendo de manera oral entre la gente con la cual convivimos día tras día, y todavía nos preguntamos ¿Por qué sigue habiendo embarazos en adolescentes?, sí, en efecto todavía tenemos falsas creencias sobre nuestro comportamiento sexual, sobre nuestro cuerpo y goce. Todavía suponemos como desviaciones condiciones tales como la ninfomanía, el travestismo, el voyerismo, el lesbianismo, y otras más, fomentando con ello la discriminación.
A través de mensajes de texto vía WhatsApp, grupos de intereses piden que no se les introduzca a los niños en las escuelas la “ideología de género”, según para salvar a los niños de un ataque mortal a la integridad moral y espiritual.
Pero, ¿Sabes qué es la ideología de género? ¿Identidad de género? ¿Has escuchado hablar de las personas transgénero y transexuales? Imagínate que, siendo hombre o mujer, sientes que estás en un cuerpo del género equivocado y que estas esperando en que momento de tu vida sufres una transformación como una mariposa. ¿Qué harías? ¿Cambiarías tu forma de vivir? Para muchos, este cambio implica dejar todo atrás, a veces abandonar a sus seres queridos, cambiar de ciudad y enfrentarse a una nueva vida y aun así padecen discriminación ya que en nuestra sociedad se ve todo a partir de la óptica de la diferencia, se juzga y se considera patológico esta condición, cuando en realidad sólo se debería de respetar la diversidad sexual. Es importante reconocer que reducir nuestra concepción del mundo a lo “normal” o “anormal”, donde sólo existen estas dos categorías, empobrece la expresión sexual del ser humano.
Existen personas o grupos cuyas posturas no se basan en estudios, pero que su idea es convencer al individuo de que la familia y el comportamiento heteronormativo es lo correcto, es decir las pautas que corresponden sólo a las familias e individuos heterosexuales pero que se aplican a todos por igual. Defienden el llamado “instinto maternal” y que la mujer continúe con el rol tradicionalmente asignado.  Aunque promuevan la igualdad entre los sexos, dicen que hay que respetar la antropología propia de cada sexo, digamos que proponen que ella puede trabajar, pero sin descuidar a sus hijos, esposo y casa. Por lo cual consideran una aberración otras formas de expresar la sexualidad. Todavía muchos padres se avergüenzan de sus hijos tan solo por ser diferentes a lo que esperaban sin ver sus cualidades, sin pensar que son seres humanos.
En este contexto, es importante que en las escuelas se brinde una orientación con perspectiva de género, puesto que hay personas cuya identidad de género discrepa con su cuerpo biológico, es decir que sus pensamientos, su comportamiento no concuerda con el cuerpo, a lo que suele decirse “que nacieron en el cuerpo equivocado “o también existen personas su sexo no está definido; los intersexuales, antes llamados hermafroditas, seres que anteriormente, por decisión del médico atemorizaban a los padres a decidir sobre el sexo de sus hijos, según los anhelos de los padres en tener un niño o niña, los operaban pero que al llegar la adolescencia las hormonas hacen de las suyas, lo cual les genera conflictos internos.
Cuando hablamos de la transexualidad nos quedamos todavía cortos, pues hay quienes la siguen considerando una enfermedad. Consideremos lo que dice la Doctora Lale Say, Coordinadora del Departamento de Salud Reproductiva de la Organización Mundial de la Salud: "La incongruencia de género es una condición persistente en donde la persona experimenta una incongruencia entre su sexo asignado y su género. La transexualidad se eliminó del apartado de enfermedades mentales para enfatizar que no es una condición que por sí misma genere estigma. La decisión de quitarla del apartado de enfermedades mentales no está basada sólo en la influencia de grupos de activistas, sino que se tomó como base toda la evidencia científica disponible hasta el momento."
Actualmente se entiende que la identidad de género es la percepción psicológica de ser hombre, mujer o ninguno de los dos ya que hay personas que reportan tener una discordancia en su ser. O personas que tratan de representar un género andrógino, un término intermedio entre estos dos. Es una condición humana que no tiene nada que ver con una patología que hasta hace algunos años muchos psiquiatras, psicólogos, médicos, pensadores y ciertas mentes oscurantistas estaban empeñados en considerar como anormales o querer imponer una heteronormatividad.
Porque existen infantes que no se identifican con los estereotipos que hasta ahora han estado presentes y se sienten raros, que no encajan socialmente, porque no quieren seguir reproduciendo un machismo o un masoquismo femenil. Que gustan de actividades que según esto no corresponden a su condición de varón o de mujer, por ejemplo, niñas que les gusta el boxeo y las tachan de lesbianas.
Un caso de transexualidad es Morgana, cantante de ópera que ha lidiado por hallar un lugar en la sociedad. En su libro “En el cuerpo correcto” nos relata sus sufrimientos por no entender sus sentimientos, se sentirse como un ser de otro planeta, no ser entendida ni por sus padres y ni por ella misma, desafiando en un entorno machista, a veces con atenuantes violentos, de acoso, de burla, intentos de violación y de una religión castrante. O bien la Obra de Teatro “ Prietty Gouman” de Cesar Enríquez,(escrita, actuada producida por el mismo),  cuenta la historia de una mujer transexual que como muchos viven una vida de humillaciones, discriminación e intolerancia social, pone en evidencia que los efectos de la discriminación son siempre negativos y con la desigualdad o perdida de sus derechos, experimentando aislamiento o bien de una violencia extrema que puede terminar en la muerte. Habrá que comprender que somos tan parecidos por el simple hecho de ser seres humanos y que como a nosotros nos duele y sentimos lo mismo, pues todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido de la discriminación.
Ojalá se puedan romper viejos paradigmas e implementar políticas publicas congruentes con la realidad pues, la información científica y la educación rompen estereotipos y generan entendimiento que acorta las diferencias.


viernes, 24 de agosto de 2018

La mujer y el trabajo invisible.


Siempre mujeres, cumpliendo oficios que se entretejen sin tener fin. Ser costureras, ser cocineras, recamareras y planchadoras; ser enfermeras y lavanderas, también meseras y educadoras. Muy diligentes, afanadoras, a sus familias las dejan listas, rumbo a la escuela o hacia el trabajo para que puedan checar las listas. Se daba cuenta de sus afanes y de los cines sabía un carajo. Para ellos siempre la vida es seria, pero se ahogaban en la miseria.

Amparo Ochoa.

En 1934, bajo el espíritu nacional sindicalista del gobierno de Franco, en España se crea un grupo de mujeres que tenían la finalidad de fomentar en la sociedad, en especial de las casadas, una figura particular de madre y esposa sumisa como prototipo femenino, para lo cual hicieron en primera instancia una clara separación entre el mundo masculino y el de las féminas, inculcándoles a ambos actividades y profesiones distantes, por ejemplo, a la mujer actividades relacionadas con el cuidado del varón, secretarias, enfermeras, mientras que al otro, ingeniería, abogacía, etc.
Este grupo realizó una Guía para la Buena Esposa, con la finalidad de tener una preparación de la mujer para el matrimonio, que para empezar, sentenciaba que ella se levantara más temprano y que se acostara más tarde, para que él pudiera verla siempre linda y alegre. En realidad, con ese manual ellas tendrían tanto trabajo que no podían tener un momento de tranquilidad. Entre las recomendaciones estaban las siguientes: “Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo, pues viene de tener un duro día de trabajo y necesitará un poco de ánimo, así que ofrécete a quitarle los zapatos, habla en tono bajo, relajado y placentero. Preocuparte por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa. Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta comprender su mundo de tensión y estrés, no le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones, su juicio o integridad. Recuerda que es quien sostiene la casa. Los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres, limpia la casa en la mañana y de nuevo en la tarde para que la vea siempre limpia. Cuando os retiréis a la habitación, prepárate, la higiene femenina es de máxima importancia, recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama (...) si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que esté dormido, ya que eso podría resultar chocante a un hombre a última hora de la noche. En cuanto a las relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: Si él siente la necesidad de dormir, que sea así, no le presiones o estimules. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la tuya. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que haya podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Recuerda ajustar el despertador para levantarte un poco antes que él por la mañana, esto te permitirá estar lista para cuando el despierte.”
En nuestro país, a la manera de nuestra propia idiosincracia, también sucedió y sigue sucediendo que la mujer al casarse queda concebida como esposa-madre y ama de casa, la mujer no sólo tiene que llevar a cabo su labor maternal, de ocuparse de sus hijos y de su esposo, sino también de realizar las labores de la casa, como lavar, planchar, cocinar, barrer, trapear, reparar, etcétera, responsabilidades como ama de casa. Sin embargo, sufre un desgaste más por estar pendiente de que todo funcione a la perfección, por estar a cargo de la economía familiar; que el dinero sea suficiente para pagar la luz, agua, gas, vestido, alimentos, estar anticipada ante los eventos posibles, ya sea en el cuidado de los hijos o con el consumo de abarrotes, que si ya se va acabar el papel higiénico, el aceite, etc. Y, si es ayudada por alguien con las labores domésticas, éstas deben ser realizadas tal y como le fue enseñado, aunque algunas de estas rutinas puedan parecer irracionales o hasta anticuadas. La cuestión es que se ha obligado a las mujeres a apropiarse de la idea de ser una buena esposa y temen ser criticadas por no tener una casa limpia como lo dicta su tradición.
A este respecto, la doctora en psicología, Lore Aresti de la Torre en 1983, realizó un planteamiento “mujer…  ¿qué te lleva a la locura? Donde analiza el destino femenino al referir que “hoy en día la mujer socialmente sana y aceptada, deberá permanecer en una especie de infantilismo o inmadurez perpetua, optando por el matrimonio y permaneciendo en él (solteras, divorciadas y lesbianas son sospechosas). Parirá algunos hijos, [tenga o no muy claro su deseo por la maternidad], dando así prueba de su ‘instinto maternal’. A partir del momento en que tenga hijos, esa mujer hasta el momento ciudadana de segunda, deberá convertirse en una profesionista interdisciplinaria, siendo guía y conformadora de nuevos seres, sin permitirse en ningún momento evidenciar su angustia, sus dudas, sus miedos, su vacío y sus necesidades (…) si no lo logra, prontamente será ‘culpabilizada’ por la sociedad y por los técnicos de la salud como mala madre, responsable absolutamente de los conflictos, carencias y neurosis de sus hijos”.
Por otro lado, la psiquiatra Sylvia Berman y colaboradores, en 1977 señalaron que el trabajo doméstico carece de estímulos, puesto que se toma como una actividad exclusiva, de responsabilidad de la mujer, y que cuando constituye la única tarea, la aísla y la embrutece. Para sostener la idea de que “el trabajo doméstico por no ser remunerado no favorece la autoestima ni el aprecio de los demás” apuntan que cuando la mujer permanece separada del contacto humano e incomunicada, tiende a conducirse de manera pasiva y su participación social sólo se ve realizada a través de su familia o de sus vecinos, lo cual conduce a que se desvalorice paulatinamente como mujer, perdiendo el interés por lo sexual, lo ideológico, lo político y lo social.
Las tareas domésticas interminables, el manejo del presupuesto del hogar, las compras, la cocina, las visitas al médico, el cuidado de la salud, etc. son los aspectos cotidianos de la vida familiar que se vuelven desgastantes. Para la mujer la multiplicidad de roles, el papel de cuidadora de niños y niñas, de personas ancianas y enfermas, dificultades matrimoniales, llegada de los hijos, hijos adolescentes rebeldes, más los problemas económicos, de comunicación, el divorcio, la viudez, aunado todo ello a la imposibilidad de gozar de un tiempo propio y a la desvalorización social y económica del trabajo reproductivo, han contribuido a que el trabajo doméstico constituya un elemento potenciador de estrés físico y mental, con mayores niveles de depresión y de adicciones como el alcohol, ludopatía, dependencias afectivas, el abuso de redes sociales y uso del celular, etc.
Por su parte, la maternidad es un hecho social que proporciona identidad a las mujeres como reproductoras, tanto de la especie como de la propia dinámica social. Además de la procreación, incluyendo la concepción, gestación, parto y lactancia, las mujeres realizan un conjunto de quehaceres invisibles a través de una especie de servidumbre voluntaria para el cuidado y cumplimiento de las necesidades vitales de otros. Esto exige un alto grado de subordinación y a su vez, un gran desgaste físico y emocional.
Como si no fuera suficiente, la mujer casada que tiene que trabajar, porque el dinero es insuficiente para la economía familiar, su carga se ve duplicada, puesto que el marido le da permiso de laborar siempre y cuando cumpla con sus obligaciones como madre y esposa.
En nuestro país los comerciales de productos de limpieza siguen planteando que el aseo de la casa es responsabilidad únicamente de la mujer-madre, aunque algunos comerciales argentinos, empiezan a hacer más regular la presencia de hombres barbados trapeando el piso, con la máxima de que ello tiene que ver con cuidar la salud de los seres queridos. No es casualidad que en ese país recientemente se haya legalizado al nivel nacional el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en lo que hace a la interrupción del embarazo. Los mercadólogos no son tontos, saben que las mujeres se han hartado de que se les vea como máquinas de hacer quehacer, el ahora ex presidente Fox también pasó al basurero de la historia con una de sus expresiones más lamentables cuando se refirió a las mujeres como “lavadoras de dos patas”.
En las sociedades pre capitalistas todos los miembros de la familia tenían repartidas las tareas domésticas y de cuidados familiares, en ellas participaban niños, adolescentes, adultos y viejos. La limpieza del hogar y el cuidado de los más vulnerables es una tarea que debe ser repartida por todos los miembros de la familia, ya que todos forman parte del grupo, habitan bajo el mismo techo, todos ensucian y todos se benefician de pertenecer a la misma unidad familiar. Actualmente la perspectiva de género, conceptualiza esto y lo denomina corresponsabilidad, por ejemplo, está bien que se les de permiso a las mamás para que falten a su trabajo para atender a los hijos enfermos, pero… ¿Por qué siempre sólo la madre?, ¿Y el padre dónde está?. También, así como hay licencia de maternidad, el padre debe contar con el mismo respaldo laboral que la madre para cuidar y disfrutar a los bebés en sus primeros meses, y alternarse en esta tarea.
En los desarrollos mas recientes, se habla de la economía de los cuidados, que junto con otros enfoques aborda el reconocimiento del valor monetario del trabajo doméstico en cuanto a su aportación a la sociedad y a la economía. Según estimaciones el trabajo doméstico representa el 23.3% del Producto Interno Bruto de México, unos 4.6 billones de pesos, mucho dinero, ya que si los trabajadores son productivos para las empresas que los emplean, es porque alguien cuida de ellos y de sus hijos, y ello forma parte de una reproducción de su fuerza de trabajo y del valor agregado que generan y que se convierte en riqueza nacional.
Derivado de la creciente incorporación de las mujeres en el mercado laboral, pero ciertamente también pensando en los hombres, la perspectiva de género asimismo nos ha facilitado el concepto de la conciliación entre la vida laboral y la vida privada. ¿Por qué a las mujeres se les rechaza en ciertos trabajos en los qué supuestamente se exige mucho?, ¿Por qué por ser hombres algunos trabajadores deben aguantar condiciones de trabajo inhumanas como jornadas extendidas más allá de la lógica, o no tener siquiera hora de comida? El ser mujer u hombre no justifica que unas u otros estén condicionados por esta contradicción entre la vida privada y laboral, que a veces es más imaginaria que real.
El debate teórico, y aún mas, las nuevas realidades sociales nos ponen ante nuestros ojos, nuevas formas de asumirnos como mujeres y como hombres, estas nuevas oportunidades para mejorar, generadas por el afán de igualdad, representan opciones para ganar-ganar, todos saldremos ganando sin duda.

miércoles, 1 de agosto de 2018

¿INSTINTO MATERNAL O LA NECESIDAD DE ESA APOLOGIA?


Un instinto se define biológicamente como una pauta hereditaria de comportamiento, como una característica que sea común a toda la especie sin excepciones, es automático y repetitivo, razón por la cual resulta muy difícil de hablar de instintos en el ser humano. Según las teorías de Sigmund Freud, el ser humano carecería de instintos, y en su lugar tendría lo que se denomina pulsiones. Las pulsiones humanas fundamentales serían Eros (que engloba las de auto conservación y las sexuales, pulsión de vida) y la Tanathos (pulsión de muerte).
En los animales se pueden apreciar los instintos, por ejemplo: Un chimpancé hembra, aun estando en cautiverio, en pleno alumbramiento, hace paso a paso lo que debe de hacer para que nazca su cría, por ejemplo, comerse la placenta, cortar el cordón umbilical, amamantar, etcétera. En cambio, una mujer, en lugar de activar ese mecanismo, se convierte en un montón de dudas y miedos, generalmente, necesitará de otra persona para el alumbramiento, al menos que haya tenido una experiencia previa. En un estudio que realizo Irène Lêzine junto con un amplio grupo de especialistas en guarderías y hospitales en Francia, observó, que a las madres primerizas se les debe de enseñar cómo alimentar al bebe, puesto que muchas de ellas no tenían la postura correcta para cargarlo y brindarle el pezón, con lo cual tendían a asfixiarlo, ante esto ellas suponían que su bebe rechazaba el pecho.
Elizabeth Badinter a lo largo de su libro “¿Existe el Amor Maternal?” señala que en Francia y quizá en toda Europa, se presentó un alto índice de mortalidad infantil, a mediados del siglo XVIII, por lo que en primera instancia el Estado Francés se hizo cargo de los niños, siendo este el responsable de alimentarlos y cuidarlos, no obstante, con el tiempo, se consideró que resultaba más barato que las madres se ocuparan del cuidado de los infantes, y para lo cual se hizo un llamado a las mujeres para que cumpliesen su función.
La autora apunta que el Estado recurrió a diversos discursos políticos para convencerlas que se ocupasen personalmente de sus hijos. No fue fácil que las mujeres aceptaran los discursos insistentes y reiterativos relativos al papel de madre. Por ello, los alegatos de los funcionarios, fieles a la supremacía machista, tuvieron que apelar a las ciencias naturales, justificando la existencia de un denominado “instinto” maternal. Varios años tuvieron que transcurrir para que las mujeres y la sociedad en general aceptaran estos alegatos, formulados por varios pensadores como Roseau y Freud, que en el extremo buscan hacer sentir responsables y culpables a las madres hasta de la felicidad o infelicidad de sus hijos.
En este sentido, Badinter afirma que el instinto en cuestión no existe, sino que más bien es un comportamiento social e histórico que varía según las épocas y las costumbres, pero que ha quedado arraigado universalmente en las mujeres y que socialmente se pretende que este aparezca en el momento en que ella da a luz, pero apunta, que más bien se trata de un sentimiento humano, incierto, frágil e imperfecto, contrariamente a las ideas recibidas.
Norma Ferro en su libro “El Instinto Maternal o la Necesidad de un Mito” plantea que esto se trata de una de las ideas sólidamente más asentadas en nuestra cultura y es una de las expresiones de la dominación de la mujer, cuya femineidad queda reducida en virtud a la supuesta inclinación innata a la maternidad, bajo la idea de que una mujer no está completa hasta que no es madre. Según lo sostenido por la autora, la idea del instinto niega a la mujer la posibilidad del deseo, y por ende de autodeterminación. A su vez, la noción del instinto se desploma si tomamos en cuenta que a los hijos no se les planifica y quiere por instinto sino por amor y en función de un proyecto de vida; que no todas las mujeres tienen o sienten la necesidad de ser madre; y, los crecientes índices de niños y niñas en situación de calle y sujetos a tráfico, explotación y abuso de todo tipo.
A pesar de que las visiones críticas y las nuevas realidades sociales cuestionan de más en más el mito de la maternidad, mucha gente sigue suponiendo que el cuidado de los hijos corresponde por “naturaleza” a las mujeres, por el simple hecho de ser estas son las que paren y amamantan a los críos. Aún más, en franco contrasentido con el fundamento “biológico” del razonamiento, la arbitrariedad machista dicta que este cuidado y devoción debe extenderse mucho más allá de la época de crianza, cuando los hijos ya son mayores de edad, e incluso que ya han formado sus propias familias; también, esta obligación se suele extender hacia los lados, cuando se les obliga a las mujeres a cuidar de los enfermos o adultos mayores, aunque no exista una liga sanguínea o esta no sea directa.
Una vez resueltos a desnudar estas ficciones, una de las cosas que más llama la atención no es tanto descubrir que el pretendido instinto materno no funciona como nos han hecho creer, por ejemplo, en algunos eventos de sismo llegamos a saber anécdotas de madres que salen corriendo de las edificaciones y dejan a sus bebés adentro, basta decir que ello no debe ser motivo de mofa y menos para decir que son “madres desnaturalizadas”. Lo que llama más la atención es que la idea del instinto materno y la necesidad de aferrarse a este mito actúa más rápido, más automáticamente y más poderosamente que el propio instinto que dice representar, esto pasa así porque entraña, entre otros, un sentimiento de culpa y posesión muy fuerte que condiciona las actitudes y conductas de las personas ante un sin fin de escenarios.
De hecho, muchas madres se quejan y critican destructivamente, diciendo que los hombres no son capaces de llevar a cabo la labor maternal, aun cuando tampoco ellas tienen el conocimiento exacto, completo e innato de cómo cuidar a un hijo. Lo que sí sucede es que a ellas desde pequeñas se les estimula hacia esa tarea por medio de juegos con sus muñecas, y son inducidas a amamantar, bañar, preparar los alimentos, etcétera. Cuando la mujer critica al hombre en su manera de cuidar a un hijo, es algo parecido cuando una mujer es criticada por manejar un auto, ambos terminan dejándole la tarea al otro para evitar ser censurados y estar en paz con los roles de género asignados.
Impera una grave confusión de los aspectos biológicos de la maternidad con las costumbres sociales, ya que lo que en realidad está fuera del alcance de los hombres es el embarazo y el parto, pero en los demás aspectos de la crianza no hay razón biológica para no hacerse cargo. Hoy en día hay cada vez hay más padres de familias monoparentales que demuestran que son capaces de realizar todas las tareas para el cuidado de los niños.
Debido a los estereotipos, esto es visto como una amenaza por muchas mujeres que ejercen un monopolio de la maternidad y que pretenden minimizar al hombre en ese reino exclusivo. En una sociedad machista, el rol maternal altamente valorado socialmente, le otorga de manera condicionada a la mujer un relativo status privilegiado, un lugar de veneración muy delimitado, la maternidad la enaltece y santifica ante los ojos del varón, cosa que no sucede con su inteligencia o logros profesionales. Como se trata de un patrimonio femenino, la mujer tiende a defenderlo celosamente, y padece la contradicción de necesitar ayuda, pero no quiere perder el frágil control sobre su territorio. En estas condiciones, la familia puede convertirse en un terreno de rivalidad e incomunicación, en el que el afecto y afinidad de los hijos, ya sea por la mamá o el papá, se convierten en moneda de cambio que menoscaba el sentido solidario, estratégico y de entendimiento que debe tener el estar y crecer juntos.
Una visión más noble, en cambio, es que el oficio de padre o madre se aprenden con la experiencia, con decisión y respeto, y es importarte comprender que para hacerse cargo de los hijos funciona mejor un compromiso de corresponsabilidad y de conciliación de la vida y aspiraciones profesionales, laborales, académicas y familiares entre los que integran cada hogar.
Indudablemente hasta estos días, bajo estas condiciones, sin la madre no hubiésemos sobrevivido, y ha sido por medio de ella que hemos aprendido un sinfín de comportamientos vitales, desde la succión hasta el correr, desde el lenguaje hasta ser empáticos.
No obstante, Badinter apunta que los hombres más machistas pueden estar contentos ya que el final de su dominio no está previsto para mañana. Ellos han ganado la guerra subterránea sin siquiera tomar las armas, sin necesidad externar una opinión de la que luego deban rendir cuentas, sin embargo, en la práctica se niega el derecho de las mujeres a trabajar o a estudiar, porque entre otras cosas ello pone en peligro su destino manifiesto de ser madres de tiempo completo.
Estos dogmas asumidos y vividos tan cotidianamente implican que “El regreso con fuerza del naturalismo, que realza de nuevo el concepto trasnochado del instinto maternal y elogia el masoquismo y el sacrificio femenino constituye el peor peligro para la emancipación de las mujeres y la igualdad de los sexos”. Una de las reacciones más viles del régimen machista es polarizar las posiciones, mostrar como agresiva y violenta cualquier opinión crítica o disidente, incluso tergiversar y denunciar como enemigos de la institución familiar algunas propuestas de análisis que nos hacen reflexionar sobre el papel que le damos a la reproducción, que, además, explican las injusticias, los atropellos y las obligaciones que hemos impuesto a las mujeres en aras de un supuesto “instinto maternal”. Como muchas cosas en la vida, lo importante es conocer y hacerse de una opinión propia pero informada, para tomar decisiones que afectan nuestro entorno más inmediato, en este caso, el de nuestras familias, con el único afán de ponerlas al día para que funcionen mejor y proteger a quienes más queremos.

DE TRES A CINCO GENEROS


Es propio de aquellos con mentes estrechas, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza” Antonio Machado- poeta y dramaturgo español.

Si bien es cierto que desde la antigüedad se ha manejado el marcar una diferencia entre hombres y mujeres, sin embargo, esta no ha sido siempre la misma para todas las culturas y en todos los momentos históricos.  En algunas sociedades el maquillaje, la vestimenta, los adornos corporales podrían ser exclusivos de los hombres, mientras que en otras había sido para las mujeres.  Entre las labores marcadas por sexo es lo mismo, por ejemplo, en unas sociedades el tejedor es el hombre y en otras lo contrario. Se han encontrado tumbas prehistóricas huesos que pertenecieron a hombres, pero con adornos femeninos y viceversa.

Grandes antropólogos como Lewis y Mead, afirman que en algunas sociedades pueden tener dos o más perspectivas sexuales o géneros supernumerarios, es decir, que reconocen la existencia de 3 o más diferencias sexuales. En un estudio realizado por M. Kay y Barbara Voorhies, tienen unos ejemplos sobre esto: los Mohave, quienes vivían en california explican dentro de su mitología que tanto los homosexuales como los travestis han estado en el mundo desde su origen. Les llamaban hwame a las hembras que adoptaban papeles similares a la de los varones y alyha a los machos que adoptaban papeles correspondientes a las hembras. A los chicos que deseaban juguetes o ropa propios del sexo opuesto se les practicaba una ceremonia de iniciación para legitimar su cambio de posición.
Entre los Navajo cuando nace un hijo intersexual se les llama nadle, y se les separa tanto de hombres como de mujeres y se les da en contrapartida el privilegio de ocupar una posición. Este género está integrado por los verdaderos y los que fingen ser nadle. De esta forma ellos creen en la existencia de tres posibilidades respecto al sexo, o sea reconocen tres categorías de sexo físico y tres estados en cuanto al género sexual.  Los nadle utilizan ropa de varón o de hembra según las circunstancias, es decir, un nadle hará trabajos de mujer cuando lleve vestidos de mujer y de hombre cuando este vestido de igual forma. Esta posibilidad de usar uno u otro tipo de ropa da lugar a que exprese sus preferencias y que pueda realizar tareas y funciones tanto de un género como de otro.
En algunas civilizaciones indígenas de México se consideraban tres o más géneros, por ejemplo, en la cultura Maya, se consideraba un tercer género que, a diferencia del masculino que estaba encargado de proteger y defender, y a oposición del femenino que se encargaba de cuestiones del hogar, este tercer género tenía el papel de ser sanadores o adivinadores. Podrían haber incluido a personas transgénero, doble-espíritu, o intersexo.
Existen un gran número de culturas donde reconocen más de tres géneros, sociedades tales como los buguis de Indonesia donde reconocen cinco identidades, entre los Ciukci siberianos se reconocen siete géneros: masculino, femenino, tres géneros ulteriores para los biológicamente varones y otros dos para las hembras biológicas. Las culturas mohave, zuni, hopo, navajo, yuman, crow, yokut, papago, cheyene, winnwbago, omaha, ojibwa, cocopa, apache, miami, yorok y piegan de Norteamérica. Los hijras y sanhis en la India, los mahu, polinesia. En México están Los nawikis entre los raràmuris de la sierra tarahumara, un pueblo con una gran flexibilidad en sus relación sexuales y afectivas: existen familias polígamas y polixínicas, los muxes y nguju`s del Istmo de Tehuantepec
Para los Nativo Americanos, no existía un 'set de reglas' que los hombres y mujeres tenían que cumplir con el fin de ser considerados miembros "normales" de su tribu. Es más, la gente que tenía características tanto "masculinas" como "femeninas" era vista como dotada de dones por la naturaleza y, por lo tanto, capaz de entender los dos lados de todo. En todas las comunidades se reconocían estos roles de género, solo que con distintos -pero muy parecidos- nombres: Mujer, hombre, mujer de dos espíritus, hombre de dos espíritus y transgéneros.
Lamentablemente, la influencia religiosa occidental generó serios prejuicios contra esta forma de diversidad de género practicadas en muchas sociedades, lo que obligó a las personas afectadas a tomar una de las dos opciones forzadas o esconderse para proteger su vida.
La cultura de los 'dos espíritus' en Norte América fue una de las primeras costumbres que los europeos trataron de destruir y desaparecer de la historia. Un claro ejemplo de ello es lo que dijo en su momento el artista estadounidense de la época George Catlin, quien pensaba "que esta tradición debe ser erradicada antes de que llegue a los libros de historia".
En las culturas Nativo Americanas, la gente era valorada por sus contribuciones a la tribu, más allá de su masculinidad o feminidad.
El caso de las culturas ya mencionadas, nos hace preguntarnos fuertemente si estas conductas de flexibilidad en los roles de género son realmente 'antinaturales' como la moral occidental y religiosa que rige en nuestro país, nos ha enseñado. Si en otras sociedades estas conductas fueron tomadas como normales -y hasta como "una bendición del Creador"- sin que ocurra una catástrofe por ello ¿Por qué mucha gente cree que su homofobia/transfobia es una 'defensa por lo natural'? tal vez debemos de aprender de esas culturas.


jueves, 5 de julio de 2018

SE APRENDE A SER HOMBRE.



Hace unos días escuché a un hombre casado decirle a uno recién:   “Te recomiendo pegarle a tu esposa para que sepa quien lleva las riendas y para que después no te la haga de pedo”.  Pero recordé que también he oído -“A ese niño lo estás haciendo muy faldero, lo vas a hacer maricón”; “chíngate a tu hermana por no obedecer”; ”Compórtate como todo un hombre”;” Tendrás que aprender a ser el protector y proveedor de tu familia”; “Vieja el último”; ”Los hombres no lloran”; “El color rosa es para las niñas, ¿Acaso eres niña?; “Cuida tu dignidad de varón”.
Cuantas veces  hemos escuchado estas frases,  con las cuales el hombre va aprendiendo a ser “hombre” como lo dicta nuestra sociedad. Según el pensamiento convencional los varones deben cumplir con las expectativas de ser un “hombre”, por su “supuesta” naturaleza, ser más fuerte, no mostrar debilidades, ni expresar sus sentimientos,  estar siempre seguro de las cosas que hace, ser competitivo, ser violento, agresivo, exitoso, poderoso, ser el soporte de la familia, así mismo se le asigna el puesto de jefe, hasta tal punto de hacer sentir a su mujer que  ella le pertenece. Se le enseña a reprimir sus emociones lo que llega a generar conflictos internos que se expresan por medio de la violencia, disfunciones sexuales o adicciones socialmente toleradas como el alcoholismo.
No puedo concebir la construcción de la masculinidad en la actualidad, sin la fabricación  del papel que se le impone a la mujer y que constituye la contraparte de todo ese orden de ideas y actitudes.  Así como, el hombre, desde que nace tiene que demostrar que es hombre a través de los actos cotidianos, a la mujer se le educa para ser sumisa,  insegura, dependiente y para ser servidora, es decir, servidumbre del hombre, ello posibilita y se convierte al mismo tiempo en razón de ser del comportamiento machista del hombre.
Algunos varones, de acuerdo a su historia de vida, no se sienten capaces o no están de acuerdo en seguir reproduciendo estos patrones, sin embargo, tanto hombres como mujeres los tienden a rechazar, si, aun cuando son las mismas mujeres las principales afectadas. Dichos varones se vuelven  motivo de burlas, con expresiones como “eres un mandilón” “un cobarde” “poco hombre”,  ya que son sancionados por no “comportarse como hombres”. Por el lado, de la acción afirmativa, tampoco  están social y legalmente establecidos mecanismos e incentivos para reconocer o  allanarles el camino a los individuos que deciden asumir nuevos roles como el cuidado de los hijos, de los padres, el cuidado de la casa.
Ser “hombre” o ser “mujer”  está vinculado a ideas arraigadas y que resultan convenientes para algunos que se han ocupado de que permanezcan en nuestra herencia cultural,  no es algo que sea inevitable o propio de nuestra naturaleza, sino algo que aprendemos, por ello  debemos abrirnos  en los espacios cotidianos de nuestra relación con la gente que nos rodea y reflexionar, discutir y allegarnos de más información.

En memoria de José Esteban García Amador