miércoles, 25 de octubre de 2017

CUANDO NO ME COMUNICO

Desde que nacemos hasta que morimos, siempre estamos comunicándonos, y para ello no necesitamos hablar, utilizamos un lenguaje gestual, nuestras emociones y hasta el silencio es una forma de participar, se dice que “el que calla, otorga”. Y es que todo el cuerpo habla la entonación, las emociones y el entorno.
Cuando hablamos creemos que la otra persona nos está escuchando y además pensamos que está interpretando tal y como nosotros suponemos, sin embargo, el interlocutor, algunas veces no nos está escuchando realmente, tal vez sus pensamientos están en otra situación, puede que esté viendo la tv. o escucho un ruido y se distrajo. Hay momentos en que no estamos poniendo atención y a veces solo escuchamos palabras sueltas y se da una idea totalmente falsa o parcial de lo que sucede, terminando en un “teléfono descompuesto”. Esto a veces nos sucede cuando escuchamos en la radio una parte de la noticia y armamos una historia totalmente distinta.
A veces en nuestro “narcisismo o egocentrismo” creemos que nuestra opinión es la verdad absoluta y no queremos escuchar  las opiniones de otros. ¿Te ha pasado que tus familiares esperan que les adivines lo que piensan? Que suponen que las cosas son tan obvias que deberías de haber pensado por sus necesidades y si no lo haces se enojan.  Y es que a veces damos por hecho las cosas. De este modo, algunas personas no quieren decir lo que les pasa con la idea de no querer molestar, sin embargo, ellos cuentan con una expectativa de querer escuchar algo y si no es lo que ellos esperan, se sienten molestos, lo cual genera un descontrol para quienes los rodean, por lo cual no se puede dar un buen nivel de comunicación.
Suele haber una mala comunicación cuando se dan instrucciones, donde para uno le es fácil pues conoce el lugar o como realizarlo, mientras que para el segundo si lo es y a veces no pregunta, para no parecer estúpido, por pena o simplemente, por temor a ser juzgado.
Algunas personas no aclaran las cosas para crear confusión y generar un beneficio para sí mismas.
¿Conoces a alguien que habla por los codos, pero no escucha a los demás y tampoco deja participar? Si es así, ya habrás comprobado que puede resultar bastante molesto y cansado, además de poco adaptativo. Y no tienen por qué ser malas personas, ni mucho menos, pero ciertamente no deseamos compartir tiempo con ellas. Quizás sean personas que tienen necesidad de ser escuchadas, para ello utilizar expresiones del tipo: “como te decía…”, “disculpa que te interrumpa, quiero comentarte…”, “volviendo al tema…”, “para concretar”. Este tipo de expresiones ayudarán a que tu interlocutor tome conciencia de lo que es para ti importante tratar.
A veces estamos tan predispuestos a querer hablar con alguien que ya imaginamos lo que nos va a decir incluso, al iniciar la conversación insultamos a la persona con la que queremos hablar o lo hacemos en un tono que es molesto, a veces de tipo autoritario. Así mismo, cuando una persona quiere que la escuchemos prejuzgamos a la otra, la criticamos 
Sin duda alguna, un adulto cuenta con más experiencia que un joven o un niño, quizás lo que desean las madres es que no tengan los mismos errores que ellas tuvieron, y por lo cual se quejan que ellos no las escuchan, la pregunta sería ¿quieren que las escuchen o que las obedezcan?, acaso los padres suponen que una de sus funciones principales es que siempre deberán de aconsejar a los hijos.
Nos olvidamos de preguntar ¿Cómo quieres que te escuche? ¿quieres que te de una opinión?  y entender que cuando se da un consejo, no necesariamente se va a seguir, sino que será para tenerlo en cuenta.
 Esto me recuerda lo que Jorge Bucay dice en un texto: “Quiero que me oigas, sin juzgarme. Quiero que opines, sin aconsejarme. Quiero que confíes en mí, sin exigirme. Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí”.


martes, 29 de agosto de 2017

¿Qué se siente cuando la esposa es independiente? ¿Te hace sentir orgulloso o te genera conflicto en la relación?

Muchos hombres se sienten incómodos e incluso inseguros ante la idea de tener al lado a una mujer “tan independiente” que no solo no necesita de su protección, sino que también puede hacerse cargo de los gastos cotidianos y de los hijos. También hay  a quienes no les gusta que su esposa trabaje fuera de casa, prefieren que se dedique a los niños y a lo doméstico. A veces también les afecta que ella tenga más preparación académica, (aunque ya lo sabían antes de casarse).Pero si la mujer debe trabajar por necesidades económicas, lo aceptan a regañadientes, y bajo ningún concepto aceptarían que ella sea quien gane más, y aunque gracias a esta realidad la economía del hogar fuese más holgada,  se sentirían amenazados en su rol masculino de no ser los principales proveedores del sustento familiar.
Sin embargo, no siempre lo que es un problema para una persona lo es para la otra y en raros casos, la mujer de verdad piensa que no es un inconveniente que él gane menos dinero o tenga menor preparación escolar. Pero como nunca he tratado de generalizar, también podemos ver el lado opuesto, donde a algunas mujeres si les hace ruido, el constante bombardeo ya sea familiar o social en las que ellas deben ser las “mantenidas”, no el hombre, eso las hace sentir que están manteniendo a un “holgazán”, aun y cuando él sea el “amo de casa”.
Clara Coria, psicóloga clínica y autora del libro "El dinero en la pareja", sostiene que el dinero sigue teniendo un tinte sexual, "y ese género sexual sigue siendo masculino, aun cuando en las últimas décadas algunas mujeres hayan accedido a la adquisición y posesión del mismo". Pero este conflicto generalmente no queda solamente ahí, sino se suele introducirse bajo las sábanas, ya que en la vida íntima de una pareja, en el deseo y en el logro de placer se expresan las incidencias del poder, es decir, muchas de las veces la competencia entre ambos se deja sentir en la cama.
Porque lamentablemente cuando nos sentimos inferiores, tendemos a buscar la superioridad tratando de herir y menos preciar al compañero y es allí donde comienzan las dificultades y donde uno se perciba  menos, se convierte en un problema de pareja.
En general este, y cualquier tipo de roce dentro de una pareja se puede superar con buena voluntad, confianza, respeto y apoyo mutuo, el camino es un diálogo constructivo, basado en los mismos puntos y que incluya las opiniones y sentimientos de cada miembro de la pareja buscando en todo momento una mayor armonía y comprensión solidificando los lazos de la relación, evitando cualquier tipo de comentarios sarcásticos o fuera de tono, que podrían resquebrajar el entendimiento o a uno de los miembros de la pareja.
Si la pareja  está bien constituida  no tendrá ningún tipo de influencia negativa proveniente de los familiares o amistades que suelen hacer comentarios, siempre y cuando ambos se respeten, se quieran y se admiren.
Indiferentemente de cual sea la situación específica, es un tema que debe ser tratado abiertamente y sin recelos dentro de la pareja, manteniendo el nivel de respeto, y jamás haciendo sentir al otro como  inferior porque tiene mayor preparación  o aporta más dinero.

¿Qué es lo mejor para los miembros de una pareja? Pues hacer todo lo posible para sentirse cómodos en la realidad que les toca vivir, aceptarla, acompañarse, estimular el crecimiento del otro sin limitarlo, y, por sobre todo, hablar de lo que les incomoda. No hay por qué subvalorarse por ser quien menos gana, hay circunstancias que observadas desde otra perspectiva pueden ser altamente ventajosas. Vale la pena tener en cuenta todas las ventajas que esta situación aporta y entender que, en una pareja, el objetivo en común es el mismo, independientemente de quién genere mayores ingresos. En la relación de pareja lo más importante es estar apoyados y sentir que los dos están consolidando un bien familiar.

¿Nos mal interpretan? 0 ¿Falta de comunicación?

¿Te has visto envuelto en un malentendido? ¿Qué haces cuando una persona te malinterpreta?
Cuántas veces has dicho una frase sin pensar o que crees que te estás explicando claramente, y resulta que tus palabras fueron tomadas de una manera que nunca podrías haber imaginado. Peor aún, probablemente, no con la intención que pretendías o de forma negativa, y después quieres explicar y pareciera ser que se empeora la situación.
Los malentendidos son una de las primeras fuentes de tensión y conflicto en las relaciones humanas. Se producen cuando una de las partes involucradas se equivoca interpretando el comportamiento o las palabras de otra. A veces, sencillamente es que no conseguimos comunicar las ideas con la claridad y la precisión deseadas; y también existe la tendencia a malinterpretar ciertos gestos.
Esta mala interpretación tiene que ver con la percepción subjetiva de la otra persona, es decir, como todos tenemos una historia de vida, en la que  posiblemente nos han dañado con algún comentario. Pero, eso no es todo,  también contamos con conceptos que provienen de nuestras creencias, valores, recuerdos, educación, cultura, todo esto hace que, ante un mismo mensaje las personas podamos entender cosas diferentes. Y si eso no fuera poco, también, depende, y mucho, de nuestro estado físico y emocional. Así mismo, cada persona tiene una percepción propia y única, fruto de su fisiología, educación, valores y recuerdos, significa que es imposible saber cómo una persona va a descifrar el mensaje que estamos enviando. Es decir, somos dos personas con historias diferentes y cada una trae su información subjetiva. Somos dos realidades distintas y  para cada uno es verdad lo que vivimos. Ante lo cual, ambos podemos estar correctos, pero también equivocados, podemos estar viendo la misma película, y aun así,  podemos tener versiones distintas.
Después de todo esto, parece sorprendente  que, cuando hablamos, nos lleguemos a entender. Existe una frase que dice “Yo sólo soy responsable de lo que yo digo, no de lo que tú entiendas”. Así que, cuando el malentendido se produce, no puede trasladarse la responsabilidad total del mismo al emisor, por todo lo que hemos explicado.
Se puede estar de acuerdo con esta frase, aunque, sólo en parte, porque quedarse ahí significa que uno se convierte en víctima de los malos entendidos, pero cuando estamos con personas que son significativas en nuestra vida, lo que queremos es comunicarnos y hacernos entender lo mejor posible con ellas.
Efectivamente, cuando me comunico, yo no tengo la culpa que las otras personas tengan una cultura, unas creencias determinadas y que además,  esté en un estado emocional determinado. Sin embargo, hay algo que sí puedo hacer para conseguir hacerme entender. Humberto Maturana lo dice con las siguientes palabras: “Yo soy absolutamente responsable de lo que digo, pero irresponsable de lo que tú escuchas”. Sin embargo es mi responsabilidad cotejar constantemente lo que yo digo con lo que tú escuchas.
Efectivamente, si quiero que mi mensaje llegue a la otra persona, no puedo evitar que el otro individuo entienda una cosa diferente de la que yo haya dicho. Eso no está en mi círculo de responsabilidad o de influencia, pero si está en mi círculo de preocupación. Ahora bien, como es realmente importante para mí que el mensaje llegue a mi interlocutor, sí que está en mi ámbito de responsabilidad e influencia el preguntar por lo que el otro ha entendido.
Ahora bien, si ambos están dispuestos a arreglar ese mal entendido, quizás se tendrá que  mover de nuestra área de confort y ponernos en el lugar del otro, debemos de aprender a escucharlo, pues es importante que las personas se pongan humildemente a platicar y estén dispuestos a entender cómo se sintió la otra persona y como hizo sentirme. Nunca dar por hecho las cosas. Sin embargo, siempre habrá alguna persona con la que se ha tenido algún roce emocional y esta no querrá  escucharnos y sin duda alguna nos sentiremos frustrados por no haber podido aclarar la situación. Debemos entender que algunas veces estas fricciones pueden llegar a tener un arreglo, pero otras no.






lunes, 28 de agosto de 2017

¿AMOS DE CASA?

En la actualidad es más frecuente conocer familias donde los roles tradicionales han cambiado, es decir donde la madre es quien trabaja y el padre es quien se encarga de las labores del hogar.
Hay situaciones en que el esposo no consigue tener trabajo y es ella quien, si lo puede obtener por sus capacidades y porque los patrones están contratando más personal femenino, quizá porque les pagan menos o porque ahora los tipos de empleos también han cambiado. A veces puede ser por algunos lapsos de tiempo durante la vida matrimonial, otras veces suele ser permanente, donde ella termina aportando sumas mayores de dinero que su pareja o bien siendo el principal sostén de la familia. Aunque algunas mujeres se sienten mal, pues regresan a la forma de pensar que ellas deben de ser las “mantenidas”.
Hoy en día más hombres toman el “papel tradicional de la mujer” y se quedan en la casa, pero todavía no es muy común. La mayoría de ellos aún no pueden aceptar la idea de ser los maridos “amos de casa”, sin embargo, hay algunos que preferirían permanecer en la vivienda, porque a decir verdad es una vocación legítima. Y es que socialmente tampoco son bien vistos, ya que al varón que participa activamente en los quehaceres de la casa se les etiqueta como mandilón, como mantenido o “poco hombre”. Lamentablemente, también entre las mismas mujeres esto se hace más grande, por las críticas y agresiones que abundan, como, por ejemplo, la suegra que suele atacar a la nuera acusándola de ser una “fodonga”, o por no haber salido “buena mujercita”.
Cabe señalar que para aquellos hombres que han adoptado estos nuevos roles, no lo perciben como una “ayuda a la esposa”, sino que se reconocen corresponsables y entusiasmados al formar parte integrante de la familia, por ejemplo “si Yo ensucio, debo limpiar”; “disfruto cocinar y lo hago con gusto”, “cuido a los niños porque los quiero y son mis hijos”. Inclusive, la vida doméstica puede llegar a ser muy aburrida y pesada para ambos, pero ello es más llevadero si se comparten y alternan tareas domésticas. Tal vez existan faenas hogareñas que no son agradables de realizar, pero ello no es privativo de los hombres, también las mujeres tienen derecho a externarlo y ser aliviadas de estas tareas ingratas.
Aún más, si entre sus labores familiares, los hombres a la par que las mujeres hacen reparaciones en la casa, cocinan, recogen a los niños de la escuela y cuidan a los adultos mayores, ello posibilita poder convivir más con los hijos, desarrollando una paternidad que anteriormente era como ausente. A la larga esto posibilita un mejor entendimiento entre mujeres y hombres y prácticas más igualitarias.
Lo importante es que el hombre no se sienta disminuido por hacer estas tareas, como, por ejemplo; de hacerse cargo de los niños o de cocinar, ya que además se dice que ellos tienen buena sazón.
A su vez, existen también hombres y mujeres que viven solos y que también tienen que hacerse cargo de su hogar, de lavar, planchar, el aseo, etcétera, o sea estas tareas no son consustanciales al género, o como patéticamente se dice “labores propias de su sexo” o “cuida tu dignidad de varón”.
Ya sea que el padre o la madre se queden en casa, los hijos no encuentran diferencias. Lo importante que los padres les expliquen la situación y sus razones para la inversión de papeles y guarden siempre congruencia al respecto. Es necesario que ellos comprendan que su padre decidió quedarse allí porque era la mejor elección para la familia. Puesto que esto podrá generar descontrol cuando los pequeños acudan a la escuela, por no pertenecer a la “normatividad”. Si una pareja está interesada en la inversión de papeles, recomiendo que lo lleven a la práctica y que hablen mucho de este tema a fin de hacer los ajustes sobre la marcha y, bueno, como cualquier tema que afecte el rumbo de la familia debe merecer mucho cuidado y atención.
De esta forma, el padre tiende a implicarse de otra manera, es decir, con una mayor responsabilidad y compromiso que en el pasado. Las causas de este traspaso de actividades y de roles son muchas y variadas, destacando los nuevos modelos de estructura familiar, la incorporación de la mujer con más fuerza al mercado laboral, factores de evolución cultural, entre otros. Una situación ideal que esto nos lleve a encontrar a más padres que juegan con los niños, se preocupan por su educación y prestan mayor atención a su alimentación y cuidado integral.
En fin, esto redundará en beneficio de los niños y niñas que tengan la oportunidad de crecer en un ambiente con menos segmentación de roles que en el pasado, con una mejor crianza en general y menos carencias afectivas y materiales

miércoles, 9 de agosto de 2017

Te deseo lo suficiente

Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se estaban despidiendo.
 Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:
“Te amo y te deseo lo suficiente”.
La hija respondió: “Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado. También te deseo lo suficiente”.
Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.
La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar. Traté de no observarla para no invadir su privacidad pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:
“¿Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?”.
Sí, lo he hecho – respondí. – Perdón por preguntar – contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para siempre?
Yo soy una mujer vieja, y ella vive muy lejos de aquí.
 La realidad es que su próximo viaje será para mi funeral.
Cuando se despidió de ella escuché que le dijo
“te deseo lo suficiente”.
¿A qué se refiere?
Comenzó a sonreír.
 Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación.
 Mis padres solían decirlo.
 Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego sonrió aún más.
– Cuando decimos “Te deseo lo suficiente”, es que deseamos que la otra persona tenga una vida llena de SÓLO lo suficientemente bueno para vivir.
Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:
“Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante”,
“Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol”.
“Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva”
 “Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes”
 “Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades”
 “Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees.”
 “Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas”.
Luego ella comenzó a llorar y se alejó.
Se dice que:
 toma un minuto encontrar a una persona especial,
 una hora en apreciarla,
 un día para amarla,

 pero una vida para olvidarla.
                                                                                                                  autor desconocido

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Por qué gana más ella que yo?


Es un tema que puede crear situaciones de roce, de fricción y ser causante de malentendidos en la pareja, porque involucra sentimientos profundos, sensaciones de insatisfacción y de frustración así como de minusvalía del uno frente al otro.
Como hemos crecido en sociedades machistas; en las cuales se refuerza el estereotipo que el hombre es el que trabaja, el que mantiene a la mujer y la casa;  por lo tanto debe conseguir más dinero que ella. Esta imagen tiene que ver con el orgullo masculino, con su necesidad de ser respetado y valorado a través de ser quien cubre las necesidades materiales de la casa. La idea fundamental es que el hombre es el proveedor, el no hacerlo implica perder parte de su “hombría”, por lo cual, muchos hombres se sienten incomodos cuando saben que su mujer gana más que él. (o de plano quedarse en casa al cuidado de los hijos).
De esta forma, los hombres que ganan menos que sus parejas se sienten avergonzados, amenazados en su papel histórico de proveedores, piensan que han perdido una de las bases de la masculinidad. Dinero es igual a poder y respeto, esto se lee como auto valía. Cobrar menos que su mujer es faltar como hombres, es ser menos, es valer menos. Los hombres se creen del tamaño de su sueldo, para ellas no. Y aunque los hombres se han creído mejores para manejar el dinero, la mayor de las veces son ellas las mejores  administradoras.
Ellas generalmente invierten en el bienestar del hogar; mientras que ellos quieren comprar estatus: un súper carro, el mejor reloj, teléfono celular, computador. Para ellas, recibir más es poseer libertad e independencia, para ellos es perder su derecho legítimo de controlar, poseer y dominar. Muchas veces, él al sentirse amenazado tiende a descalificar todas las actividades de ella, la agrede verbal o físicamente hasta llegar a la humillación, sugiriendo que tiene coqueteos con el jefe u hombres que supuestamente la favorecen.
Al principio la pareja busca estrategias para esconder esta realidad, no quieren que se enteren los demás, ambos sienten vergüenza y mienten a su familia y a sus amigos acerca de la desproporción de sus ingresos. Sin embargo, obtener menos o más dinero, no es lo que hace a un hombre, es solo una apreciación que hacemos, además que nos encontramos con la posibilidad de que el hombre piensa que su pareja no lo valora lo suficiente, o se siente mal porque el gana menos que ella. Sin embargo, no siempre lo que es un problema para una persona lo es para la otra, en raros casos, la mujer de verdad piensa que es un inconveniente que el perciba menos dinero que ella. Quizás el mayor peso que puede sentir él, es la cuestión social, donde los familiares o amistades lo catalogan como “el mantenido”.
Este tipo de problemas depende del manejo que se le dé dentro de la pareja y de cada uno de los miembros en particular y el ejemplo que se da a los hijos en su casa. Entender que los dos son un equipo y que la pareja es para apoyarse y ayudarse. Comprender que tras siglos de desigualdades, las mujeres han conseguido más equidad incluso en el ingreso. Aunque estando en las mismas condiciones académicas y de competencias, los hombres siguen siendo mejor remunerados. Actualmente, las condiciones han cambiado y hoy son muchas las que ganan mucho más que ellos.

El objetivo en la vinculación de pareja es la felicidad. La mayoría de las parejas se valen del dinero para potenciar y condimentar esa felicidad. Juntos pueden elegir una manera de integrar la economía al amor, creando una administración solidaria en donde cada uno pague según el porcentaje de ingresos y festejen que lo importante no es quién gane el dinero sino cómo se usa para fortalecer el encuentro.

jueves, 20 de julio de 2017

TODOS QUEREMOS SER ESCUCHADOS

En la antigüedad, cuando alguien repetía un nombre dos veces seguidas significaba “te quiero decir algo importante” ponme atención.
En la actualidad, muchas veces, sentimos que no se nos pone la atención debida, cuando estamos hablando con alguien y anda viendo o haciendo algo;  y es que la mayoría de las veces se requiere del lenguaje corporal del otro, como el buscar el contacto ojo a ojo, una palabra, asintiendo, sonriendo o con gestos similares, para tener la certeza que nos están escuchando. Si bien, escuchar es un acto libre, voluntario y consciente, que tiene como propósito comprender e implicarse con el otro y que  no es lo mismo que oír, porque este es un acto involuntario. Se refiere a percibir sonidos, los cuales durante todo el día los estamos oyendo, como las alarmas, el claxon, los ladridos, los motores, etcétera.
Cuando nos sentimos escuchados experimentamos bienestar, y es que es un gozo saberse escuchado con atención y respeto. Todos queremos ser escuchados, sin embargo, el frenético ritmo de vida que llevamos nos dificulta la práctica de la escucha, y no sólo por razones externas, sino también por razones internas. No es fácil escuchar, pues hacerlo conlleva todo un proceso. No basta con saber hablar, hay que también saber escuchar, porque escuchar es ser validados, es un acto de amor, por lo cual es importante aprender a escuchar lo que dice el otro.
Muchas veces cuando alguien nos habla, lo interrumpimos e inmediatamente comenzamos a suponer lo que va a exponer y no permitimos que termine de explicar lo que quiere decir. No hay dialogo cuando queremos que prevalezca nuestra posición frente a la del otro. Muchas veces, escuchamos cuando  estamos tan metidos en nuestro propio ruido interno, (en nuestros pensamientos) y eso evita ponernos en contacto con el otro. Tampoco escuchan cuando no están interesadas en esta interrelación personal, es decir, que  si en una relación no te importa cómo se siente la otra persona, pues no habrá comunicación. Muchas veces armamos una historia que eventualmente no tiene nada que ver con lo que en realidad sucedió.
Se suele decir que la gente, en especial los hijos “no escuchan”, cuando se les dice que hacer, pero aquí cabría la posibilidad de analizar si lo que queremos es que nos escuchen o que nos obedezcan.
Definitivamente después de escuchar, se puede dar una opinión con amabilidad, pero eso no implica necesariamente que se seguirá el consejo. También se puede dar un abrazo o alguna señal que retroalimente la comunicación. A veces el silencio permite reflexionar sobre lo que la otra persona ha dicho, aunque pueda parecer incómodo.
Pero hay veces que ni a nosotros mismos nos escuchamos, lo cual significa que estamos pensando en voz alta, esto nos ayuda a  reflexionar, y es que cuando hablamos con el otro nos reconocemos, nos auto explicarnos, y  al momento de hacerlo nosotros mismo estamos dando una solución.

Platicar, dialogar con otros nos ayuda a humanizar nuestras relaciones y de entender que puede haber diferencias las cuales son comunes y positivas para llegar a un acuerdo.