martes, 29 de agosto de 2017

¿Nos mal interpretan? 0 ¿Falta de comunicación?

¿Te has visto envuelto en un malentendido? ¿Qué haces cuando una persona te malinterpreta?
Cuántas veces has dicho una frase sin pensar o que crees que te estás explicando claramente, y resulta que tus palabras fueron tomadas de una manera que nunca podrías haber imaginado. Peor aún, probablemente, no con la intención que pretendías o de forma negativa, y después quieres explicar y pareciera ser que se empeora la situación.
Los malentendidos son una de las primeras fuentes de tensión y conflicto en las relaciones humanas. Se producen cuando una de las partes involucradas se equivoca interpretando el comportamiento o las palabras de otra. A veces, sencillamente es que no conseguimos comunicar las ideas con la claridad y la precisión deseadas; y también existe la tendencia a malinterpretar ciertos gestos.
Esta mala interpretación tiene que ver con la percepción subjetiva de la otra persona, es decir, como todos tenemos una historia de vida, en la que  posiblemente nos han dañado con algún comentario. Pero, eso no es todo,  también contamos con conceptos que provienen de nuestras creencias, valores, recuerdos, educación, cultura, todo esto hace que, ante un mismo mensaje las personas podamos entender cosas diferentes. Y si eso no fuera poco, también, depende, y mucho, de nuestro estado físico y emocional. Así mismo, cada persona tiene una percepción propia y única, fruto de su fisiología, educación, valores y recuerdos, significa que es imposible saber cómo una persona va a descifrar el mensaje que estamos enviando. Es decir, somos dos personas con historias diferentes y cada una trae su información subjetiva. Somos dos realidades distintas y  para cada uno es verdad lo que vivimos. Ante lo cual, ambos podemos estar correctos, pero también equivocados, podemos estar viendo la misma película, y aun así,  podemos tener versiones distintas.
Después de todo esto, parece sorprendente  que, cuando hablamos, nos lleguemos a entender. Existe una frase que dice “Yo sólo soy responsable de lo que yo digo, no de lo que tú entiendas”. Así que, cuando el malentendido se produce, no puede trasladarse la responsabilidad total del mismo al emisor, por todo lo que hemos explicado.
Se puede estar de acuerdo con esta frase, aunque, sólo en parte, porque quedarse ahí significa que uno se convierte en víctima de los malos entendidos, pero cuando estamos con personas que son significativas en nuestra vida, lo que queremos es comunicarnos y hacernos entender lo mejor posible con ellas.
Efectivamente, cuando me comunico, yo no tengo la culpa que las otras personas tengan una cultura, unas creencias determinadas y que además,  esté en un estado emocional determinado. Sin embargo, hay algo que sí puedo hacer para conseguir hacerme entender. Humberto Maturana lo dice con las siguientes palabras: “Yo soy absolutamente responsable de lo que digo, pero irresponsable de lo que tú escuchas”. Sin embargo es mi responsabilidad cotejar constantemente lo que yo digo con lo que tú escuchas.
Efectivamente, si quiero que mi mensaje llegue a la otra persona, no puedo evitar que el otro individuo entienda una cosa diferente de la que yo haya dicho. Eso no está en mi círculo de responsabilidad o de influencia, pero si está en mi círculo de preocupación. Ahora bien, como es realmente importante para mí que el mensaje llegue a mi interlocutor, sí que está en mi ámbito de responsabilidad e influencia el preguntar por lo que el otro ha entendido.
Ahora bien, si ambos están dispuestos a arreglar ese mal entendido, quizás se tendrá que  mover de nuestra área de confort y ponernos en el lugar del otro, debemos de aprender a escucharlo, pues es importante que las personas se pongan humildemente a platicar y estén dispuestos a entender cómo se sintió la otra persona y como hizo sentirme. Nunca dar por hecho las cosas. Sin embargo, siempre habrá alguna persona con la que se ha tenido algún roce emocional y esta no querrá  escucharnos y sin duda alguna nos sentiremos frustrados por no haber podido aclarar la situación. Debemos entender que algunas veces estas fricciones pueden llegar a tener un arreglo, pero otras no.






lunes, 28 de agosto de 2017

¿AMOS DE CASA?

En la actualidad es más frecuente conocer familias donde los roles tradicionales han cambiado, es decir donde la madre es quien trabaja y el padre es quien se encarga de las labores del hogar.
Hay situaciones en que el esposo no consigue tener trabajo y es ella quien, si lo puede obtener por sus capacidades y porque los patrones están contratando más personal femenino, quizá porque les pagan menos o porque ahora los tipos de empleos también han cambiado. A veces puede ser por algunos lapsos de tiempo durante la vida matrimonial, otras veces suele ser permanente, donde ella termina aportando sumas mayores de dinero que su pareja o bien siendo el principal sostén de la familia. Aunque algunas mujeres se sienten mal, pues regresan a la forma de pensar que ellas deben de ser las “mantenidas”.
Hoy en día más hombres toman el “papel tradicional de la mujer” y se quedan en la casa, pero todavía no es muy común. La mayoría de ellos aún no pueden aceptar la idea de ser los maridos “amos de casa”, sin embargo, hay algunos que preferirían permanecer en la vivienda, porque a decir verdad es una vocación legítima. Y es que socialmente tampoco son bien vistos, ya que al varón que participa activamente en los quehaceres de la casa se les etiqueta como mandilón, como mantenido o “poco hombre”. Lamentablemente, también entre las mismas mujeres esto se hace más grande, por las críticas y agresiones que abundan, como, por ejemplo, la suegra que suele atacar a la nuera acusándola de ser una “fodonga”, o por no haber salido “buena mujercita”.
Cabe señalar que para aquellos hombres que han adoptado estos nuevos roles, no lo perciben como una “ayuda a la esposa”, sino que se reconocen corresponsables y entusiasmados al formar parte integrante de la familia, por ejemplo “si Yo ensucio, debo limpiar”; “disfruto cocinar y lo hago con gusto”, “cuido a los niños porque los quiero y son mis hijos”. Inclusive, la vida doméstica puede llegar a ser muy aburrida y pesada para ambos, pero ello es más llevadero si se comparten y alternan tareas domésticas. Tal vez existan faenas hogareñas que no son agradables de realizar, pero ello no es privativo de los hombres, también las mujeres tienen derecho a externarlo y ser aliviadas de estas tareas ingratas.
Aún más, si entre sus labores familiares, los hombres a la par que las mujeres hacen reparaciones en la casa, cocinan, recogen a los niños de la escuela y cuidan a los adultos mayores, ello posibilita poder convivir más con los hijos, desarrollando una paternidad que anteriormente era como ausente. A la larga esto posibilita un mejor entendimiento entre mujeres y hombres y prácticas más igualitarias.
Lo importante es que el hombre no se sienta disminuido por hacer estas tareas, como, por ejemplo; de hacerse cargo de los niños o de cocinar, ya que además se dice que ellos tienen buena sazón.
A su vez, existen también hombres y mujeres que viven solos y que también tienen que hacerse cargo de su hogar, de lavar, planchar, el aseo, etcétera, o sea estas tareas no son consustanciales al género, o como patéticamente se dice “labores propias de su sexo” o “cuida tu dignidad de varón”.
Ya sea que el padre o la madre se queden en casa, los hijos no encuentran diferencias. Lo importante que los padres les expliquen la situación y sus razones para la inversión de papeles y guarden siempre congruencia al respecto. Es necesario que ellos comprendan que su padre decidió quedarse allí porque era la mejor elección para la familia. Puesto que esto podrá generar descontrol cuando los pequeños acudan a la escuela, por no pertenecer a la “normatividad”. Si una pareja está interesada en la inversión de papeles, recomiendo que lo lleven a la práctica y que hablen mucho de este tema a fin de hacer los ajustes sobre la marcha y, bueno, como cualquier tema que afecte el rumbo de la familia debe merecer mucho cuidado y atención.
De esta forma, el padre tiende a implicarse de otra manera, es decir, con una mayor responsabilidad y compromiso que en el pasado. Las causas de este traspaso de actividades y de roles son muchas y variadas, destacando los nuevos modelos de estructura familiar, la incorporación de la mujer con más fuerza al mercado laboral, factores de evolución cultural, entre otros. Una situación ideal que esto nos lleve a encontrar a más padres que juegan con los niños, se preocupan por su educación y prestan mayor atención a su alimentación y cuidado integral.
En fin, esto redundará en beneficio de los niños y niñas que tengan la oportunidad de crecer en un ambiente con menos segmentación de roles que en el pasado, con una mejor crianza en general y menos carencias afectivas y materiales

miércoles, 9 de agosto de 2017

Te deseo lo suficiente

Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se estaban despidiendo.
 Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:
“Te amo y te deseo lo suficiente”.
La hija respondió: “Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado. También te deseo lo suficiente”.
Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.
La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar. Traté de no observarla para no invadir su privacidad pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:
“¿Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?”.
Sí, lo he hecho – respondí. – Perdón por preguntar – contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para siempre?
Yo soy una mujer vieja, y ella vive muy lejos de aquí.
 La realidad es que su próximo viaje será para mi funeral.
Cuando se despidió de ella escuché que le dijo
“te deseo lo suficiente”.
¿A qué se refiere?
Comenzó a sonreír.
 Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación.
 Mis padres solían decirlo.
 Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego sonrió aún más.
– Cuando decimos “Te deseo lo suficiente”, es que deseamos que la otra persona tenga una vida llena de SÓLO lo suficientemente bueno para vivir.
Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:
“Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante”,
“Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol”.
“Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva”
 “Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes”
 “Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades”
 “Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees.”
 “Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas”.
Luego ella comenzó a llorar y se alejó.
Se dice que:
 toma un minuto encontrar a una persona especial,
 una hora en apreciarla,
 un día para amarla,

 pero una vida para olvidarla.
                                                                                                                  autor desconocido

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Por qué gana más ella que yo?


Es un tema que puede crear situaciones de roce, de fricción y ser causante de malentendidos en la pareja, porque involucra sentimientos profundos, sensaciones de insatisfacción y de frustración así como de minusvalía del uno frente al otro.
Como hemos crecido en sociedades machistas; en las cuales se refuerza el estereotipo que el hombre es el que trabaja, el que mantiene a la mujer y la casa;  por lo tanto debe conseguir más dinero que ella. Esta imagen tiene que ver con el orgullo masculino, con su necesidad de ser respetado y valorado a través de ser quien cubre las necesidades materiales de la casa. La idea fundamental es que el hombre es el proveedor, el no hacerlo implica perder parte de su “hombría”, por lo cual, muchos hombres se sienten incomodos cuando saben que su mujer gana más que él. (o de plano quedarse en casa al cuidado de los hijos).
De esta forma, los hombres que ganan menos que sus parejas se sienten avergonzados, amenazados en su papel histórico de proveedores, piensan que han perdido una de las bases de la masculinidad. Dinero es igual a poder y respeto, esto se lee como auto valía. Cobrar menos que su mujer es faltar como hombres, es ser menos, es valer menos. Los hombres se creen del tamaño de su sueldo, para ellas no. Y aunque los hombres se han creído mejores para manejar el dinero, la mayor de las veces son ellas las mejores  administradoras.
Ellas generalmente invierten en el bienestar del hogar; mientras que ellos quieren comprar estatus: un súper carro, el mejor reloj, teléfono celular, computador. Para ellas, recibir más es poseer libertad e independencia, para ellos es perder su derecho legítimo de controlar, poseer y dominar. Muchas veces, él al sentirse amenazado tiende a descalificar todas las actividades de ella, la agrede verbal o físicamente hasta llegar a la humillación, sugiriendo que tiene coqueteos con el jefe u hombres que supuestamente la favorecen.
Al principio la pareja busca estrategias para esconder esta realidad, no quieren que se enteren los demás, ambos sienten vergüenza y mienten a su familia y a sus amigos acerca de la desproporción de sus ingresos. Sin embargo, obtener menos o más dinero, no es lo que hace a un hombre, es solo una apreciación que hacemos, además que nos encontramos con la posibilidad de que el hombre piensa que su pareja no lo valora lo suficiente, o se siente mal porque el gana menos que ella. Sin embargo, no siempre lo que es un problema para una persona lo es para la otra, en raros casos, la mujer de verdad piensa que es un inconveniente que el perciba menos dinero que ella. Quizás el mayor peso que puede sentir él, es la cuestión social, donde los familiares o amistades lo catalogan como “el mantenido”.
Este tipo de problemas depende del manejo que se le dé dentro de la pareja y de cada uno de los miembros en particular y el ejemplo que se da a los hijos en su casa. Entender que los dos son un equipo y que la pareja es para apoyarse y ayudarse. Comprender que tras siglos de desigualdades, las mujeres han conseguido más equidad incluso en el ingreso. Aunque estando en las mismas condiciones académicas y de competencias, los hombres siguen siendo mejor remunerados. Actualmente, las condiciones han cambiado y hoy son muchas las que ganan mucho más que ellos.

El objetivo en la vinculación de pareja es la felicidad. La mayoría de las parejas se valen del dinero para potenciar y condimentar esa felicidad. Juntos pueden elegir una manera de integrar la economía al amor, creando una administración solidaria en donde cada uno pague según el porcentaje de ingresos y festejen que lo importante no es quién gane el dinero sino cómo se usa para fortalecer el encuentro.

jueves, 20 de julio de 2017

TODOS QUEREMOS SER ESCUCHADOS

En la antigüedad, cuando alguien repetía un nombre dos veces seguidas significaba “te quiero decir algo importante” ponme atención.
En la actualidad, muchas veces, sentimos que no se nos pone la atención debida, cuando estamos hablando con alguien y anda viendo o haciendo algo;  y es que la mayoría de las veces se requiere del lenguaje corporal del otro, como el buscar el contacto ojo a ojo, una palabra, asintiendo, sonriendo o con gestos similares, para tener la certeza que nos están escuchando. Si bien, escuchar es un acto libre, voluntario y consciente, que tiene como propósito comprender e implicarse con el otro y que  no es lo mismo que oír, porque este es un acto involuntario. Se refiere a percibir sonidos, los cuales durante todo el día los estamos oyendo, como las alarmas, el claxon, los ladridos, los motores, etcétera.
Cuando nos sentimos escuchados experimentamos bienestar, y es que es un gozo saberse escuchado con atención y respeto. Todos queremos ser escuchados, sin embargo, el frenético ritmo de vida que llevamos nos dificulta la práctica de la escucha, y no sólo por razones externas, sino también por razones internas. No es fácil escuchar, pues hacerlo conlleva todo un proceso. No basta con saber hablar, hay que también saber escuchar, porque escuchar es ser validados, es un acto de amor, por lo cual es importante aprender a escuchar lo que dice el otro.
Muchas veces cuando alguien nos habla, lo interrumpimos e inmediatamente comenzamos a suponer lo que va a exponer y no permitimos que termine de explicar lo que quiere decir. No hay dialogo cuando queremos que prevalezca nuestra posición frente a la del otro. Muchas veces, escuchamos cuando  estamos tan metidos en nuestro propio ruido interno, (en nuestros pensamientos) y eso evita ponernos en contacto con el otro. Tampoco escuchan cuando no están interesadas en esta interrelación personal, es decir, que  si en una relación no te importa cómo se siente la otra persona, pues no habrá comunicación. Muchas veces armamos una historia que eventualmente no tiene nada que ver con lo que en realidad sucedió.
Se suele decir que la gente, en especial los hijos “no escuchan”, cuando se les dice que hacer, pero aquí cabría la posibilidad de analizar si lo que queremos es que nos escuchen o que nos obedezcan.
Definitivamente después de escuchar, se puede dar una opinión con amabilidad, pero eso no implica necesariamente que se seguirá el consejo. También se puede dar un abrazo o alguna señal que retroalimente la comunicación. A veces el silencio permite reflexionar sobre lo que la otra persona ha dicho, aunque pueda parecer incómodo.
Pero hay veces que ni a nosotros mismos nos escuchamos, lo cual significa que estamos pensando en voz alta, esto nos ayuda a  reflexionar, y es que cuando hablamos con el otro nos reconocemos, nos auto explicarnos, y  al momento de hacerlo nosotros mismo estamos dando una solución.

Platicar, dialogar con otros nos ayuda a humanizar nuestras relaciones y de entender que puede haber diferencias las cuales son comunes y positivas para llegar a un acuerdo.

martes, 20 de junio de 2017

¿a qué edad nos sentimos viejos?

En sociedades como la nuestra donde se exalta la juventud, llegar a los 60 es excluir a las personas de la actividad económica y social, ahora pareciera que la longevidad es sinónimo de decadencia, cuando antiguamente era sabiduría.
 Sin embargo, muchos jóvenes parecen haber sido siempre “viejos” –usando un toque peyorativo- pues se sienten arcaicos, prematuramente envejecidos no sólo en su aspecto físico sino en su estado anímico,  son personas entre los 40 y los 50 años completamente deterioradas que parecen ancianos. Unos gordos poco saludables, otros flacos cadavéricos, mal vestidos y abandonados en su apariencia.
Del otro lado, existen personas mayores de 60 años francamente envidiables, ágiles, en buena forma, elegantes e irradiando energía. Esto no significa que con los años, aún bien llevados no vengan algunas enfermedades y achaques. Es cierto, el cuerpo humano va sufriendo desgastes, llámeles por herencia, otros por circunstancias y accidentes, pero por supuesto que aquellos provocados son los que más pronto afloran, como el cigarro, el exceso de licor, la vida con estrés y la mala alimentación, entre otros.
A veces se critica a los “viejos” por sentirse jóvenes, “ya no están en edad de ponerse esa ropa, de salir a la calle, de bailar, de tener pareja, de, de, de, de,…”.
Y es que el concepto de vejez es tan relativo, afortunadamente, siempre hay seres extraordinarios que nos hacen ver que la vejez  no es sinónimo de decadencia, de vivir con problemas de articulaciones o bien estar  atados a un bastón o  silla de ruedas. Algunos ejemplos de ello está el ciclista francés Robert Marchand de 105 años de edad quien rompió record, demostrando  que a su edad se puede andar en bicicleta. Este hecho me recordó a Rosario Iglesias Rocha, mejor conocida como Doña Chayito, la atleta mexicana de 95 años; el Dr. Charles Eugster, suizo levantador de pesas a sus 93 años y vienen a mi mente los videos de mujeres octogenarias bailando o demostrando su elasticidad, como Tao Porchon-Lynch que a sus 98 años tiene una fuerza increíble y sus movimientos de Yoga lo demuestran, además baila increíblemente bien.
 Esto nos da un ejemplo de que llegar a ser un adulto mayor nada tiene que ver con estar encorvado o achacoso, ni con dolencias de articulaciones  o del uso del bastón o andadera. No existe la vejez, existe la edad interior, la que sentimos.
Es muy frecuente que las ideas que tenemos acerca de los ancianos sean erróneas, esto en parte se debe que reflejan creencias tan caducas y otras contradictorias, muchas de ellas basadas en ciertas concepciones filosóficas.  Eurípides decía “ AHORA QUE HE LLEGADO A LA VEJEZ, ¡COMO LA DETESTO¡”, en cambio Platón, predicaba “REPRESENTA UN GRAN PLACER CONVERSAR CON LAS PERSONAS DE EDAD. ELLAS HAN RECORRIDO EL CAMINO QUE TODOS DEBEMOS SEGUIR Y SABEN DÒNDE ÈSTE ES ÀSPERO Y DIFICIL Y DÒNDE ES LLANO Y FACIL “.
Jean Paul Sartre  dijo alguna vez, “Un viejo nunca se siente viejo. Mi vejez no es entonces algo que de por si me enseñe nada, como si lo hace la actitud de los demás con respecto a mí. La vejez es una realidad mía que no siento pero que otros perciben. Me ven y dicen: “ese viejo”. Y son amables porque pronto moriré: los otros son mi vejez”.
Envejecer puede ser algo hermoso si lo sabemos llevar, partiendo del entendimiento lógico del paso de los años y saber aceptarlo, preparase para ello física y mentalmente, saber llevar los años con dignidad, con optimismo e ilusión, pues no se trata de acumularlos sino de vivirlos. La vida es bella y hay que saberla vivir con acierto y dignidad. Hay tantas cosas que se pueden hacer, siempre y cuando se esté creciendo y aprendiendo, la edad no importa. Cuando las personas se detienen es cuando comienzan a ponerse viejos, el  ser útil nos hace sentir vivos.
La sociedad ve en los ancianos exclusivamente su comportamiento, su capacidad para relacionarse con las personas, con las cosas, pero no ve los afectos que revisten en su conducta. Los afectos es lo más valioso que el ser humano tiene. Podrán cambiar infinidad de situaciones pero al final de la vida lo que queda son los afectos. En los senescentes, los afectos son su riqueza y nadie se los podrá quitar.
Los ancianos  deben ser respetados en sus sentimientos y en sus afectos-El envejecimiento debe ser considerado una etapa de plenitud.                         

¿A qué edad se les debe hablar de sexualidad a los niños?

La sexualidad es el aspecto central del ser humano desde el nacimiento hasta su muerte; esta abarca el sexo, las identidades, los roles de género, los sentimientos, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. La sexualidad se vivencía y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos y creencias, actitudes, valores, conductas prácticas, papeles y relaciones interpersonales. Hablar de sexualidad implica al ser humano integral. Por lo cual, no se puede hablar de una sexualidad única, sino que existen tantas sexualidades como seres humanos en el mundo porque cada uno de nosotros posee una construcción individual de su sexualidad.
De esta forma, desde que nacen los infantes empiezan a recibir una educación sexual, que tiene que ver con el tipo de ropa que se les viste, el tipo de juguetes que reciben y hasta la manera en que se le habla, pero generalmente la pregunta va encaminada a cómo explicarles sobre la diferencia entre hombre y mujer, que son los besos, como nace un bebe, etcétera. Se puede charlar de sexualidad a partir de los 5 años,  pero todo a su nivel y de manera sencilla y directa. Uno de los mejores momentos es cuando ellos preguntan. Así que lo primero que debemos hacer es investigar que quiere saber sobre ese tema, ¿cuál es su idea?, ¿por qué lo cuestiona?, ya que ellos ya tienen formuladas algunas teorías sobre lo que están preguntando.
Cuando les hablamos a nuestros hijos sobre sexo, es importante adaptar la conversación a su edad. Si un pequeño de cinco años pregunta: “¿qué significa dar a luz?” podemos responder: “es cuando un bebé sale de la barriga de la mamá”. Si uno de diez años pregunta lo mismo, nuestra respuesta debe ser más detallada y podría comenzar así: “Después de que un bebé crece durante nueve meses en el útero de la mamá, sale por su vulva…”.
Brindar información adecuada a la edad les facilita a los niños entender que el sexo es una parte natural del ser humano y del desarrollo emocional. También hace que sea más sencillo hablar con ellos acerca de aspectos más complejos de la intimidad sexual a medida que crecen.
Cuando tu hijo esté en la escuela primaria, háblale acerca de los enamoramientos. Escucha cuando esté investigando acerca de los abrazos y besos, a muchos niños los besos les genera vergüenza quizás porque han formulado que después del beso nacerá un bebe.
Si tu hijo te hace preguntas, siempre respóndele con honestidad, no le ocultes la verdad. Si no sabes la respuesta, ambos pueden buscar en un libro o en internet. La honestidad siempre es la mejor política, eso le generará más confianza en ti. Habrá que evitar frases que lo descalifiquen o mitos sociales que lo confunden, por ejemplo: decir “Te lo diré cuando seas un poco mayor” o “La cigüeña trae a los bebes y vienen de Paris”.
 A veces da más pena a los adultos hablar al respecto que a los críos, ya sea, por prejuicios o mala información. Pero es que también están involucradas nuestras creencias sobre la vida, el amor, el noviazgo, el placer, el cuerpo, la masturbación, las relaciones sexuales, la amistad, la maternidad, la paternidad, tu propio yo, etcétera. Realiza un lista de tus creencias y pon una palomita a las que consideres positivas y un tache a las que puedan dañar a la sexualidad de tus hijos.
Esta educación hará la diferencia en ellos, por ejemplo, en algunas sociedades la llegada de la menstruación puede ser motivo de alegría, pensar que ya entra en el mundo de los adultos, poder ser madre, sentirse feliz y agradecida o bien como en nuestra sociedad donde se piensa que es algo horrible y vista como una enfermedad, cuando la madre le dice, “pobrecita ya empezaste con esa friega

En la sexualidad se ven involucrados los pensamientos religiosos, los sociales, la manera en que la sociedad te trata de acuerdo con tu sexo y la forma en cómo aprendiste a pensar, sentir y actuar como hombre o como mujer.  El no transmitir las creencias erróneas a nuestros hijos  ayudara a futuras generaciones a no tener ideas que no les ayuden a crecer.